Matemáticas de excelencia, por Gabriel Merino

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Vaya con la excelencia. Parece que la condesa estudió aritmética para nobles, no la de la cartilla Rubio de la pública. Parece que no estudió las matemáticas que estudian las amas de casa, las tenderas de mercado o esas camareras que no necesitan apuntar y llevan por cuenta quince mesas, sino la de las defraudadoras, las bankeras, las duquesas con fundación y casoplón y la de todas esas que, aunque hacen mal las cuentas, les salva al final la amnistía fiscal.

A la condesa y a su escudero Percy va a haber que comprarles no sólo la cartilla Rubio sino el catecismo Ripalda, ese que decía que no se miente, ya que ellos, de siempre -y ya lo dicen-,  no están por la educación para la ciudadanía. La jeta  ya no es que la tengan de perdernal, sino de mármol berroqueño: hablaban con la boca grande de herencias y los que escaquean las cuentas y se las dan mal al jefe –deliberadamente- son ellos.

Yo que Rajoy, en cuanto volviera de Chicago de hacer cruceros fluviales con la Merkel, les metía una paralela de flipar  a Percival y a Espe, porque si se equivocan así con las cuentas de todos, a saber lo que harán con las propias, que afecta al dinerito de casa, el suyo de bolsillo. Porque para que yo me entienda: si en el buque insignia, el mascarón de proa, la joya de la corona de la austeridad liberal de toda la vida, además de hundir la caja de ahorros regional a base de préstamos, falsean el déficit en el doble y esto mintiéndole descaradamente al jefe y al propio partido, es como para fiarse de ellos -¡sí!- como ciudadanos y votantes.

Resulta que no pagan la ley de dependencia ni a los abogados de oficio, resulta que son los primeros en echar interinos y en privatizar hospitales y, habiendo ido de avanzadilla rata y recortadora, pierden como todos los demás, pero encima pretenden perderlo y echarle la culpa a lo público. Espero, por lo menos, que entonces lo que dilapidan sea en conciertos –aunque no me parezca solidario ni justo- mejor que  en agujeros negros.  Aunque también lo han dedicado a campañas como la del metro o a sus fondos de reptiles en la empresa de publicidad televisiva que la condesa tiene en la Ciudad de la Imagen o ese grupo mediatico del que es accionista y subvencionador el ex jefe de Cajamadrid. Ya dije hace tiempo que si no se cree en lo público, no sé lo que hace esa señora ocupando desde hace años un despacho en la Puerta del Sol. Y más si no sabe –o no quiere saber- matemáticas de primaria y secundaria, esas que domina cualquier gitana de mercadillo.

Ayer oía que en Dinamarca el 86% de los niños va a no sólo a clase, sino a actividades extraescolares públicas y que su educación hasta la universidad es gratuita. Pero es que en Dinamarca, ese paradigma de estado del bienestar, hasta la reina lleva a sus hijos a la escuela pública. Aquí el plan es otro: de momento, matemáticas de excelencia. Y toros subvencionados por Wert. Y una misa de Reig.

Debe ser o que ella y Parsifal  no saben sumar o que son de letras: las matemáticas del temario –claro- son las de Bankia y la condesa. Las que pagamos todos. Y en este pais, a casi quince de cada cien administrados, les hace mal las cuentas ella.

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