Miguel Poveda intima con su público en Girona, por Míriam Martín (@MiriMartin_)

L’Auditori-Palau de Congressos acogió la actuación enmarcada en el V Ciclo Catalunya Arte Flamenco. La presente edición del festival vuelve a contar con un cartel de lujo. Figuras de la talla del recientemente desaparecido Juan Moneo ‘El Torta’ contribuyen a la misión de los promotores: impulsar la cultura flamenca por una tierra inevitable e indudablemente ligada a este arte universal.

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A las 21:15 horas del sábado 18 de enero Miguel Poveda irrumpió sobre el escenario de una Sala Xavier Montsalvatge en la que niños, jóvenes y mayores aguardaban con inquietud. Elegantemente ataviado, le bastaron una mirada decidida y un paso al frente para desatar la más absoluta euforia ya desde el minuto cero. Con su sola presencia, provocó una tormenta de aplausos y vítores que persistiría durante las dos horas de recital. El público, desfogado, abrazó con vehemencia el arte flamenco de este melómano catalán. Torbellino de pasión y entrega que se tornó en huracán y que acabó sacudiendo las almas de los 800 asistentes.

El artista se presentó en Girona con una propuesta de lo más exquisita y con un acompañamiento de excepción: Jesús Guerrero a la guitarra y Joan Albert Amargós al piano. Petit gran comité, compenetración de talentos pasmosa con la que el trío de ases armonizó una velada íntima, conmovedora e inolvidable. Ocasión perfecta para saldar una especie de deuda pendiente con una ciudad en la que, como comentó el propio cantaor, llevaba mucho tiempo sin actuar. No es de extrañar, pues, que se le esperara con ansias infinitas de cante y copla, esa conjunción con la que Poveda arriesga, ese estilo con el que Miguel conquista. Bordó lo que quién sabe si también será recordado como uno de sus conciertos con más “olés” por minuto.

 

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Foto: Portal 3/24.cat

 

Como el orden de los factores no altera el producto, comenzó por lo que en otro tipo de formatos acostumbra a ser el final. Con cuatro poemas musicados los allí presenten iniciaron un bello paseo por las nubes guiados por una «estrella de plata» que mucho reluce. Cuatro interpretaciones sublimes de sugestivos y hermosos versos de Miguel Hernández, Federico García Lorca, Ángel González y Maria Mercè Marçal. Una forma de compartir su afición por la lírica y una manera de agradecerle a la vida el hecho de haberle regalado dos lenguas para expresarse mejor, para emocionar más si cabe. Con altura de miras y sin prejuicios, parte de la clave de su éxito.

Miguel Poveda cantó «para la libertad» desprendiéndose literalmente de todo. Puso toda el alma en el asador, se entregó sin miramientos. Intérprete ígneo donde los haya, aseguró que donde pone la vida, pone el fuego. Torrente desbordado de sentimientos que suplicó al amor de sus entrañas que llenara de palabras su locura. Alguien que «admira el alma de los poetas, la vida del marinero, el aire de las veletas y el temple de los mineros». Genuinamente Poveda.

Cambio de rumbo para transitar por algunos de los senderos del flamenco. Arranque por alegrías típicamente gaditanas, seguidas de unas disparatadas bulerías. Éxtasis en el patio de butacas y sobre las tablas, un cantaor desbocado que no cesaba de emitir quejidos con los que directamente sobrecogía al personal. A continuación, sublimes malagueñas rematadas por abandolaos y con un Jesús Guerrero portentoso a reventar. Alguien le preguntó a Miguel por Chicuelo, quien se encontraba atendiendo otros compromisos profesionales. A falta de pan, buenísimas fueron las tortas. Encantado el público, que también le aclamó durante toda la noche, y encantado el anfitrión, que celebró contar con el excelente acompañamiento del virtuoso “niño” de San Fernando.

Más flamenco para todos aquellos aficionados (los de aquí, los de allí, los de ayer y los de hoy) y para todos los gustos. Preciosos tientos empalmados con unos benditos tangos. Tímido bailecito de un Poveda que no se pudo o no se quiso contener. Giro impactante al ejecutar unas seguiriyas que impusieron en la sala un silencio prácticamente sepulcral. Inquirían a la vida, lloraban a la muerte… Desgarre correspondido con una sonora y reconfortante ovación para el fatigado cantaor. Le sobraría aliento para rendir tributo a Lole y Manuel, para teñir nuevamente de color el ambiente.

Faltaban la tanda de coplas y, por supuesto, los ‘Tres Puñales’, que fueron solicitados desde un buen comienzo. El maestro Amargós interpretó antes ‘La niña del Albaicín’ y acaparó otra lluvia de merecidos aplausos como genio y artífice, precisamente, del disco ‘Coplas del Querer’. Reapareció Poveda nuevamente envuelto en americana y luciendo corbata. Se llevó los últimos piropos de la noche, a los cuales respondió con modestia. Aprovechó entonces para agradecer la impresionante acogida del público gerundense. Y bromeó diciendo que, al final, se va a creer que es Sinatra… Clase y voz no faltan, desde luego.

‘Vente Conmigo’ propuso antes de homenajear a la legendaria Carmen Amaya en su tierra y con ‘La Senda del Viento’. Bella improvisación de los ‘Tientos del cariño’ que le llevó a confesar estar queriendo ‘A ciegas’ y a reconocer, finalmente, ‘Y sin embargo, te quiero’. Y otra mención muy especial al colosal Enrique Morente. Venía de «brindar por él» la noche anterior en Madrid y no quiso despedirse de Girona sin exaltar el esplendor de ‘La aurora de Nueva York’. Público nuevamente en pie y exigiendo más Poveda, más grandeza. Bises con Guerrero, despacito y al compás. ‘La Ruiseñora’ y los ‘Tres Puñales’, ahora sí. Intervención de Amargós para sentenciar con ‘Fuerza extraña’.

 

 

Miguel confesó que una fuerza le lleva a cantar, que la nota en el aire… Sea como sea, y como diría el gran Manolo Escobar, «le canta a lo sencillo, le canta a lo sincero / al que siente como un niño, al cariño verdadero». De ahí el éxito también en Girona, cuyo auditorio respondía con ímpetu al quedarse maravillado. «El cariño no se inventa», surge a partir de actuaciones como la de anoche.

Casualmente, a la salida diluviaba. La erupción provocada por el volcánico Miguel Poveda, no hay aguacero que la apague.

 

 

 

*Texto: Míriam Martín, @MiriMartin_

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