ME APUNTO A LA CERVEZA, por Javier Astasio


Me gustan las campañas electorales porque en ellas los partidos, especialmente los de la derecha, se esfuerzan parecer lo que no son y, sobre todo, porque se gastan mucho dinero en contratar agencias de publicidad que, como mucho, les venden remedos de otras campañas publicitarias de éxito, aunque con mucha menos gracia y, sobre todo, con las huellas digitales del "pagano" que acaba metiendo la cuchara, subrayando lo obvio, colando sus fantasmas y sus estereotipos en el "anuncio" y cagándolo todo, como diría un castizo.
Para su vídeo de eso que hipócritamente llamamos "precampaña", Ciudadanos se ha metido en un bar que pretende ser el reflejo de la sociedad española, con una Loles esforzada madre de familia, no se sabe si ejecutiva o secretaria, que no puede conciliar trabajo y vida familiar, un camarero-propietario, algo padre y algo filósofo, un parado con cara de George Clooney que no encuentra trabajo aunque se esfuerza, no porque los gestores de la economía hayan priorizado la salvación del capital financiero y las grandes empresas frente a la salvación de las personas, los verdaderos ciudadanos, sino porque no tiene suerte. Por eso, porque no tiene suerte, ese padre protector, ese confesor que siempre hay al otro lado de la barra, el que vela por sus clientes y, si hace falta, les regala un décimo del gordo premiado, le aplaza el importe del café hasta que las cosas le vayan bien.
En tanto, mientras vamos conociendo a estos clientes de guardarropía, otro personaje, menos creíble aún que los demás, empeñado en el cerebrín de los autores en parecerse a Pablo Iglesias, con coleta y todo, va de la tragaperras al móvil y del móvil a las tragaperras, ajeno a las tragedias y problemas que desfilan a su alrededor. Y en eso, aparece Mariano Rajoy en esa tele perenemente encendida que hay en toso los bares, para anunciar la "repetición" de las elecciones. Y, claro, eso desata las iras de los presentes contra los políticos que han estado perdiendo el tiempo, especialmente contra Mariano Rajoy "que no ha hecho nada en estos cuatro meses". Otra vez a gastar dinero.
Es entonces cuando el buen padre-tabernero abre el memorial de afrentas, citando la corrupción y el latrocinio generalizado y, oh sorpresa, Pablo "Rocky" Iglesias parece salir de su mundo para gritar sin convicción su "el poder para la gente", un recurso de mal guionista que sólo sirve para que, una vez más el tabernero apostille que "será para su gente" y que "a ver si hay suerte", otra vez la suerte como solución, y enchufan a éste, el parado Clooney, como hacen con todos ellos. Y, en estas, llega al bar un repartidor que, sin más, la emprende con "Rocky" preguntando si está levantando España, a lo que un segundo camarero apostilla que ese sólo levanta el móvil.
Y entonces, anacronismo donde los haya, aparece "él" en la tele, Albert Rivera en estado puro, en uno de sus mejores momentos parlamentarios, para que un cliente hasta entonces silencioso, con pinta de prejubilado y la lección bien aprendida, inicie su canto, la oda a los sufridos españoles que levantan el país una y otra vez cuando se hunde, repasando las virtudes de todos los presentes, a los que anima diciendo que ha llegado el momento de "creer en nosotros mismos" y en este país, "para cambiarlo", aquí hace una pausa valorativa, una paradinha, y añade, para que nadie le confunda con Rocky y los suyos, "cambiarlo para mejor, claro". Y a continuación el chute de chauvinismo: "Este país lo tiene todo para ser uno de los mejores del mundo, lo único que necesitamos, añade, es que los políticos no nos lo pongan más difícil y, sobre todo, señalando al Rivera de la tele, que sean humildes"
Es entonces cuando el "jubilata" suelta su cuña y nos aclara que va a votar a Rivera, no a  Ciudadanos, sino a él, a Albert Rivera, que sigue contando su cuento en la tele, y, ahí, la pantalla se tiñe de naranja como una ventana al futuro, un futuro que suponemos para todos, menos para Pablo "Rocky" Iglesias que, en medio de tanta emoción, apurando su cerveza pide otra y que se la apunten, lo que sirve a tan brillantes guionistas para hacer un chiste, tan malo como obvio, poniendo en labios del tabernero un "tú siempre con la misma coletilla" .
Pues, que lo sepáis, yo me apunto a las cervezas, a las de Pablo Iglesias y Alberto Garzón, que, por fin, parece que, lo dicen las encuestas, están poniendo en movimiento a la izquierda de este país. Y eso no puede ser malo,

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