Lo que ahora toca es sumar, señor Iglesias, por Javier Astasio



He de confesar que, desde que sé de la creación de la plataforma Ahora en Común, que esta tarde se presenta en Madrid me estoy más tranquilo t mucho más optimista de cara a las próximas elecciones generales y reconozco que la noticia me ha entusiasmado tanto como me entusiasmo conocer el acuerdo para la creación de Barcelona en Comí que, finalmente, ha llevado a Ada Colau a la alcaldía de Barcelona.
Es triste ver como un éxito que es de todos se estrangula por el personalismo de algunos, es malo ver cómo, en la puerta que hemos abierto entre todos, sí, entre todos, se ha establecido un peaje en el que se obliga a quien quiera pasar a renunciar a su nombre y apellidos y, como en una secta o una orden religiosa, que no deja de ser los mismo, a guardar obediencia ciega al líder. Es triste comprobar cómo Pablo Iglesias se ha hecho con las llaves del convento y no quiere en él nada ni a nadie que le haga sombra.
No me gustan los popes, lo he dicho más de una vez, y menos me gustan todas esas estructuras que los popes construyen a su alrededor que impiden cualquier atisbo de crítica, como tampoco me gustan las asambleas teledirigidas en las que la masa acaba por ser un instrumento del líder. No me gusta la masa uniforme que se convierte en instrumento de control de  la misma masa. No me gusta que, con su labia, nadie controle a nadie.
Ayer, mientras veía a Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, con los brazos en jarra, llamando de tú al primer ministro griego, Alexis Tsipras - Alexis, le decía- mientras su compañero de escaño, creo que era Miguel Urbán, guardaba una y otra vez su imagen una y otra vez "para la inmortalidad" con su smartphone, lo confieso, sentí vergüenza ajena. Creo sinceramente que Iglesias se está pasando de empoderamiento y de liderazgo y creo que su actitud de Jesucristo Superstar, abroncando a fariseos y comerciantes, unas veces, y dejándose aclamar como un profeta por sus discípulos, en la gira triunfal que, se ha montado para darse a conocer, como haría cualquier líder "castoso", resulta bastante antigua, cuando menos.
Nunca como ahora ha estado tan cerca de hacerse realidad la posibilidad de dar un vuelco, se poner patas arriba, todas estas instituciones que, desde hace años y hasta ahora, se han ido deteriorando y pervirtiendo hasta ponerlas de espaldas al pueblo, preocupadas más por los privilegios de quienes las ocupan que por los ciudadanos a quienes tienen que administrar y defender. Nunca como hasta ahora, hemos tenido tan cerca ese sueño y, sin embargo, el personalismo de algunos, su mesianismo, puede dar al traste con él.
La posibilidad de que, desde la izquierda, aunque sea una izquierda en crisis y en pleno proceso de regeneración, se dé vida a una plataforma capaz, como capaces han sido Barcelona en Comú, las mareas Gallegas o Ahora Madrid, de aunar el voto de los jóvenes airados, los decepcionados de la socialdemocracia, los asqueados con el aparato de los partidos profesionalizados y anquilosados, incapaces ya de otra cosa que defender miserables cuotas de poder, frustrando las ilusiones de una militancia deseosa de movilizarse como siempre ha hecho... la posibilidad, en fin, de que la izquierda despierte, mida sus fuerzas y las una contra quienes decretan recortes crueles de nuestro bienestar o que, manteniendo la O de obrero en sus siglas, hipotecan nuestro futuro y el de nuestros hijos dando su apoyo a un tratado comercial que echa por tierra toda nuestra cultura sindical y todas las leyes que nos hemos dado para defendernos de los abusos de las multinacionales que nos sacan la sangre para enterrar sus beneficios en paraísos fiscales, esa posibilidad no debemos dejar que se nos escape.
Por eso hay que construir una alternativa que sume, no una alternativa que, con su actitud excluyente, reste o divida todas estas fuerzas por primera vez tan dispuestas a colaborar. Cuanto más fuertes sean proyectos como es Ahora en Común, más posibilidades habrá de que Podemos se avenga a unir esas fuerzas que, gracias sin duda a su sentido de la oportunidad, pero gracias también, no hay que olvidarlo, al apoyo que muchos le dimos, potencialmente tienen ahora. Tal parece que Pablo Iglesias prefiere ser cabeza de ratón antes que sumarse a cualquier plataforma unitaria en la que sería, no necesariamente cola per si una parte de un león que nunca tendrá, insisto, como ahora la posibilidad de cambiar, si no este país, sí la manera de hacer política en este país, Y lo que toca ahora, señor Iglesias, es sumar, poner en común, nunca dictar reglas imposibles de cumplir y, por tanto, excluyentes.


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