Luces y sombras del ‘mourinhismo’ - Capítulo 1: Los árbitros, por @pablombelena

Es una evidencia, más allá de las especulaciones, los análisis radicales, y los forofismos varios. Las estrategias mediáticas de presionar al colectivo arbitral siempre han funcionado, y pretender que en una sociedad, una campaña de presión no surta algún efecto en cierto colectivo, no es menos que una ingenuidad. Los árbitros, claro, no son peleles. Pero tampoco son herméticos. Centrándonos en el caso de José Mourinho y sus efectos en el madridismo, hay que reconocer que hay, hubo y habrá actuaciones arbitrales condicionadas por su persona.

No es algo inventado. El mundo del deporte deja muchos casos similares, que precisamente no habla bien de los personajes protagonistas de estos incidentes y guerras con los que llevan las leyes. Fernando Alonso es el perfecto ejemplo de deportista que siempre se ha visto envuelto en la polémica y que lo paga continuamente con los comisarios del mundial de Fórmula 1, quien claramente le ha perjudicado en varias ocasiones por ser quién es. No es una persecución personal, ni un complot. No hay que ser ‘conspiranoicos’. Simplemente se trata de una consecuencia lógica en sociedad por las presiones y el comportamiento polémico. Se trata de ejercer ejemplaridad en las acciones arbitrales para que no haya más casos similares. Dicho de otra manera: quien ostenta el poder de decidir sobre otros, intenta mantener la disciplina y su autoridad con fuerza y lo paga más con quien amenaza su papel que con quien calla.

Mourinho es el claro ejemplo de personaje público contestatario, y de deportista polémico. El luso ha protagonizado en cada equipo que ha entrenado, sobre todo en sus dos últimas etapas, en el Chelsea inglés y el Inter de Milán italiano, escenas suficientes como para estar siempre en el ojo del huracán. La prensa, los árbitros o los rivales eran sus objetivos de las guerras dialécticas que libraba. Ahora, en la Liga española, en su segunda temporada, continúa recogiendo los amargos frutos de su carácter y su fuerte temperamento.

Lo peor -o lo mejor, según se quiera ver para defender o criticar al entrenador portugués- es que no es sólo en nuestro país donde los árbitros buscan cazar a Mourinho. Europa, con la UEFA claramente posicionada en su contra, creó un precedente peligroso al sancionarle a él y varios miembros de su cuerpo técnico y la plantilla por dar órdenes durante un partido en transcurso para provocar tarjetas amarillas y así adelantar sanciones por convenencia. Eso sucedió en la Champions League de 2010/2011, en Ámsterdam, durante el encuentro frente al Ajax. Las consecuencias fueron graves, con varios partidos de sanción.

En España, su indefendible acción de meter el dedo en el ojo al ayudante de Pep Guardiola, Tito Vilanova, le valió otra dura sanción. Pero pasado el tiempo, con un presente curso liguero donde todo le sonreía y conseguía sacar 10 puntos de ventaja al Barça, vuelven las sombras. El partido contra el Villarreal, el pasado miércoles 21 de marzo, provocó un tsunami terrible. Hasta 5 expulsados en su equipo, él incluido, empate con sabor a derrota y censura a la prensa, negándose a comparecer ante los medios tras el partido y ante el nuevo encuentro frente a la Real Sociedad.

Sólo los goles de Cristiano Ronaldo y compañía harán campeón a un Real Madrid que ha sufrido tanto favores arbitrales como acciones que le perjudicaban directamente. En una balanza, de nuevo podría decirse que ha habido más de lo negativo que de lo ‘positivo’. Pero, en todo caso, algunas de esas acciones arbitrales en contra de los intereses blancos parecen condicionadas. El comportamiento del equipo arbitral en este citado partido ante el Villarreal sonó a premeditado. La obsesión del cuarto árbitro (o asistente) con el banquillo madridista pareció un castigo exagerado, dirigido a perjudicar y crispar los ánimos.

Las consecuencias saltan a la vista: nuevo escándalo mediático y Mourinho, de los nervios. Balance: el entrenador luso es incapaz de controlarse, y transmite esa incapacidad a los suyos, perjudicando de manera evidente a todo el club. Los jugadores, de los nervios, se sienten respaldados por la potencia y la visceralidad de su ‘jefe’, así que repiten comportamientos. Al final, división en el vestuario, porque los veteranos como Iker Casillas o Xabi Alonso odian estos comportamientos y huyen de las grandes polémicas con los árbitros, sabedores, como cualquiera que sepa un poco de fútbol y de deporte, que librar una batalla contra el gremio arbitral o la organización no da sino resultados lamentables. Que se lo digan a Ferrari, Renault o McLaren por Fernando Alonso. O a Ibrahimovic o Etoo, expulsados del Barça de Guardiola pese a su gran calidad: lo primero es lo primero…

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