Los Beyos del Sella, la radiografía de un paisaje, por Javier G. Caso (@javicasopress)

Gerardo y Daniel López publican "Los Beyos del Sella. De la Foz de Covarcil al valle glaciar de Arcenorio"

La ermita de Arcenoriu, en la portada del libro.

JAVIER G. CASO

La publicación de un libro siempre es una buena noticia. Si además son sus propios autores los que se deciden a editarlo y ponerlo a disposición del público, entonces el mérito es doble. Ese es el caso de Los Beyos del Sella. De la Foz de Covarcil al valle glaciar de Arcenorio. Este libro, escrito a medias por los cangueses, padre e hijo, Gerardo y Daniel López, es fruto de muchos años de trabajo e investigación a pie de obra. O lo que es lo mismo, sobre este territorio de orografía vertical. El volumen cuenta con 224 páginas y su portada está presidida por una foto de la ermita de Arcenoriu. Ilustran el libro numerosas fotografías, muchas de ellas históricas. Algunas, además, nunca antes habían sido publicadas. Su tirada ha sido de un millar de ejemplares, lo que no está nada mal en estos tiempos de crisis, distribuidos en librerías de Cangas de Onís, Oviedo, Gijón, Nava, Infiesto y Arriondas, así como en varios negocios del concejo de Ponga.

El libro constituye una perfecta radiografía de un territorio que ocupa una superficie de 5.896 hectáreas, ubicado en una esquina del Parque Natural de Ponga y que según sus autores constituye un paisaje "muy quebrado que alcanza su máximo esplendor entorno a la Foz de Covarcil". En la primera parte de la publicación se abordan asuntos tales como el perímetro geográfico y la cuenca hidrográfica de los Beyos del Sella, antes de dar paso a un epígrafe dedicado a cuestiones etimológicas acerca de términos como beyu o abellugar.  En este apartado del libro sus autores se aferran al original y primigenio término de foz, en su día sustituido por el desfiladero.
Otro capítulo importante es el dedicado a los pueblos pastores que desde tiempos inmemoriales ocupan esa geografía vertical que son los Beyos del Sella. Aquellos pobladores, tal y como se explica en el libro, es instalaron en 16 aldeas, muchas de ellas deshabitadas hoy en día. Tal es el caso de Rubriellos, Tolivia, La Caviella o Biamón. Gerardo y Daniel López desmenuzan y explican cómo se desarrollaron las actividades agrícolas y ganaderas de los beyuscos, organizados entorno a tres espacios: la aldea y sus terrenos circundantes, conquistados a base de aterrazamientos; los pastizales intermedios colgados de la Foz de Covarcil, y los pastizales de verano, como los del valle de Arcenoriu. El libro nos habla de pueblos "colgados del desfiladero", como San Ignacio o Casielles y de otros más retirados, como Viboli o Viegu. En los primeros se practicaba un pastoreo exclusivo de cabras en majadas ubicadas en las verticales laderas del mismísimo desfiladero de los Beyos. En los pueblos más retirados también practicaban el pastoreo de cabras, pero a la vez tenían ovejas y vacas.

La arquitectura de los Beyos, sencilla y de volumetría muy reducida tiene su propio espacio en el libro. A la hora de describir el modelo de casa beyusca tradicional, se explica al lector que era pequeña, casi lilliputiense, de altura moderada y con corredor en su fachada principal. Las chozas y las cabañas también son descritas en  el libro.

El producto estrella de este territorio del Alto Sella, el queso de los Beyos, protagoniza otro de los apartados de esta monografía. Se trata de un producto en su día elaborado casi en exclusiva con leche de cabra, detallan Gerardo y Daniel López, quienes los describen como "esos quesos pequeños y de fácil trasiego, guardan relación estrecha con la escasez de suelo llano, el rebaño de cabras bermeyas, la autosuficiencia y la posibilidad de esquivar el invierno que otorgan los vertiginosos cambios de cota, tan acertadamente aprovechados por los pastores de pared".

Los Beyos del Sella.18 siglos de aislamiento. Así se titula el capítulo del libro que nos habla de un territorio que, según sus autores, permaneció aislado del mundo hasta finales del siglo XIX cuando se construyó la carretera del Pontón, precisamente a través del desfiladero del Sella. A su vez se habla de la Senda del Arcediano, el Camín de los Arrieros o la Senda del Beyu, todos anteriores a la carretera del Pontón, abierta de forma definitiva a finales de la década de 1880. Su trazado es muy anterior, de 1846. Y su proyecto había sido aprobado en 1852. De esa carretera fueron brotando a lo largo del siglo XX otras carreteras locales: en 1920 la de Viegu; la de Viboli fue una realidad en 1952 y en 1988 la que sube de El Cándanu hasta Casielles, tal y como nos explican los dos autores de Los Beyos del Sella. De la Foz de Covarcil al valle glaciar de Arcenorio. Y de las comunicaciones por el desfiladero a las cumbres. El libro describe a su vez los tres cordales que coronan la orografía de los Beyos: el cordal de Arcenoriu, el del Collau Zorru y el de Beza. A su vez se describen los puertos de Arcenoriu y Cazoli, así como el bosque de Peloñu. Interesantísimo es el capítulo dedicado a la intrahistoria de ese lugar mágico que es el caserío de Llue, habitado hasta los años 50 del siglo pasado. Completan el libro, a modo de invitación para recorrer los duros paisajes de los Beyos, las descripciones de una quincena de itinerarios de montaña, así como de tres travesías.



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