MANDÍBULAS DE CRISTAL, por Javier Astasio


Mariano Rajoy se ha caracterizado siempre por rodearse de una escolta de consumados fajadores, encargada de protegerle y proteger a los suyos frente a las oleadas que la oposición, la prensa o la Justicia acabaría provocando su peculiar manera de gobernar la nación y su partido. Podríamos citar, por ejemplo, al ministro Fernández Díaz, a Federico Trillo, a José Ignacio Wert o al mismísimo Alberto Ruiz Gallardón, al que se le fue la mano en su afán de agradar a lo más ultramontano del PP.
Gente capaz de soportar día tras día las críticas, las portadas y los "canutazos" de la prensa allá donde iban, gente acostumbrada, como el mismo presidente, a conseguir sus victorias "a los puntos", gente que en más de una ocasión han ganado sus combates por el desfondamiento de sus rivales, siempre dispuesta a esperar sentada a que pase ante su puerta el cadáver de su enemigo.
Sin embargo, todo aficionado al boxeo sabe y los que, como yo, nos hemos cortado el pelo allá por los años sesenta en una peluquería de barrio, más, cuando la peluquería estaba a medio camino entre el Campo del Gas o la plaza de toros de Vista Alegre,  no ignoramos que un boxeador puede ser "fino estilista" o "consumado fajador", también, que lo que nunca puede permitirse es tener "la mandíbula de cristal", esa que permite derribar gigantes con un único y certero golpe, y ese es, por desgracia para él, el punto débil de alguno de los más leales servidores de las causas nos siempre nobles del señor Rajoy.
Le pasó con su amigo y protector de su padre José Manuel Soria. elevado al rango de ministro del reino en su categoría de Comercio, Industria y Turismo, hijo de un naviero canario, con amigos e intereses en el sector turístico, dispuesto a aguantar impertérrito el saqueo de las eléctricas a sus clientes, del que los "Papeles de Panamá" desvelaron un turbio rastro familiar y personal en ese mundo de ficción empresarial que, a la postre, es ese país desgajado de Colombia e inventado por los  Estados Unidos para asegurarse el control del canal que une Atlántico y Pacífico en Centroamérica. Soria que había cumplido a plena satisfacción, gracias a su temple y su cinismo, con los planes del PP en los sectores bajo su influencia, no fue consciente de que el pasado, por más remoto que sea en el tiempo y la distancia, siempre se empeña en volver y aflora cuando menos falta hace. Gracias a la interesante filtración, convenientemente elaborada por un pul de periodistas internacional, de los archivos de un despacho de abogados panameño, especializado en esconder capitales, supimos que Soria y su familia tuvieron una empresa en el país del canal, destinada a escamotear los beneficios de sus consignatarias del fisco español.
Fue un golpe certero que desconcertó al gobierno y al propio ministro Soria. Tanto que, quizá con el fin de ganar tiempo, comenzó por negarlo todo, con el respaldo de su amigo Rajoy, sin saber que todo lo publicado por El Confidencial estaba "atado y bien atado", lo que permitió a los medios jugar al gato y al ratón con un cada vez más balbuceante José Manuel Soria que, al final, pillado en todas y cada una de sus mentiras, algunas infantiles, se vio obligado a dimitir por eso, por mentiroso,
Ahora nos enfrentamos a algo parecido con el responsable de la Fiscalía Anticorrupción, nombrado por el ministro Catalá con todos los pronunciamientos en contra para verter sobre el engranaje de la Justicia la arena de los intereses del tambaleante PP, para retrasar y entorpecer, si no evitar, que el partido de Rajoy se cueca en el jugo de su corrupción en los tribunales. Y ha pasado que, cuando nos tenía acostumbrados a verle permanecer impertérrito ante las críticas de sus subordinados, la prensa, la oposición y la ciudadanía, una información de Infolibre puso al descubierto la existencia de una sociedad familiar en Panamá, con la que los Moix ocultaban la propiedad de un chalé en la sierra madrileña, algo incompatible no sólo ética, sino también estatutariamente con la carrera fiscal. 
La actitud de Moix, tratando de dinamitar la información cuando estaba a punto de ser publicada filtrando una versión interesada al periódico de Pedro José Ramírez, primero, y saltando de excusa en excusa, cada vez más infantiles, después, ha dejado al fiscal al pie de los caballos y pendiente de dimitir o ser cesado quizá hoy mismo "para no perjudicar a la institución" ya de por sí perjudicada por sus arbitrarias decisiones, desde que, en el ámbito de Madrid, fue desmontando, uno por uno, todos los asuntos que afectaban al PP y sus dirigentes que caían en sus manos.
Moix, como buen fajador que es, podría haber aguantado el chaparrón de las críticas a su gestión, pero ese gancho, directo a su mandíbula de cristal, tan parecido al que dejó a Soria tumbado sobre la lona, va a acabar con él. Habrá que saber que suculenta bolsa le tiene preparada Rajoy, como intentó darle a Soria, para pagarle tan buenos servicios prestados.

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