Mentirosos repulsivos, por Javier Astasio

 
 
El de ayer volvió a ser un mal día para el Gobierno. Y todo porque la agencia Eurostat, la que se encarga de revisar y dar por buenas, o no, las estadísticas y las cuentas de los distintos países de la Unión, optó por esto último y obligó al señor Montoro a rectificar sus cuentas, incluyendo en el déficit de 2012 el dinero que debería haber devuelto a los contribuyentes con derecho a ello en los últimos meses del año y que no giró hasta el mes de enero, una vez cerrado el ejercicio.
Mal asunto este de maquillar las cifras y peor, si, además, te "pillan" la trampa, como así ha ocurrido.
De polvos como estos, vinieron los barros del rescate a Grecia, que allí si se llamó rescate, no como aquí, a pesar de que sus consecuencias no fueron muy distintas a las que padecemos en España. Allí, como aquí también hubo despidos masivos, recortes, pensiones a la baja, fuga de capitales, cierre de comercios y empresas, emigración de los mejor preparados, contenedores de basura como despensa de quienes ya no ocultan la vergüenza de su pobreza, desahucios y suicidios. Lo que no sé si ocurre en Grecia, aunque aquí, al menos, no se habla de ello es que también se haya desplomado el precio de la verdad, de lo que es evidente y sistemáticamente se nos niega.
Nada se nombra ya como antes. Lo que hacen o dejan de hacer, duele igual, se sufre lo mismo, abate como siempre, pero nunca lo llaman como antes. Es el signo de los tiempos y, en eso, el gobierno que, consciente o inconscientemente, nos dieron la mayoría de los españoles que votaron en las últimas elecciones, hay que reconocerlo, es un adelantado. A estas alturas parece evidente que, por tradición en el partido, que veinte años es mucho, y, por el pasado de algunos ministros, De Guindos, por ejemplo, en la economía especulativa, son expertos en eso que, también eufemísticamente, hemos dado en llamar "ingeniería financiera" y que no es otra cosa que el arte de quitar de aquí, esconder allá y camuflar siempre, para convertir en beneficio lo que, a todas, luces son pérdidas o todo lo contrario, si así conviene.
Con el mismo descaro, el mismo aplomo y la misma nocturnidad con que en Castilla La Mancha decidieron dejar a veinte de lo que en tiempos, so sé si ahora, conocíamos como partidos judiciales sin médico después de las ocho de la noche, negando que tal cosa fuese dejarles sin asistencia nocturna, con el mismo descaro -insisto- donde se dijo digo, se dice ahora Diego y se rectifica una decisión tomada a la ligera, haciendo números en un papel, sin tener en cuenta que, con ella, estaban poniendo en pie de guerra a comarcas enteras. Y me pregunto por qué, si hace meses ese servicio era ruinoso, cómo es que ahora ha dejado de serlo ¿quizá porque se ha tenido en cuenta el que debiera ser fin primordial de la política y que no es otro que el bien común?
Ingeniería financiera y también ingeniería jurídica, esa con la que nos amenazó el ministro Gallardón para retorcer la ley, saltándose a la torera la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que puso en evidencia la llamada "Doctrina Parot" que inauguró una nueva manera de contabilizar las condenas, para evitar la puesta en libertad de algunos etarras. Habrá quien piense que tal cosa sería lícita, pero, si la ley debe ser igual para todos y el principio de seguridad jurídica debe prevalecer en las hipotecas, beneficiando a los bancos, también debería prevalecer para los ciudadanos de a pie, sean o no etarras, y mucho más, una vez corregida la ley que dio pie a esas escandalosas, pero legales, puestas en libertad.
Un caso, el anterior, que deja muy claro que lo que le importa al gobierno es contentar y no asustar a su electorado, pese a que es evidente que lleva más de un año haciéndolo. Y, todo, porque abusan de otra ingeniería, la semántica, que les lleva a buscar, cual Indiana Jones en busca de la palabra perdida, sinónimos que no lo son, palabras de significado ambiguo y arcanos que oculten todas y cada una de las cagadas que van dejando en su camino. No hay más que detenerse y tratar de entender qué quiso decir la ministra de No Trabajo -ni lo crea ni parece hacerlo en su despacho- cuando leyó el lunes su interpretación de las cifras del paro, la incidencia en el de los eres, y sobre todo la incidencia de la Reforma Laboral que lleva su firma, pese que tiene más de Arturo Fernández, Díaz Ferrán y toda la caterva de la CEOE que de un gobierno que debiera ser de todos. Y es que lo de Fátima Báñez no es el mismo jardín que el de la torpe de María Dolores de Cospedal , pero, en otro estilo -Báñez leía, no improvisaba y, como de costumbre, no admitió preguntas- pero se le parece mucho.
Todos, subrayo, todos son unos mentirosos repulsivos. Y el que más, el presidente mudo que sólo vale para cantar goles, rebuscar herencias en el pasado y prometer paraísos futuros, sin olvidar a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que, con su carita de buena y sus congojas en la garganta, se presta a los trabajos más sucios, prestando su voz a las canalladas que pare el gobierno cada viernes y a los rifirrafes del Congreso todos los miércoles,
En fin, mentirosos repulsivos que, aunque a veces lo dudo, algún día pagarán sus mentiras, como pagaron esa gran mentira que repiten una y otra vez desde hace diez años y diecisiete días y que, al parecer, nació de esta frase atribuida al implacable Pedro Arriola: "Si ha sido ETA, arrasamos".
 
 
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