Mamporreros, por Javier Astasio


Nada como tener a la prensa a favor para que un partido pueda permitirse determinados juegos de manos, con la tranquilidad de saber que siempre habrá quien los explique y justifique. Y si, además, como le sucede al PP, tiene las encuestas a favor, siempre podrá romper la baraja, adelantando unas elecciones que, de momento, podría ganar, porque los sondeos parecen serle favorables. 
Yo, para mi desgracia, para nuestra desgracia, estoy seguro de que Rajoy ya ha decidido adelantarlas y que, si no lo hizo y optó por una investidura "justita" fue para no cargar con el sambenito de haber provocado con su rechazo las tan temidas terceras elecciones que rechazaba la práctica totalidad del electorado. Sin embargo, insisto en ello, me temo que es cuestión de meses que Rajoy disuelva las cámaras y nos llame de nuevo a las urnas.
Y es que debería habernos quedado claro que a los populares no les gusta el panorama, no están en absoluto acostumbrados a reinventar cada día la estabilidad parlamentaria, no les gusta negociar ni, mucho menos, fracasar en esas negociaciones y tener que presentarse ante su electorado como un partido vapuleado que ya no tiene en sus manos el timón. Por eso considero que, con la decisión ya tomada, a lo que se está dedicando el PP es a enredar con unos y con otros para ensuciar al resto de partidos con su contacto, reduciendo así sus expectativas electorales.
Lo estamos viendo ahora que la asunción forzada, "golpe de estado" mediante, de la abstención frente a la candidatura de Rajoy, ha dejado al PSOE hecho unos zorros, sin el líder que se había dado y con la ambiciosa Susana Díaz por los suelos, buscando entre los socialistas europeos los apoyos que ya le niegan los españoles. Y no sólo los militantes, porque tampoco los votantes parecen haber entendido la maniobra.
Ahora, lo pudimos comprobar ayer, le ha llegado el turno a Ciudadanos que, después de haber sido el mamporrero del PP -según el diccionario de la RAE, la persona que dirige el "miembro" del caballo en la cópula- se ve ahora ignorado y despreciado, después de haber quedado en segundo plano en las negociaciones sobre el techo de gasto y otros asuntos económicos que PP y PSOE han mantenido a sus espaldas.
Tengo para mí que lo que ha pretendido el PP, como ha hecho en otras ocasiones, es poner a Albert Rivera en su sitio y, con él a Ciudadanos como fuerza alternativa de la derecha, ponerle en evidencia, negándole eso de que tanto presume ser el azote del gobierno, el que le lleva las riendas y le conduce hacia esos postulados de honestidad y eficacia desde la derecha que parece querer imponerle. Rajoy que, nadie puede negárselo, es muy listo y, realmente, nunca ha querido a su lado a un socio que le pueda restar votos, alguien que pueda acabar gustándole a sus propios votantes, entre otras cosas, porque sabe que la mayoría de los votos de Ciudadanos en otro tiempo fueron suyos y, por eso, está empeñado en recuperarlos, dejando a Rivera tan desnudo como lo estaba en aquellos carteles con que se dio a conocer en Cataluña, hace más de una década.
Ahora, puestos en evidencia PSOE y Ciudadanos, les llega el turno a los nacionalistas vascos, que tan necesarios le son en la aprobación de unos presupuestos para los que no va a poder contar con los socialistas. Pero el PNV es zorro viejo y sabe que si el PP quiere su apoyo en este asunto tendrá que poner sobra la mesa las concesiones de siempre, esas que, luego, el PNV vende como triunfos en Euskadi.
Lo único claro es que, salvo en el caso del PNV, que es harina de otro costal, la proximidad del PP perjudica seriamente la salud de los partidos y más, si como el PSOE o Ciudadanos, han sido vistos el miembro del caballo en sus manos, dirigiéndolo hacia la vagina de la yegua.

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