MIL, DOS MIL, TRES MIL..., por Javier Astasio



No descarto que unos y otros, casta y asociados, estén mareando la perdiz, mareándola, pobre, hasta el vómito, a la espera de que la sociedad que se despertó ilusionada el veinte de diciembre, se rinda y vuelva a optar por lo malo, pésimo, conocido, renunciando a lo buen o por conocer. A eso es, al menos, a lo que nos animan patronal y sindicatos, tan prestos ellos a defender, es sarcasmo, el estado de bienestar que, mal que bien, nos protegía, para caer en este estad de rapiña, en el que ellos siguen viviendo mejor que bien.
"Sed buenos y comeros esta bazofia", parecen decir, porque "si no, ni eso tendréis". Aceptar que nos gobiernen los de siempre, contritos y benditos por la troika y los mercados, se atreven a proponernos, como si pudiésemos olvidar que han sido ellos, por activa o por pasiva, los principales cómplices del saqueo. Es el mensaje que vuelve, el mensaje de la calma, la resignación y la paciencia, frente a la cruel austeridad que bruselas nos receta, como si no hubiésemos aprendido a palos que, de algunas manos ni siquiera el mendrugo de pan podemos esperar.
Menos mal que la justicia, lenta, aunque no siempre segura, hizo caso de la denuncia de una diputada de uno de esos partidos marginales a los que, como a Podemos, la "gente de orden" envía siempre que puede al gallinero de los parlamentos.Una diputada de Esquerda Unida en Valencia llevó al juez toda la documentación recopilada sobre los desfalcos y el saqueo que, desde la cúpula del PP valenciano se vienen llevando a cabo desde hace décadas en aquella comunidad.
El juez estudió e investigo los que se señalaba en aquella denuncia y ayer mismo ordenó veinticuatro arrestos, entre ellos el del inefable Alfonso Rus, el de la obscena cuenta de billetes, de mil en mil hasta los doce mil euros que canta en pesetas, un millón, dentro de un coche resultado de una de las múltiples comisiones de las que tan bien han vivido ellos y su partido. Ayer ese "mil, deu mil, tres mil, quatre mil..." sonó hasta la saciedad, colocando otra vez en su sitio a quien creía haberse ido "de rositas" otra vez.
Tampoco parece haberse ido de rositas quien parece la hermana gemela de Rus, Rita Barberá, la ex alcaldesa, gemela, prñacticamente, de Rus, con el que comparte zafiedad y, al parecer, escrúpulos, pese a que ella, de momento, ha quedado a cubierto del juez valenciano, atrincherada en el escaño del Senado, al que la envió su partido en cuanto se materializo "la hostia" que se había dado el PP en las pasadas autonómicas y municipales.
Y es que, no hay que olvidarlo, siempre que se descubre un escándalo de corrupción en sus filas, el PP, como recordaba ayer Rafael Hernando, su portavoz en el Congreso, toma medidas. Medidas tales como la compra del silencio de los implicados mediante despidos simulados y en diferido, como en el caso de Luis Bárcenas, o con el aforamiento de los personajes sujetos de corrupción a los que, como en esta ocasión a Rita Barberá manda al abrigo del Senado o al del Congreso como al ex conseller Gerardo Camps, implicado, al parecer, en el amaño fraudulento de un sobrecoste sistemático de cerca de mil millones de euros en la construcción de colegiso en la Comunidad Valenciana.U na importante fuente de financiación, gasolina para ganar elecciones en Valencia y en el resto de España
Sí, el PP toma medidas y, si pudiese, haría cirugía preventiva, pero no para extirpar todos esos tumores, ya demasiados que se desatan en su seno, no. Su cirugía preventiva consistoría en extirpar los ojos de quienes no están dispuestos a tragar con sus corruptelas como han tragado hace poca más de un mes más de siete millones de españoles ciegos o inmorales. Pero ya es tarde, porque aunque puedan sacarnos los ojos o rompernos los oídos, en la cabeza de todos está ya  y para siempre el eco do la obscena cuenta: "mil, dos mil, trres mil, cuatro mil..."

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