Medicalización de la vida cotidiana, por María Miret (@periodistia)

La vida está en la calle

El pasado mes de septiembre asistía al curso "Medicalización de la vida cotidiana" en la Escuela de Salud Pública de Llazaret de Maó, en Menorca. Era la única periodista junto a casi una veintena de profesionales sanitarios: una fisioterapeuta, una enfermera y la mayoría, médicos. Un alumnado “un poco frickie”, como aseguraba Enrique Gavilán, director del curso junto a la farmacéutica Olga Ortiz. Reconoce que echó de menos la presencia de sociólogos, antropólogos o filósofos ya que durante 3 días, hablamos de medicina desde un punto de vista filosófico.

¿Ser o tener? Hablamos también de etiquetas, porque no es lo mismo tener un problema que serlo. ¿Vivir con salud o vivir la salud? Este debate ya lo lancé yo hace tiempo en twitter y levantó muchas ampollas en la red. Puedes tener o no una enfermedad (y tienes que vivir con ella, con salud o con enfermedad) y más allá de padecerla, puedes vivir LA salud, es decir, con hábitos saludables, independientemente de que vivas con salud o con enfermedad.

Yo hablaría de responsabilidad en ambos sentidos: de los médicos que recetan ansiolíticos en lugar del programa de Reducción de Estrés en 8 semanas basado en Conciencia Plena, por ejemplo; y del paciente que prefiere el “pastillazo” antes que hacer un buen proceso de duelo, acompañado o no por un psicólogo en terapia, por poner otro ejemplo. De ello hablo en el artículo que me ha publicado la revista El Emotional sobre esta "Medicalización de la vida cotidiana".

Un curso en el que hablamos también de cientifismo y de la arrogancia cientifista, esa que sostiene que “l@s no científicos son l@s otr@s”. En un mundo en el que “hay una demanda creciente por las alternativas naturales”, como reconoce Enrique Gavilán, “lo natural no siempre es la alternativa a la medicalización, porque también puede restar autonomía al paciente”. Por ejemplo, “tratar los resfriados con homeopatía tampoco es desmedicalizar”, alertaba el docente.

El curso terminaba con una idea que merece la pena recordar y que rescato ahora: “la vida está en la calle”.

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