Límite: 8 años, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

Hay que establecer, sin ninguna duda y de manera urgente, un límite temporal para el ejercicio de la ‘profesión política’. Del mismo modo que en algunos países existe un tope de dos mandatos para sus jefes de Estado o primeros ministros, la medida podría hacerse extensible a todos los estratos de dirigentes públicos. Alcaldes, concejales, diputados, parlamentarios autonómicos… todos. ¿Radicalismo?, ¿demagogia? Compruébenlo ustedes mismos en este vídeo, a partir del minuto 33:30. Con cinco minutos será suficiente.

¿Listo? Bien. Esas dos papagayas que aparecen repitiendo como loros los discursos de sus partidos son, para nuestra desgracia y el bochorno general, las portavoces de la Comisión de Empleo y Seguridad Social del Congreso de los Diputados: María del Carmen Álvarez-Arenas Cisneros (diputada del PP por Madrid) y Concha Gutiérrez del Castillo (diputada del PSOE por Jaén). En su ficha de la web del Congreso podemos leer que Álvarez-Arenas lleva dedicada a la política desde 1987. En el caso de Gutiérrez hay que recurrir a su perfil de Facebook: se emplea profesionalmente en la política desde 1990. Es decir, 25 y 22 años respectivamente. Y en 25 y 22 años lo único que han aprendido es lo que hemos visto en este vídeo. Si alguien descubre las diferencias entre estas señoras y dos hooligans discutiendo borrachos en la barra de un bar que levante la mano.

Conviene recordar aquí, aunque sea de pasada, el sueldo de los diputados españoles (en cifras netas, para abreviar): base de 2.300 más 1.760 por alojamiento y desplazamiento (que no tributan) y una media de 1.300 por pertenencia a comisiones. Sin sumar otros gastos (como 250 euros al mes de tarjeta de taxi y las dietas por desplazamiento que rondan los 130 euros diarios) tenemos, como poco, 5.360 euros. Para lo que hace la gran mayoría -siempre hay honrosas excepciones- no está mal, ¿verdad?

Ya lo decía Lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La vocación política es admirable, pero debe limitarse. Del mismo modo que aprobamos leyes de igualdad para evitar discriminaciones (y justificamos con que ‘hay mujeres igual de capaces que los hombres para desarrollar un determinado puesto’ -que es una verdad como un templo-), también hay miles de personas dispuestas y capacitadas para gestionar la cosa pública.

Ahora no necesitamos espectáculos bochornosos de mediocres discutiendo sin sentido.  Ahora, más que nunca, necesitamos política y políticos de altura.

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