Más móviles que humanos, por @CarlosPenedoC

Las ideologías son un atajo, o una muleta, que nos ayudan a interpretar la realidad política en menos tiempo de lo que llevaría el análisis detenido de los acontecimientos. Nos apoyamos en cierto tipo de instrumentos para acortar tiempos o alcanzar metas inasumibles en solitario; es lo que hacemos al preguntar a un vecino por el coche que conduce o a los compañeros de trabajo su opinión sobre la final de Operación Triunfo. Es un atajo un debate entre candidatos, ahorra leerse el programa electoral. Otro ejemplo: mejor que estudiar cada uno de nosotros la evolución de la sociedad de la información en España pues es acudir al informe que todos los años elabora la Fundación Telefónica -SDIE17-. "España, preparada para la Cuarta Revolución Industrial: cuando la tecnología empieza a comprender al usuario", titulan la nota de prensa de la última edición presentada este mes de febrero. Únicamente hay que aplicar un factor de corrección comercial que no es seguro pero sí posible que influya entre los objetivos de la publicación. Con alguna precaución en este sentido hay que recibir la información sobre la extensión y las bondades de la fibra óptica y la banda ancha móvil, que las tendrán e interesan mucho a la compañía, o el futuro que se insiste nos espera con la nevera parloteando digitalmente a nuestras espaldas con el supermercado (internet de las cosas). En este porvenir por venir aparecen también los torneos de videojuegos multijugadores o el automóvil sin conductor. Una de las primeras conclusiones del informe es que el número de teléfonos móviles en el planeta ha superado al de habitantes. Se deduce que en muchos lugares del globo y también de la península se ha conocido antes y mejor la comunicación móvil que la fija en cable de cobre. España se sitúa desde hace años en puesto de cabeza en cuanto a usuarios de teléfonos inteligentes, que son más listos que el frigorífico aunque el apellido se refiere a que el dueño navega con ellos por internet. Los smartphones acaban de cumplir diez años, con lo que hace una década no existían, lo que da cierto vértigo. Segunda conclusión: la vía de acceso al universo digital crece a través del teléfono móvil por encima de otros dispositivos, lo que tiene sus matices. Las últimas transformaciones han supuesto, nos dicen, que en 2018 el 50% de los jóvenes españoles sean "mobile first" (recuerda al America first de Trump), es decir, que consumen la mayor parte de su tiempo en red sobre una pantalla móvil. Con todo, el familiar PC ha pasado en pocos años de Partido Comunista a ordenador de mesa y, por mucho que se insista en su desaparición sigue siendo la principal herramienta electrónica en asuntos profesionales, compras, formación, operaciones bancarias, ver TV por internet o para quien quiere escribir algo de más de cinco líneas. La Fundación Telefónica continúa con su costumbre de tratar bien a las administraciones públicas, muy recomendable en sectores regulados, también lo practica la industria de defensa, por lo mismo sorprende el aparente enfrentamiento del sector energético con sus reguladores. Al igual que nadie distingue hoy ya entre prensa digital y papel, el estudio revela que se han roto no pocas fronteras del pasado reciente, han saltado techos como la resistencia hoy desaparecida hacia el comercio electrónico; la preocupación por la seguridad o la privacidad -interesan pero no lastran- y las generaciones mayores van entrando en el uso tecnológico mientras que el paso de los años va suavizando las diferencias según la edad de los usuarios. Aparecen avances en la oferta y uso de servicios públicos digitales; las radiografías, los historiales clínicos, navegan por las redes ya con naturalidad, jubilando el formato gigante en película fotográfica con sobre marrón donde nuestro esqueleto sonríe hoy ya perdido en el fondo de algunos armarios. Destaca también lo referido a formación y educación, es cada vez más habitual la utilización de recursos digitales y tecnología en la formación reglada -a distancia y presencial-, por parte de docentes, centros educativos y estudiantes -mucho vídeo formativo- y en el mismo contexto se reclama un impulso de adaptación urgente del sistema educativo y de capacitación de los alumnos, pues muchos de los empleos futuros requerirán habilidades tecnológicas, de diseño o explotación. Telefónica en su informe "apunta a la tecnología como el medio que abre las puertas a la 'sociedad cognitiva', una sociedad en la que experiencia y evaluación del usuario genera un conocimiento que permite, a su vez, información y servicios a medida", lo que leído tres veces significa que usamos tecnología que acaba por reconocernos y todos nos beneficiamos. La Fundación Telefónica denominaba a este trabajo 'Informe sobre la Sociedad de la Información en España', que en su última edición ha pasado a 'Sociedad Digital', la información ya se quedaba corta, y se insiste mucho en esta edición en el adjetivo "cognitivo", que ya es procesado de información y apunta al conocimiento. "España se prepara ya para dar el salto de la Sociedad Digital a la Sociedad Cognitiva", dice el informe con generosidad de mayúsculas, sin explicar mucho el punto de destino más allá del tamaño que imaginamos del salto y que parece positivo. Se está configurando "el mayor cambio de época de la historia de la humanidad", leemos, lo que está proporcionando "oportunidades espectaculares a nuestro país que debemos aprovechar". Afirman que "ya no hay barreras entre la vida digital y la vida real". En este sentido el informe utiliza un tono un punto exagerado que en ocasiones se convierte casi en religioso, de conquista del Oeste, profetas e iluminados por la tecnología, que bien entendido responde al entusiasmo de la Fundación Telefónica por estos temas y su futuro. Quizá haya perdido algo de poesía, en anteriores ediciones el informe nos descubría el tiempo encontrado, para referirse a la gestión de nuestra vida digital haciendo uso también de micro-momentos que antes se desaprovechaban (esperando el bus o el dentista). El hombre aumentado aparecía en 2017, en referencia a la instalación de dispositivos electrónicos bajo la piel. Este último informe se refiere al blockchain, asunto ya más técnico, para iniciados, algo así como una base de datos distribuida, formada por cadenas de bloques diseñadas para evitar su modificación, encriptadas, tecnología que se asocia al bitcoin y permite transacciones seguras sin intermediarios; que Telefónica quiere desarrollar en España. Han despedido en el último año a los redactores periodistas, el filólogo del grupo ha sido prejubilado o, lo que sería peor, todos siguen pero han aprendido tecnología y se ha oscurecido el producto. Volviendo a los intereses comerciales, que no anulan otros, la Fundación Telefónica señala el crecimiento del consumo de televisión a la carta, desde diferentes dispositivos, la mezcla en paquetes comerciales de telefonía y TV, y se detiene algo menos en el fenómeno de operadoras de telefonía como Movistar+, ellos mismos, produciendo contenidos, series como La zona o La peste, con argumentos secos y directos como su título. El propietario de la tubería quiere cada vez más crear los contenidos que circulan por ella, y por ahí viajan datos (principal fuente de ingresos de estas empresas, no la voz) y también ficción televisiva. Aunque de distinta naturaleza, los sueños del ciudadano y de Telefónica comparten redes digitales, podríamos decir.

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