‘Luz sobre la luz’, por Javier Astasio

 
 

Cuando uno ve la sorpresa del Gobierno, especialmente la del ministro responsable de la energía y clon de Aznar, José Manuel Soria, ante lo que ya ellos mismos consideran una manipulación de la subasta mediante la que se fija el precio de la energía eléctrica en España, amén de sentir como se le eriza el vello y s ele dilatan las pupilas, preparándose para lo peor, se le vienen a la imaginación una serie de imágenes, todas repugnantes de cómo se toman algunas decisiones en este país tan corajudo en tiempos y tan suicidamente dócil ahora.

Me imagino a los gerifaltes de las eléctricas o a sus asesores reunidos en una comilona de navidad, pasaditos de copas o quién sabe si de algo más sólido apostando sobre el umbral de tolerancia del gobierno, al que tienen en el bolsillo, como a todos los anteriores, "en forma de salario en diferido" a base de sillones en los consejos de administración de cada una de las empresas, para los presidentes y altos cargos de cada uno de los gobiernos, sea cual sea el partido al que pertenecieran. Los veo en un delirio etílico, pasados de suficiencia, eufóricos y dándose palmadas en la espalda, satisfechos con su gamberrada.

Con lo que probablemente no contaban era con que una gran parte de los ciudadanos españoles están ya extenuados por tanto sacrificio, los mismos que este verano dejaron de usar su aire acondicionado y sus ventiladores, ante la certeza de no poder pagar el recibo de la luz, y que ahora ateridos de frío, forrados con polares y mantas, miren con nostalgia los radiadores y las calderas que, seguro, no van a poder conectar en todo el invierno.

Tampoco contaban con que, en el circo del partido del gobierno, los enanos juegan ya en la NBA y con que, cada minuto que pasa una nueva desgracia cierta o amenaza se cierne sobre su sede. Y no hay más que pararse a mirar todo lo que les ha ocurrido esta semana: los correos entre "la familia" popular y el que fuera presidente de la hoy nacionalizada y Bankia Cajamadrid, la imputación por blanqueo de la esposa del presidente de la Comunidad de Madrid, la increíble declaración de su antecesora ante el juez de la Gürtel, el registro nocturno de la sede del partido -por fin y con un año de retraso- a la búsqueda de los documentos hurtados al juez, pese a sus peticiones... toda una cascada de acontecimientos, en fin, imposibles de controlar y atemperar mediáticamente por más que el servil y despreciable Marhuenda se multiplique como se multiplica el falso chino del número circense de los platos y las cañas, para evitar que caigan al suelo haciéndose añicos.

Todo les va mal, todo se desmorona bajo sus pies y ya no les quedan clavos ardiendo a los que agarrarse. Quizá por eso este golpe de efecto de robinhoodizarse ante el atraco de las eléctricas, como si este gobierno o su superhéroe en horas bajas, José María Aznar padre -lo aclaro porque ya tiene un heredero tan siniestro como él- no tuviesen nada que ver en la estafa. Quizá por eso quiere convertirse ahora en el defensor de los pobres, quizá por eso Rajoy promete que tratará de arreglarlo.

Está claro que  hay que tomar decisiones y decisiones drásticas. No tiene sentido que lo que un día fue de todos, la generación de energía, los pantanos, las centrales térmicas, ahora los aerogeneradores y las fotovoltaicas, porque el sol, el agua y el carbón estaban ahí, pasen a manos de unos pocos y que esos pocos especulen con ellos. España tenía un buen sistema hasta que decidieron "liberalizar" el mercado, lo que en la práctica significa a ser materia de especulación y a incrementar su precio de manera escandalosa, hasta el punto de haberse doblado y de haber convertido el kilovatio español en el más caro de Europa.

Y todo de manera arcana y sospechosa, porque nadie ha sido capaz de explicarnos hasta ahora cada una de las partidas del misterioso recibo de la luz. Nadie es capaz de explicarnos, por qué, en contra de una de las reglas de oro del mercado, cuando la crisis está provocando una caída de la demanda, el precio de la energía sube y sube escandalosamente. Me gustaría que, como consecuencia de algo tan escandaloso como que se anule el principal elemento para la formación de los precios, la tan traída y llevada subasta ya anulada, alguien se arremangase y dando un puñetazo sobre la mesa pusiese fin a tanto latrocinio.

DE momento, me conformaría con que, para hacer luz sobre la luz, se nos aclarase en el recibo qué parte de lo que pagamos va a parar a los bolsillos de Aznar, González y todos los que se cobran sus favores bajo esa forma de simulación de salario en diferido que son sus poltronas en los consejos de administración de las empresas atracadoras. A Felipe González hace tiempo que le tengo perdida la fe, entre otras cosas porque no puede pretenderse tener razón sólo por haberla tenido, pero podría volver a tenérsela si levantase su culo de esas vergonzantes poltronas.

 

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