Mayte Carrasco: "Estamos contando mal las guerras", por @academia_tv

Entrevista Academiatv Mayte Carrasco Mayte Carrasco se hizo reportera de guerra en Georgia y, desde que se adentró en las zonas tomadas por los rusos en 2008, ha vivido el cambio de la historia en Afganistán, Mali y Libia. Ha presenciado la “Guerra sucia” del Kremlim en el Cáucaso, la llegada de Al-Qaeda al Desierto del Sahel, la revolución egipcia que derrotó a Mubarak y, lloró muchos días, a la vuelta de su último viaje a Siria, por los niños muertos por la población gaseada y por la rabia contra un mundo incapaz de acabar con una de las mayores masacres de la población civil de la historia. Fue secuestrada y es amenazada, pero no para de repetir que las bombas de régimen de Bashar Al-Asad han matado a doscientos mil civiles. Mayte Carrasco se siente en peligro de extinción por su doble condición de reportera de guerra y de freelance. Dice que las guerras son caras y que la mayoría de las cadenas apuesta por productos de rápido consumo y rentabilidad. Ella se escapó de una redacción para contar lo que pasaba en las zonas calientes del mundo. Y lo hace en francés, inglés, español e, incluso, en ruso, si es necesario. Desde Reporteros Sin Fronteras, denuncia la rebaja de tarifas que sufren y reclama más medios para los enviados especiales, porque no se pueden hacer “guerras low cost”, sin dinero ni para chalecos antibalas. Escribe informes para organismos oficiales, como el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), da conferencias, clases y acaba de publicar su segunda novela, Espérame en el cielo. Acaba de terminar un curso en París sobre los retos de los medios de comunicación, donde ha vuelto a denunciar que “estamos desinformados”, porque “saturamos al espectador sin explicarle las causas de los conflictos”. ¿Por qué estamos contando mal las guerras? Las guerras cada vez son más complicadas. Antes eran guerras entre Rusia y Georgia, dos ejércitos enfrentados. Ahora en la guerra de Afganistán hay más de 40 países dentro de la OTAN, además de los quince grupos de la insurgencia que reducimos bajo el término ‘talibán’, sin explicárselo al espectador. Y, sin embargo, hay programas como En Portada, que tienen muchísima audiencia, porque la gente se interesa cuando se le cuentan bien las cosas, ¡no de forma sensacionalista a través de un periodista que está esquivando balas! (imita la pose del reportero exhibicionista), haciendo el circo-show-del-espectáculo. Así, la gente no entiende nada, porque la noticia no es él o ella, sino lo que está pasando detrás, y eso es lo primero que estamos haciendo mal. Estamos contando mal las guerras, cuando son cada vez más complicadas. Pero ¿qué pasa? Pues que hay crisis, y una falsa leyenda de que a la gente no le interesa la información internacional. Yo creo que detrás de todo eso, también hay un desinterés de los directivos por querer que la gente esté bien informada, y apuestan por otros contenidos que les salen más baratos, no requieren enviar un equipo a una guerra, ni pagar los seguros… Después de tanto conflicto, te serviría de bálsamo el Premio Iris y el cariño de los académicos ¿no? Sí. Pero no es el único premio que he recibido. El Club Internacional de Prensa me concedió, en 2012, el Premio a la Mejor Enviada Especial. Y me hizo especial ilusión que me lo entregara Letizia, ya Reina de España, que me encanta, me parece maravillosa. Me gusta que haya una persona ahí que haya trabajado y sepa lo difícil que es mantenerse en el mundo laboral. Y que sepa darle (a Felipe VI) buenos consejos, por ejemplo, me parecieron maravillosas las referencias literarias que hizo en su discurso de la Coronación, porque el público español está muy desacostumbrado a eso. Y además creo que reivindicó una cosa básica, que es la neutralidad de la Jefatura del Estado, muy necesaria en España. Yo me identifico con ellos, porque no les daban paso, como a nuestra generación, que tampoco nos dan oportunidades. Y de repente les han dicho ¡romped la barrera! (risas). He visto una de tus crónicas en el Sahel minado por el narco, rodeada de personajes, como poco, inquietantes. ¿Cómo consigues mantener el tipo en esas situaciones? Todo ha sido un camino. Primero hice un Erasmus en Francia y un máster a Inglaterra. Aprendí varias lenguas. Luego trabajé muchos años con Telecinco, en Almería y Barcelona. Cubrí para esta cadena la historia de la inmigración en El Ejido, hice reporterismo de actualidad en Barcelona. Pasé por Euronews, en París… Hasta que llegó la primera guerra, Georgia, siendo corresponsal de Telecinco en Moscú, y pensé que eso era periodismo en estado puro. Dicen que somos los primeros cronistas de la Historia, y ese momento de Georgia representaba el cambio de un país. Otra cosa importante es que no tenía miedo. Creo que cualquier reportero de guerra ha pensado cómo se sentiría al oír el silbido de una bala o bajo la amenaza de un kalashnikov. Yo filmaba, editaba la pieza para enviarla a Telecinco y me ponía delante de la cámara para hacer el directo, y no tenía miedo y pensé que a lo mejor eso era lo mío. ¿Cómo haces el guión de tu vida? ¿Cuál es la siguiente etapa? Tengo planificada la semana que viene. Saber más es imposible. ¿Pero cuando decides que vas a cubrir una guerra, al menos, tienes que negociar con los medios y eso requiere tiempo? Siempre he tenido como buen aliado a Telecinco. Soy una autónoma que trabaja regularmente con esta cadena y nos respetamos mutuamente. Es la televisión que te permite hacer el trabajo riguroso, comprometido en el centro del conflicto… Telecinco siempre me ha dado oportunidades, siempre me ha comprado esos temas, aunque estuvieran lejos, porque a lo mejor le doy un toque más humano, intento reportajearlo, explicarlo. Sí, en estos momentos yo soy la única reportera española que está haciendo eso, porque no hay hueco. Yo creo que me lo he ganado por histórica en Telecinco, porque llevo quince años con ellos. La gente de Informativos me ha visto trabajar desde abajo y creo que ellos respetan mucho eso, que no soy una persona que ha aparecido de la nada. Eso es un valor para mí, es algo que les digo a los estudiantes: “No os vayáis a la guerra el día que salgáis de la facultad, esto es un camino muy largo, es una carrera de fondo, y tenéis que tener una experiencia periodística previa para comprender lo que es la ética, la deontología, comprender cómo funciona la producción, ¡los vuelos!, los visados, antes de llegar a un sitio, donde todos tus ojos están en la bomba o en la bala. Hace falta bagaje y experiencia para cubrir una guerra. ¿Es difícil mantenerse como freelance? A mí lo de ser freelance me gusta, porque yo elijo hacer muchas cosas en mi vida. Soy externa, pero puedo escribir novelas, ser profesora, dar conferencias, viajar. En una época di clases de training a embajadores franceses, es decir, puedo hacer un millón de cosas, que me enriquecen más. Pero, además, no se puede cubrir la información internacional con las agencias de prensa, ahí sentados viendo las imágenes de AP, eso es un crimen. La gente de Internacional de las cadenas tiene que ver otros países, viajar, esa es nuestra misión, ir y hablar con la gente. Si no, que pongan imágenes, colas, y que hable el presentador, ¡que ya lo están haciendo! Poca gente puede decir que ha cubierto las principales guerras contemporáneas… El primer conflicto fue Georgia. En aquellos pueblos pequeñitos vi los primeros cadáveres de mi vida. Y presencié un cambio en la mentalidad de la política exterior ‘putiniana’, que ha tenido continuidad. Y para mí fue un cambio de mentalidad en ese Putin, que había estado de acuerdo con Bush y que, de repente, giró las tornas y dijo ‘hoy voy a plantar cara a Europa, a EE UU, y a ver quién me para’, y en esas seguimos. Esa es la imagen que me quedo de Georgia. Presenciar los tanques rusos parados allí y poder transmitir esa imagen fue maravilloso, periodísticamente hablando, me llenó mucho y me enseñó que la guerra es un lugar difícil y que hay que andar con pies de plomo, en aquel entonces siempre iba con compañeros que sabían más que yo, me metía en caravana con amigos franceses de Paris Match, de France Press, porque, bueno, eso de ir sola, sola, es una idiotez ¡eh! Últimamente sólo lo he hecho por necesidad, crucé de forma clandestina la frontera de Siria con unos traficantes.  ¡Menuda compañía! En mitad del camino pararon y se hicieron una foto conmigo (risa), delante de los faros del coche. Debían pensar ¡hay que inmortalizar a esta loca! Pero normalmente no vas sola… No, no, los freelance, que casi somos ya mayoría en esas zonas, nos juntamos entre nosotros para ayudarnos, para estar juntos. Si podemos viajar juntos dos o tres, siempre ayuda y baja los gastos, porque compartimos coche, que es muy caro en una guerra, son cien euros al día. ¡Las guerras son muy caras, muy caras! Después informaste del conflicto en Afganistán Afganistán fue mi segunda guerra, y allí había muchos medios internacionales, pero los españoles brillaban por su ausencia permanente. No había corresponsales. Y, fíjate, desde entonces Telecinco, me ha dado la oportunidad, siempre me ha comprado esos temas, aunque estuviera lejos y aunque no fueran de gran público. Cuando aposté por Mali, una vez más, Telecinco me compró cuando nadie quería. Y luego llegaron las revoluciones árabes, empecé en Egipto, después Libia, varias veces Siria… ¿Siria te obsesiona? Siria es un país que me ha consumido emocionalmente, porque es muy injusto lo que está ocurriendo allí, está sufriendo mucha gente, es la catástrofe humanitaria más grande de este siglo, en la que han muerto, al menos, 200.000 personas, hay miles de refugiados que no pueden volver a su país porque caen bombas del cielo y hay un señor, que se llama Bashar al-Asad que está masacrando. Y a la Humanidad no le importa que se gasee a la población, un crimen que no se ha visto desde la II Guerra Mundial, desde el Holocausto de los judíos. Seguiré trabajando por Siria, por ejemplo los beneficios de mi libro Espérame en el cielo irán para los campos de refugiados, pero necesito hacer otras cosas porque Siria absorbe. Yo lloré mucho cuando regresé de Siria. ¡Cómo puedes ver la muerte de ocho niños en un día! Por eso tuve la necesidad de volver, porque lo que te crea adicción es el agradecimiento de la gente, lo que me llena es que me digan ‘gracias por contarlo’ o contar cosas de un dictador que no quieren divulgar. El periodista está ahí para eso. Y ahora ¿por qué has decidido investigar en Venezuela? Porque hay una cosa que observo a nivel internacional que es una especie de impulso que viene del pueblo. Y no sólo lo observo en las revoluciones árabes, sino en la juventud de muchas partes del mundo, también la europea. Es como una especie de búsqueda de que algo cambie en el sistema. Yo creo que la democracia está enferma, necesita que busquemos un nuevo paradigma más allá de la izquierda y la derecha y nuevas fórmulas políticas. América es un escenario de futuro y creo que vamos a ver, dentro de dos o tres años, muchísimo cambios, con un efecto dominó en países como Cuba, Bolivia, en países donde hay gente que necesita emprender y, sobre todo, acabar con la corrupción. ¿Qué países van a eclosionar? Los medios se equivocan cuando hacen esos titulares sensacionalistas de ‘la guerra fría‘ entre EE UU y Rusia, eso no existe. Lo que existe es una guerra fría entre Irán y Arabia Saudí y esa es la guerra que está por venir. La batalla del profesional freelance por recuperar terreno frente a las agencias de noticias tiene un trasfondo épico, como la historia de David contra Goliat ¿Te sientes así? Toda la industria de la televisión da la espalda a las buenas historias, en estos momentos. Esa es mi lucha personal, y creo que deberíamos pelear por un respeto para la profesión, que yo encuentro en el extranjero. Yo estoy en la Junta Directiva de Periodistas Sin Fronteras y luchamos porque haya un reconocimiento del freelance, porque se le pague un seguro, el chaleco antibalas, el casco. Cuando recibiste el Premio Iris Especial por la Cobertura del Conflicto Armado en Siria agradeciste el apoyo del director de Informativos de Telecinco, Pedro Piqueras ¿Por qué? El ha tomado decisiones respecto a mis reportajes que yo siempre agradeceré. Pero lo mejor de todo fue cuando, en la entrega del Premio Iris, dijo ‘Mayte desapareció y lo pasamos mal’, en referencia a que me secuestraron cinco días en Siria, aunque no se hizo público. Y el único jefe de Informativos, de todos los medios españoles para los que yo trabajaba, que se responsabilizó de mí y que llamó a mi madre fue Pedro: ‘Mayte es nuestra y a Mayte la cubrimos’, dijo en esa crisis y eso es de agradecer para un freelance. Pedro se portó muy bien, lo dije en los Premios Iris, no todos los jefes son así, y estoy hablando de otros medios con los que colaboraba entonces que se desentendieron de mí. Ahí sale lo peor de la profesión… Me redujeron las tarifas a la mitad, ese fue mi premio de la cobertura de Siria. Y yo le dije al responsable no me bajes las tarifas, porque entonces voy a ir sin seguro, voy a ir sin pasta para pasar la frontera, etc. Necesito estar cubierta. Todo cuesta mucho dinero, un low cost es la muerte. Así que el Premio ha sido muy oportuno. Julio Otero lo dijo el otro día en el programa de Ferran Monegal: Ya es hora de que la contraten, que le den un programa. ¿Te gustaría hacer un programa, aunque supusiera cortarte un poco las alas? Sí, me encantaría. Mi ilusión sería hacer un Informe Semanal en Cuatro, en Telecinco o en Antena 3. Me gustaría hacer un Envoyé Spécial, de France2, que son pequeños reportajes de diez minutos, no todos de internacional necesariamente, con una audiencia tremenda. Diez minutos te da la capacidad de explicar bien la historia, contarla bien, de manera interesante, impactante, sin sensacionalismo, con información. A mí me encantaría hacer un programa así, sería un reto.

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