Líquida, sí. Y además, mujer, por @Raqueliquida

Me gusta que un hombre me abra la puerta del coche cuando entro o salgo Que cuando me arreglo mi chico, o mis compañeros, lo noten y no tengan problema en decirme “qué guapa estás hoy”. Me sonrío si noto una mirada disimulada y tímida sobre mi trasero. Me encanta que, tras una jornada de sexo, haya un ratito de caricias, abrazo y conversación sin que mi “hombre” se duerma. Me vuelve loca ir de compras, probarme zapatos sin parar, vestirme sexy, desvestirme un montón de veces porque no voy suficientemente sexy, frivolizar, criticar a las famosas por estar retocadas con Photoshop… Sí. Soy una mujer.

... Esta es una de mis pasiones...

… Esta es una de mis pasiones…

Y como tal supongo que me verá cualquiera. Por eso no me molestó en absoluto que el otro día un bodeguero con pinta de Briatore nos llamara, a mí y a mis compañeras periodistas (éramos un grupo, todo sea dicho, inédito, únicamente formado por mujeres) en plena expedición vinícola, “niñas”. ¡Nada menos! “Pues mira qué bien”, pensé yo, “a este tipo, a mis 36 añazos, le sigo pareciendo una niña”. Y me quedé tan ancha con mi pensamiento, algo frívolo, reconozco, mientras algunas de mis colegas (a las que respeto y admiro) se miraban con una evidente cara de mosqueo.

... Esta es otra... mmm el champagne y los colegas. Aquí, moneando con Rosa Veloso, estupenda fotógrafa gastronómica

… Esta es otra… mmm el champagne y los colegas

Después del episodio y alguno más aludiendo a la inusual situación de que un grupo de profesionales del vino estuviera compuesto solo por mujeres, me decidí a escribir este post contando la anécdota. Soy una mujer (para algunos, incluso una niña) y también, sí, también, soy una profesional. Mientras el cuerpo aguante y pueda vivir de ello, una profesional del periodismo vinícola. Y de los destilados, que es muy de hombres eso (o se lo parece a muchos). Y me gusta que se me note que lo soy. Por eso cuando escucho un comentario que une mi condición de mujer, y relativamente joven, a mi (también relativa) experiencia profesional en el mundo líquido, ni me molesto en afectarme. Estoy por encima. Sin dudarlo.

¡Me encanta mi trabajo! ¡Y adoro el whisky!

¡Me encanta mi trabajo! ¡Y adoro el whisky!

Y me quedé tan ancha por ese comentario no desprovisto de inocencia porque sé que estamos aquí desde hace tanto como los hombres (no en el caso de la prensa vinícola, pero sí en otros ámbitos del vino), solo que muchas veces no hacemos tanto ruido. Sabemos lo que es “la maloláctica”. Estamos aquí y no nos vamos a ir. Porque hacemos falta, con nuestros puntos de vista, iguales o distintos a veces, con nuestra experiencia, nuestra energía, nuestra paciencia ante discursos ridículos sobre el sexo del vino, con nuestro toque femenino, como profesionales, como mujeres… como amantes líquidas al fin y al cabo. Y al que no le guste, que no nos lea, o que no nos mire el culo.

... Y por supuesto, ¡¡adoro el vino y sus gentes!!

… Y por supuesto, ¡¡adoro el vino y sus gentes!!

*Dedicado a mis compañeras de viaje, ellas saben quiénes son, y al grupo de hombres del vino que nos acompañó durante un par de veladas sorprendido, y encantado, de tenernos entre ellos. ¿Cumplirán su promesa de colocar una placa conmemorando el día en que un grupo de mujeres periodistas, sin un solo hombre entre ellas, se les presentó en la bodega? Ahí lo dejo…

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*