LIQUIDACIÓN POR CESE DEL NEGOCIO, por Javier Astasio

Soy hijo de comerciante y, quizá por eso o por mero sentido común, sospecho de cualquier tipo de rebaja. Fe sobra sé que lo que se rebaja es lo que sobra y que, si nada sobra, se rebaja porque lo que falta es liquidez y que cuando se salda la mercancía no se busca el beneficio del cliente, aunque, a veces, sea una consecuencia de la operación. pero nunca para todos. Lo que busca el comerciante al rebajar sus productos es hacer caja o quitarle los clientes al vecino. No hay otra. Siempre ha sido así y así seguiré siendo.
Ayer, Cristina Cifuentes, la que llora por las finanzas de la Comunidad de Madrid, la que se queja de que las comunidades ricas tengan que mantener a las pobres, la que ha mantenido los duros recortes en Sanidad y Enseñanza, la que no suelta un céntimo para ayudas a la dependencia, anunció a bombo y platillo y por sorpresa que rebajara el IRPF, el impuesto que grava los ingresos de los ciudadanos según su cuantía, el que paga más el que más tiene, a todos los madrileños, ricos y pobres, a sabiendas de que a quienes están en paro, cobran una pensión mínima o un salario de mierda, la rebaja en nada va a afectarles, salvo en que se verán recortados aún más o no se recuperarán los servicios que se les limitaron o se les dejaron de prestar a cuenta de la crisis.
Son unas cuentas difíciles de entender las de Cifuentes. Difíciles de entender si no se incorpora a la ecuación la pieza más importante, la que despeja todas las incógnitas, que no es otra que el número de votos que espera captar entre su electorado tradicional, la cada vez más reducida clase media y los trabajadores que, tan ciegos como egoístas, no son capaces de ver que lo que ni siquiera les rebajan, porque la mayoría están exentos de declarar, se lo quitan en el copago de los medicamentos o en el deterioro que sufren, ese sí, en el estado de bienestar.
Cristina Cifuentes, que no quiere pasar a la Historia como una efímera carambola de la corrupción del PP madrileño, siente ya en su nuca el aliento de quienes se disputan con el PP el voto conservador o despistado, esa derecha más moderna y mucho más dura, Ciudadanos, a la que ahora pretende ganar por la mano la baza de la rebaja de impuestos. Nada le importa el cierren quirófanos y plantas enteras de los hospitales madrileños, nada le importa que se caigan a pedazos de viejos, ni que los médicos se vayan a ejercer al extranjero cuando la vocación no les da para soportar el deterioro que les rodea. Nada le importa que los escolares se hacinen en colegios infames sin calefacción s sin las dotaciones imprescindibles para acogerles, nada le importa que miles de ancianos vivan los últimos años de su vida confinados en pisos sin ascensor, a los que sólo la solidaridad familiar o vecinal y el esfuerzo de trabajadores sociales y sanitarios les llevan la atención necesaria.
Cifuentes y los suyos saben que la suya es una época ya agotada, que son ya muchos, demasiados, los colectivos ofendidos e indignados por su codicia, su egoísmo y su desprecio-Por ello trata de arañar como sea los votos que disimulen la debacle y que permitan que ella y sus más fieles aguanten la vela en la dura travesía que les espera en la oposición. De eso se trata, de colocar lo más presentable de su mercancía, quitándole clientes, los más posibles, a Ciudadanos para hacer más soportable la caída antes de la liquidación total por el cese de "su" negocio, antes del cierre definitivo. Y el que venga detrás, que arree.

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