Memorias de una becaria 1/365, por Lola Hierro (@NabiaOrebia)

Ser periodista te da la oportunidad de hacer cosas, ir a sitios y conocer personas a las que de otra manera nunca tendrías acceso. La mayoría de las veces son experiencias muy positivas, y alguna que otra vez te toca comerte un buen marrón. De eso voy a hablar durante todo el año 2013.  Mi momento “amo esta profesión” de hoy ha ocurrido al comienzo del día: he tenido ocasión de escudriñar los rincones de Lhardy, un restaurante con 174 años de historia (¡y qué historia!) al que Azorín dedicó un capitulo entero en su libro Madrid. Es de los más típicos de la villa y también de los más elegantes. He visto de cerca su vajilla y cubertería de plata o el antiquísimo papel pintado chino del salón oriental, del que en la propia China solo guardan algunos trocitos en museos. ¡Y en Lhardy hay una sala entera forrada con él! Lo más importante: he tenido el gusto de probar el laureado consomé que preparan allí. Ni insípido ni grasiento, de textura perfecta, sin el más mínimo tropezón. Fabuloso.

Ahí dentro guardan el consomé. Guau! Miau! Arf!

Ahí dentro guardan el consomé. Guau! Miau! Arf!

 

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