Más “Sampedros” y menos gilipollas, por Alberto Calero (@acaleroj)

Es un genio. Es sabio y es un ser entrañable. Es inteligente y lúcido. Es el abuelo que todos quisiéramos tener. Es el abuelo que algunos hemos adoptado y hoy cumple 96 años. José Luis Sampedro debiera ser inmortal. Dice que quiere morirse pero que no lo hace porque “tenemos derecho a la vida y deber de vivirla“. Asegura que ya ha visto todo el espectáculo y que le importa tres pepinos marcharse. No es de extrañar porque ivimos en medio de  un auténtico espectá-CULO. La situación ya huele demasiado mal. Apesta. Sampedro ha luchado por cambiar este mundo pero seguramente se marche viendo (“aunque estoy casi tuerto“) más de lo mismo. Nos persiguen los mismos problemas, los mismos supuestos estafadores y mentirosos. Siguen idénticos algunos políticos y periodistas cínicos. El paro no frena y la economía sigue en la cuerda floja. Los ricos son los de siempre y los pobres son cada vez más pobres. Continúa la hipocresía. Sí, señor Sampedro, es normal que ya nada le importe. Mantiene la sonrisa (etrusca o no) superando los 90. Es delgado, tiene el pelo canoso y mantiene la misma cara de bonachón. Desprende ternura. Este señor es necesario. Reconforta el escucharle. Anima a seguir en medio del espectá-CULO porque la vida es para vivirla. Es incansable. Lo vimos hace unos meses junto a Jordi Évole en “Salvados”. Él ha dicho que habrá que darse prisa para volverle a ver. Sabe su edad. Es consciente de lo que se le acerca pero sigue sonriendo. Es un cerebro con mayúsculas. Tiene que ser un lujo tenerle enfrente y darle un abrazo. Yo me conformo con darle un “abrazo virtual” ya que están tanto de moda. Esos abrazos que nos dan cada día aunque no vemos a la gente (un abrazo, ya nos veremos. Y nunca nos vemos).

El mundo no va tan mal cuando hay gente que se interesa por este hombre. La gente se ha quedado con sus frases. Cuenta Sampedro que es “un viejo solo que ya no sirve para nada” y que cada día tiene que ponerse los ojos, los dientes y las orejas. Ojalá se siga poniendo gafas y se coloque el audífono durante mucho tiempo. Querrá decir que sigue vivo. Urge seguir aprendiendo de él. Necesitamos seguir escuchándole porque es un viejo que anima a los jóvenes. Si él no se ha rendido ¡¿Cómo vamos a rendirnos los demás?! El mundo necesita a este señor. Necesitamos a este hombre. Es muy grande. Se hace difícil entender cómo hay personas que se creen superiores cuando no valen nada. Hay individuos subidos a los altares. Algunos suben como la espuma antes de haber recorrido un camino. Hay personas “sabelotodo” y, en realidad, son “sabelonada“. Él es el que vale y piensa que no es absolutamente nada. Resulta que lo es todo. Es José Luis Sampedro, el sabio humilde. Pido a gente como él a nuestro lado. Y le felicito. ¡Más Sampedros y menos gilipollas, por favor!

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