Millón y medio de musulmanes encaran en España el final del Ramadán, por @CarlosPenedoC

La española, segunda nacionalidad, tras la marroquí, de los musulmanes residentes en España

Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Centro Cultural Islámico de Madrid (Fotos: PND)
Este lunes 28 de julio, con alguna posibilidad de que sea el martes, depende de la luna, musulmanes de todo el mundo celebran el Id al Fitr, la fiesta del fin del Ramadán.
¿Exótico? No tanto. En España reside millón y medio de musulmanes, y la española ya es la segunda nacionalidad tras la marroquí entre los fieles de esta religión en nuestro país. Durante los últimos 30 días han ayunado del alba al ocaso, un mes de recogimiento, oración, solidaridad y orgullo de pertenencia a su comunidad, una celebración alegre y hacia adentro. Porque a diferencia de otras ocasiones, la festividad este año no ha traspasado el ámbito religioso.
“Es el mes de Ramadán, en que fue revelado el Corán como dirección para los hombres y como prueba clara de la dirección y del criterio. Quien de vosotros esté presente ese mes, que ayune en él. Quien esté enfermo o de viaje, ayunará un número igual de días. Dios quiere hacéroslo fácil y no difícil (…). Comed y bebed hasta que, a la alborada, pueda distinguirse un hilo blanco de un hilo negro. Luego, observad un ayuno riguroso hasta la caída de la noche”. Palabra de Dios, fijada por escrito en la azora número dos del Corán.
Ramadán es el noveno mes del año lunar musulmán, se conmemora la revelación del libro sagrado al profeta Mahoma, allá por el siglo VII, e impone el ayuno diurno, que en España este 2014 se ha prolongado desde aproximadamente las 5 de la mañana a las 9 y media de la noche.
En español se utiliza Ramadán para referirse al ayuno, que es en realidad el precepto religioso, uno de los cinco pilares del Islam junto con la profesión de fe monoteísta, la oración, la peregrinación a La Meca y la ayuda a los necesitados.
Sami el Mushtawi, jefe del departamento de Cultura en el Centro Islámico de Madrid, localizado a orillas de la M-30, lo resume gráficamente para Estrella Digital: “el cuerpo manda más que el espíritu el resto del año, este mes el espíritu manda sobre el cuerpo”.
Entre las restricciones se incluye comer, beber, fumar o mantener relaciones sexuales y malos pensamientos, todo prohibido durante el día y permitido durante la noche, excepto los malos pensamientos.
El último informe demográfico del llamado Observatorio Andalusí, de la Unión de Comunidades Islámicas de España –UCIDE-, ofrece pistas sobre el origen y residencia de esta comunidad: 780.000 marroquíes concentran aproximadamente el 50% de los musulmanes residentes en España, primera nacionalidad que se corresponde con su peso entre los inmigrantes llegados a nuestro país en las últimas décadas.
Más sorprendente es que alrededor del 30% de los musulmanes de España son españoles, con el mismo DNI y pasaporte que el resto de sus compatriotas, en torno al medio millón de personas cuya procedencia, siguiendo el estudio de la UCIDE, procede en buena parte de los extranjeros nacionalizados tras años residiendo en el país –unos 150.000, la mitad desde 2008-, seguidos de los naturales de Ceuta y Melilla, más unos 20.000 musulmanes de origen español convertidos al Islam, a los que se suman los hijos de todos los anteriores.
Por su implantación geográfica, el asentamiento de los musulmanes es mayor en Levante y sureste del país, destacando en número las autonomías de Cataluña (465.000), Andalucía (275.000), Madrid (250.000) y Comunidad Valenciana (180.000), seguidas de Murcia (80.000), y en porcentaje las de Ceuta y Melilla, aproximadamente la mitad de su población; teniendo menor presencia en el cuadrante noroeste peninsular. Por provincia destacarían Barcelona y Madrid, seguidas de Murcia, y en porcentaje Ceuta y Melilla.
El Centro Cultural Islámico de Madrid, inaugurado en 1992 con financiación de la Liga Islámica, principalmente saudí, es el mayor de España y el que cuenta con más medios.
Desde el Centro se han repartido este año 60 toneladas de dátiles, además de libros, material religioso y otros alimentos, en su mayor parte donaciones, por comunidades islámicas de toda España.
La costumbre marca al caer la noche romper el ayuno con algo de leche o dátiles, luego rezar la oración del Mágrib y cenar después en casa o en la mezquita. El Centro ha preparado todos los días del Ramadán comida para más de 500 personas, que pueden cenar en sus instalaciones, y otros cientos para que los fieles puedan llevársela a casa.
Otra cara más modesta del Islam en España se puede encontrar en Majadahonda (zona oeste de Madrid, 70.000 habitantes), donde unas pocas decenas de musulmanes se autofinancian la llamada Asociación cultural Al Fátah, un pequeño local que utilizan de mezquita y donde se reúnen a rezar. Aquí se ve más directamente a las personas, el cansancio acumulado por 14 horas de ayuno, los 37 grados a mitad de la tarde de un día laborable de finales de julio, mayoría de marroquíes, muchos de ellos en paro. No reciben ayuda de ninguna embajada ni institución y tocan a 10 euros por cabeza y mes para pagarse el local. Hay niños corriendo.
La comunidad musulmana en España es buen ejemplo de integración, formada en su mayor parte por población inmigrante en su primera generación, que es la que hace el mayor esfuerzo de adaptación a la sociedad de acogida.
No abundan los estudios sociológicos sobre el Islam en España, y resulta significativo que el Gobierno de Rajoy acabó al tomar posesión hace dos años con una serie de encuestas realizadas de forma ininterrumpida entre 2005 y 2011 patrocinada por los ministerios de Trabajo, Justicia e Interior, un barómetro realizado por Metroscopia con la sana intención de calibrar valores, actitudes y opiniones de la comunidad musulmana de origen inmigrante en España.
La imagen que ofrece el último de los publicados es el de una comunidad muy integrada, un masivo 83% se considera adaptado a la vida y costumbres del país (y nueve de cada diez de los que residen desde hace más de cinco años) y un 67% declara sentirse claramente a gusto en España. La principal causa de insatisfacción es la falta de trabajo.
Vallas publicitarias en los alrededores del
Centro Cultural Islámico de Madrid.
Una de las principales conclusiones que ofrece la encuesta y la relación directa con ellos es que la religión constituye una importante seña de identidad, en bastantes casos equiparable a la identidad nacional, se consideran religiosos y practicantes en mayor proporción que el resto de los españoles con la religión católica.
En una escala de religiosidad de cero a diez (de nada religioso a muy religioso), la comunidad inmigrante de religión musulmana se sitúa en promedio en un 7,5, sustancialmente por encima del 4,6 con el que se define el conjunto de la población española.
Aquí es interesante matizar que Metroscopia recuerda que la declaración de religiosidad debe ser entendida como expresión de una seña de identidad cultural, más que como indicación de práctica religiosa efectiva. En este sentido, sólo la mitad de los musulmanes encuestados se define como “muy practicantes”, porcentaje similar a como la población española se definía hace tres décadas (hoy esta proporción ha bajado a la tercera parte).
En relación con la islamofobia, un 36% considera que existe una actitud de rechazo o recelo hacia los musulmanes, porcentaje que se considera positivo ya que es menor que el de otros países como Francia (43%) o estados Unidos (49%).
La sociología habla de un islamismo tolerante y abierto en España, que rechaza la violencia y acepta sin críticas un estado laico que no otorgue trato especial a ninguna religión. En este sentido, el 79% de los inmigrantes musulmanes considera que los islamistas radicales, pese a la atención mediática que se les dedica, constituyen en realidad solamente una minoría pequeña y fanática.
Preguntado sobre la reciente autoproclamación de un nuevo califa por parte del grupo extremista Estado Islámico en Irak, y la difusión propagandista de un mapa del supuesto Califato que abarca desde los Pirineos a la India- que ha sido generosamente difundido por medios y analistas occidentales-, Mushtawi habla de “gente desubicada”, que sitúa “al margen de la vida civilizada”, que no despierta el mínimo apoyo por parte del musulmán medio. “El Islam ha convivido durante siglos con otras culturas, el Islam es tolerancia, saber, conocimiento”, afirma, y añade que este grupo radical “no representan a nadie, sólo a sí mismos”.
El responsable de la mezquita de Madrid y los musulmanes de Majadahonda no trasladan problemas con su ayuntamiento o el Estado. Más reivindicativo se mostró el presidente de la UCIDE, Riay Tatary, en la reunión mantenida el 17 de julio con el ministro de Educación, José Ignacio Wert, en la que pidió que se ampliara la contratación de profesores de religión musulmana y recibió al menos buenas intenciones por parte del ministro. Actualmente hay 47 profesores de religión islámica en toda España financiados directamente por el Gobierno central y más de 3.000 de religión católica, aunque la cifra real en el segundo caso es mucho mayor. Tatary informó a Wert de que nueve de cada diez alumnos musulmanes en España carecen de clase de religión.
Indiferencia y desinterés se percibe hacia los musulmanes en este Ramadán 2014, y una visión hacia adentro por parte de los propios fieles.
A diferencia de otras ocasiones, sólo en Ceuta y Melilla se ha visto este año a responsables políticos en un acto simbólico como es compartir la ruptura del ayuno con un grupo de musulmanes, por el presidente de la ciudad autónoma en el primer caso, y por parte del ministro del Interior en un hotel de lujo en el segundo.
La actividad de Casa Árabe en Madrid se ha reducido a un concierto en Lavapiés, aunque en Córdoba ha organizado más actividades.
Los musulmanes residentes en España, españoles y extranjeros, sólo parecen despertar el interés público e institucional con asuntos relacionados con la seguridad. Entre crisis y extremismos, parecen malos tiempos para el diálogo. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

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