Miguel Ángel, el chico con la cara de bueno, por Alberto Calero (@acaleroj)

He abierto los ojos antes de lo habitual. Quizá haya sido porque en mis sueños he vuelto a ver el horror. He recordado aquel día en el que me eché a la cama con miedo y mi cabeza intentaba comprender qué estaba pasando. Tenía 11 años y todavía era complicado darse cuenta. Lo único que sabía es que un joven con cara de bueno había sido secuestrado y asesinado. Me acosté temblando después de dos días viendo en la televisión las imágenes de la barbarie. ETA había matado a un concejal de Ermua después de plantear un chantaje al Estado. Era un ultimátum que poco después empecé a entender. España salió a la calle en repulsa por la muerte de aquel chaval llamado Miguel Ángel Blanco, antes lo hizo para exigir su libertad. No olvido la cara de bonachón de aquel padre ni la de la madre desgarrada por el dolor. Recuerdo a esa hermana rubia con grandes gafas de pasta. Y me acuerdo de ella ante los micrófonos diciendo aquel sobrecogedor “te esperamos Mikel“.

Su hermana Mari Mar lo recordaba como un hombre nervioso, activo, tenaz y responsable. Leo que siempre le salía la sonrisa desde el corazón. Tenía sentido del humor y era un amante de la música. Era hijo de padres humildes que un día dejaron Galicia para trabajar. Ellos le decían que estudiara y que aquello de tocar en una orquesta solo podía ser un hobby. Se formó pero no olvidó su pasión y por fin un día pudo comprarse una batería. Adoraba a los Héroes del Silencio. El sonido de este grupo también sonaba en 1997 en mi casa. Hoy oigo a mis paisanos porque defiendo algunas de sus letras. Como premonición de la soledad que Miguel Ángel tuvo que vivir en sus últimas horas leo aquella estrofa de “Maldito duende” que dice:

“amanece tan pronto y yo estoy tan solo, y no me arrepiento de lo de ayer. Si las estrellas te iluminan y te sirve de guía, te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar”

Hoy, dieciséis años después, he vuelto a ver las manos blancas. He vuelto a recordar a aquel chico que parecía curioso. Quizá hoy no he dormido porque sigo sin poder entender cómo pudieron ser aquellas horas solo. No puedo ponerme en el papel. Creo que he vuelto a sentir el miedo que aquellos días de julio de 1997 me impedía descansar. Su familia no lo podrá olvidar y los demás tampoco. Todos recordamos a Miguel Ángel, el chico con la cara de bueno.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*