Mayra Gómez Kemp, la primera mujer tahúr de los concursos, por @academia_tv

MAYRA GÓMEZ KEMP

Periodista, cantante, actriz, independiente, culta, viajera, cinéfila. Y muy simpática. Así es, en buena parte, la primera mujer que presentó un concurso de televisión en el mundo. En contra de la opinión dominante, Chicho Ibáñez serrador la lanzó al ruedo del Un, dos, tres el programa más visto de nuestra historia televisiva, a mejor presentadora y el último premio, Toda una Vida, que le ha concedido la Academia de Televisión , le ha devuelto a la primera plana. Y la gran dama de los concursos, ahora entregada al oficio de vivir, confiesa que casi se muere al ver los académicos, en pie, dedicándole un cálido aplauso en la Gala de los Iris.

Mayra Gómez Kemp

Entrevista AcademiaTV

Mayra salió de Cuba en su adolescencia, se licenció en Comunicación en la Universidad de Miami y decidió vivir en España. Al tiempo que metió la minifalda en el despacho del censor, el mítico realizador Narciso Ibáñez Serrador la pasó del “furgón de cola del Un, dos, tres…responda otra vez” a conducir “la locomotora del programa”. Algunos pronosticaron su fracaso, porque “España no aceptaría a una mujer en el papel del pícaro”. Pero se equivocaron, el público aplaudió a esta mujer que ríe con sonora carcajada y que ha pasado cuarenta años de plató en plató. Aunque a ella, fan incondicional de los informativos, lo que le gusta realmente ahora es ir al cine, ver teatro, hablar idiomas, viajar, leer y comer. Después de presentar un “portaaviones” de la Historia de la televisión como el Un, dos, tres, esta profesional de la comunicación se siente, además, “una privilegiada” porque ha sobrevivido al final de la dictadura, a la Transición, a UCD, al PSOE y al PP. “Y sigo aquí, he sido testigo, en primera fila, de toda esta historia maravillosa de España”.

¿Cuáles han sido tus metas en la vida?

Poder vivir de mi trabajo, no depender de nadie económicamente-te, realizarme como persona. Para mí, el privilegio más grande que me han concedido en la vida es que ustedes me den un premio, es haber podido vivir de mi trabajo ¿Me dieron oportunidades? Muchas. ¿Las supe aprovechar? También. ¿Estuve en el sitio justo, en el momento justo, tuve mucha suerte? Sí.

¿Cuál fue el sitio justo y el momento justo?

Estar en la televisión única, en un programa de máxima audiencia, cuando era la primera mujer que presentaba un concurso en el mundo, que era un feudo exclusivamente masculino. Yo creo que rompí un trocito del ‘techo de cristal’, ese tope que limita a las mujeres.

Y ese público que te aprobó te ha recompensado por haber repartido felicidad…

La gente siempre me ha tratado con mucho cariño. Pero a raíz de que hiciera pública mi enfermedad y mi lucha por volver hablar, el apoyo ha sido masivo. Hoy la gente me para por la calle para preguntarme ¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?, ¿estás comiendo? (ríe alegre). Me dicen cosas preciosas, de ánimo. Hace unos días yo estaba cruzando la calle Princesa, que es un lugar muy céntrico de Madrid, cuando un coche se detuvo en el semáforo y un chico joven sacó la cabeza por la ventanilla y me dijo: “¡Mayra, guapa, tu puedes, tu sí que puedes!”. Me dicen cosas así…

Mayra Gómez Kemp

Foto: Archivo RTVE

Bueno, es que después de muchos años grises en este país, apareciste tú, siempre sonriente, rodeada de las primeras chicas minifalderas, para pregonar que la vida es alegre, divertida.

Vamos a ver, el mérito enorme de Chicho, además de su talento y de ser el visionario del Un, dos, tres, el factótum de todo, fue creer en la mujer para presentar el concurso. Yo había hecho de actriz en la ‘subasta’, conocía todos los mecanismos del programa y, además, presentaba varios concursos dentro de otro programa infantil. Él creyó en mí, a pesar de que sé que le dijeron que “España no iba a aceptar a una mujer haciendo de tahúr”, porque el presentador del Un, dos, tres es un poco el pícaro de nuestra literatura. ¡Me encantan los profetas, porque se equivocaron todos! Y la tozudez de Chicho, además de que mandaba mucho, prevaleció sobre esos prejuicios. Y lo hice yo, por encima de todo.

La noche que la lanzó como presentadora de aquel programa estrella, Chicho dijo: “Para no establecer comparaciones, se ha pensado que lo más diferente a Kiko Ledgar es una mujer. Y esa mujer será Mayra Gómez Kemp. Ella debutó en el Un, Dos, Tres, y ni siquiera como secretaria. No, no, no, hacía papelitos, pequeños papelitos”, (¡Exacto!, apostilla la presentadora). “Era como el furgón de cola del Un, Dos, Tres, (Sí, reafirma ella). Y Mayra, que comenzó siendo el furgón de cola, pues ahora va a pasar a ser la locomotora del programa”.

¿Así te sentías en aquel momento?

¡Hombre, soy la Cenicienta! Es el cuento de la Cenicienta (ríe). A mí la calabaza también me sirvió de mucho (ríe), como a la Cenicienta. Fue mi carroza, de alguna manera, porque yo empecé en brazos de Ruperta. Así que hay muchos paralelismos. Esas palabras las dijo, ahora lo recuerdo, en el primer programa que yo presenté, justo antes de salir en pantalla. ¡Estamos hablando de hace treinta y dos años! Después rompimos todos los récords de audiencia. Pero ahora, mirándolo desde aquí, digo ¡jolín, si era la Cenicienta!

Relevar a Kiko Ledgar debió ser, además, un reto impresionante. Aquel presentador se había metido a la gente en el bolsillo, con una medida extravagancia que consistía en llevar dos o tres relojes y un calcetín de cada color…

Así es. Y sustituir a Kiko Ledgar, siendo mujer, haciendo un papel como ese en un concurso que, yo siempre lo he dicho, era como llevar un portaaviones. Primero venían los diálogos con las Tacañonas y con los actores de la subasta. Yo hacía lo que los americanos llaman el “hombre serio”, una figura que da pie al chiste del cómico. Además tenía que estar muy segura de la pregunta que hacía y de cómo la hacía, para que la entendieran perfectamente, porque se jugaban mucho dinero. Después venía la eliminatoria, que debía explicar muy bien, y donde siempre terminaban guarreando a los concursantes, les hacíamos perrerías. Y, por último, la subasta, que era lo más serio. Yo no podía dar ni una sola pista sobre el regalo. Chicho me guiaba muy bien, me decía que lo importante era que ni concursantes ni espectadores supieran si el regalo era bueno o malo, porque eso es lo que daba emoción al programa.

Tu medías muy bien esa emoción, menos el día que te saltaste el guion y tentaste a los concursantes con cantidades crecientes de dinero. La tensión fue tal que, al final, Chicho entró a plató y te dijo: “Nena, me he tomado un valium” y lo más… …

¡Lo más bonito que he dicho de ti es “qué hace esa hija de puta” (se ríe con ganas)… Bueno, te puedo decir que, aquel día, uno de los cámaras se quitó los cascos, ¡lo que debía estar oyendo!… Pero no fue que se me ocurrió de momento, no. Ya era la tercera temporada, te estoy hablando del ochenta y algo, y cuando los actores se iban y me quedaba con él repasando el resto del programa, me decía: “Yo creo que ya es hora de que ofrezcas más de 300.000 pesetas, que es el tope, porque me parece que es poco”. Pero nunca concretábamos nada más. Y ese día, como había dos regalos buenos y yo estaba segura de que el concursante quería uno de ellos fijo, sin consultárselo –como no había pinganillo ni teleprinter y no se podía cortar el programa– yo dije esta es la mía y, bueno…

Da la impresión de que Chicho apostó por una mujer preparada, no eras una presentadora más…

No, no, además yo venía de estudiar en Estados Unidos y los americanos ven el show business como algo integral, es decir, hicieron cantar hasta a Clark Gable. Aunque todavía recuerdo la primera vez que me pude reír en televisión. Fue en el programa 625 líneas, por algo que pasó con Tip y Coll. Y yo tengo, desde niña, una sonora carcajada. En aquel momento, cortaron el programa y dijeron que una presentadora de Televisión Española no se podía reír así. Entonces, el director, José Antonio Plaza, que era un señor muy inteligente, dijo: “Dejadla en paz, si ella es así, que sea así”.

¿En qué año ocurría eso?

En 1979. Yo empecé de actriz en el Un, dos, tres en el 76. Desde 1978 hasta 1980 presenté 625 líneas y después, en 1981, empecé el programa infantil Sabadabadá, que se convirtió en Dabadabadá (los jueves). Luego pasé a Un, dos, tres, al tiempo que hacía el magazine de las mañanas Viva la gente, de Antena 3 Radio, con José Antonio Plaza.

¿Y podías con todo?

Dormía cuando podía y tenía un marido y una familia que me ayudaban y me apoyaban, de otra forma no hubiera podido. Yo hacía radio de lunes a viernes, me levantaba a las seis y media de la mañana todos los días, ensayaba los domingos con Chicho. Los martes grabábamos el Un, dos, tres. Y los sábados, si tenía algún bolo o alguna presentación, pues iba a hacerlo.

¿Ha merecido la pena tanto trabajo?

Sí (rotundo). Por una razón, esto es un negocio donde es muy difícil estar arriba todo el tiempo. Muy pocos privilegiados lo consiguen. Yo sabía que tenía que aprovechar mi momento. Ya lo dice la Biblia, después de siete años de vacas gordas, vienen siete años de vacas flacas, y yo siempre me preparé para las vacas flacas.

¿Y sucedió?

No es que desaparecí del todo. Hice un programa para las autonómicas que tuvo mucho éxito, Luna de miel, entre 1992 y 1994. Además, para mí trabajar con La Trinca, con Gestmusic, fue una gozada, una maravilla. Nunca me he viso más querida, más respetada y mejor tratada que con ellos. Pero después, es normal, la gente empieza programas nuevos y quiere a gente más joven, gente nueva. Pensaban en mí para programas que no tenían importancia para ellos o me ofrecían cosas que no me interesaban. Los realities a mí no me interesan. Yo nunca voy a participar en un reality, porque no es para mí. Y ya a estas alturas del partido, no, no. Yo, de profesión invitada, voy encantada, participo. Pero ya mis metas en la vida no son esas.

¿Cuáles son tus metas ahora?

Mi meta es aprovechar cada día que vivo, disfrutar de los míos, de la gente que quiero, de cada mañana. Después de haber superado lo que he superado, aunque sigo muy pendiente de mis revisiones, de mis ITV, me levanto cada día con el propósito de disfrutar ese día al máximo.

¿Qué cambio te apetece ver en este país?

Menos mujeres maltratadas. Menos mujeres muertas a manos de sus parejas. La igualdad, de verdad, real, entre hombre y mujer. La igualdad frente a un sueldo, a un trabajo, a una forma de vivir.

Y en televisión ¿qué echas de menos, qué te gustaría que cambiara?

Pues echo de menos el teatro, más coloquios de actualidad sobre asuntos de nuestra sociedad. Lo que pasa es que hoy en día las privadas no quieren ni el menor problema, sino que van a por la audiencia, lo más fácil y lo más barato. Esto es un hueco que tiene que llenar la televisión pública, pero… es muy difícil. Yo, cuando hay algo que no me gusta, no lo veo. Aunque sé que a la gente de televisión a lo mejor no le parece bien, yo también suelo apagar mucho la tele. Y cojo un libro. Y salgo a la calle. Y me reúno con amigos (ríe). Mi vida no es sentarme a ver la tele.

 “Me he ganado un pequeño sitio al sol”

Mayra Gómez Kemp

Foto: Archivo RTVE

 ¿Qué te pasó por la cabeza cuando Manuel Campo Vidal te anunció el premio A Toda una Vida?

No me lo creí. Yo pensé que en cualquier momento iba a salir alguien diciendo: ¡Inocente! (risas). Aunque yo le reconocí la voz, conozco a Manuel desde que empezó en Informativos en TVE. Yo ya estaba allí. Pero yo decía se está equivocando, alguien cometió un error, porque no me pasaba ni remotamente por la imaginación, que me pudieran tener en cuenta para este premio tan bonito que me dan ¡mis pares!, los profesionales de todas las ramas de la televisión. Porque no han votado a la más popular ni a la más simpática, tus pares te dicen: ‘Oye, eso que has hecho a lo largo de tu vida nos ha parecido bien, nos ha gustado’. Y tú dices: ¡Ahhhhh, les gustó! Y eso, si lo piensas, te abruma. Me pareció maravilloso, me emocionó.

¿Te acordaste de alguien?

De mi papá y de mi mamá. Pensé: ‘Mira, veis, valió la pena’ (silencio).

¿Qué te aportaron tus padres?

Mi madre me aportó la generosidad absoluta. Y a mi padre le debo la seguridad en mi misma, su empeño porque estudiara y nunca dependiera de nadie.

¿Te consideras maestra de otros presentadores?

¡Nooo! (rotunda), no me considero maestra de nadie ni de nada. Yo no puedo pensar en eso, me parece una pedantería insoportable. He sido quien he sido, cuando he sido y como he sido. Si a alguien le ha llegado, me alegro mucho, si rompí moldes ¡pues qué bien!

Y sigues trabajando… ¿qué haces ahora?

Participo como invitada, un par de veces al año, en Pasapalabra y desde 2009 colaboro en una tertulia semanal del programa Sin ir más lejos, de Aragón Televisión, donde se habla sencilla, pura y llanamente de la actualidad. Los aragoneses me dieron su cora¬zón y se quedaron con el mío. Yo creo que me he ganado un pequeño sitio al sol donde estar. Ahora estoy más preocupada de vivir mi día a día, de disfrutar con mi marido, después de 42 años de matrimonio, porque seguimos los dos aquí.

¿Crees que es necesario que exista una Institución como la Academia de Televisión?

Es absolutamente imprescindible.

¿Por qué?

Porque si nosotros no somos los guardianes de lo que hemos sido y lo que somos, nunca sabremos hasta dónde podremos llegar. Y la unión hace la fuerza. Tenemos que cuidarnos a nosotros mismos, los unos a los otros, todos los que hacemos la televisión, que es un trabajo digno de respeto.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*