Lección de dignidad, por Javier Astasio



Aunque tratan de convencernos de lo contrario, incluso desde el idioma, decir no está muchas veces más cerca de construir que humillarse en síes que anulan y someten, De hecho, el ser humano, de niño, comienza a afirmar su personalidad con noes, a veces solo con gestos, a veces con esa sílaba única con que dos de cada tres griegos que votaron ayer dijeron basta a las penurias impuestas desde Bruselas.
Ayer, yo había puesto mis esperanzas en la victoria del "OXI", entre otras cosas, porque ya era hora de que alguien dijese NO a la fría burocracia de Bruselas, no desde el egoísmo de quienes no quieren compartir, sino el de quienes están cansados de quedarse siempre la botella medio vacía, empujados por gobernantes más pendientes de su bolsillo y el de sus amigos que del bienestar de quienes les han dado sus votos.
El gobierno y el pueblo griego dieron ayer una lección de democracia. Los griegos dijeron NO a esa terrible austeridad sin esperanza que hace ya seis años les impuso la troika, la misma troika que acabó con el socialdemócrata Papandreu por haber tenido la osadía de proponer una consulta similar a esa en que ayer se expresaron los griegos.
Después de conocer el resultado de la consulta, mucho más amplio, incluso, de lo esperado, no queda más remedio que ponerse a pensar en qué sería Europa, la Unión Europea, si todas y cada una de las decisiones transcendentales que afectan a cada uno de los países que la integran se hubiesen consultado a sus ciudadanos. Qué sería de Europa y de Grecia, si ese referéndum que Papandreu no fue capaz de convocar o qué sería de Europa, de España y de los españoles, si Zapatero hubiese tenido el coraje de someter a una consulta democrática esa reforma del artículo 135 de nuestra constitución, por el que se antepone el pago de la deuda, no siempre lícita, al bienestar de sus ciudadanos.
Desde ayer no nos queda otro remedio que pensar en cuál será después del NO griego, la posición de los PIGS, los cuatro países, Portugal, Irlanda, Grecia y España, condenados de antemano por el resto a pagar con paro y recortes los pecados consentidos por la troika de sus gobiernos. No nos queda más remedio que pensar e cuántos parados menos habría o cuánta más riqueza se hubiese podido crear si sus gobiernos hubiesen tenido otras prioridades que liquidar a marchas forzadas un déficit muchas veces forzado por sus socios europeos.
Tampoco puedo dejar de pensar en las consecuencias de esta decisión de los griegos que frente a las amenazas, al asedio, corralito incluido, a la descomunal campaña por el "SÍ" desde dentro y fuera de Grecia, a las amenazas, frente al desprecio de personajillos como Rajoy o su televisión mercenaria al primer ministro elegido por los griegos, pese a todo ello, estos han decidido salvarle y, con él, salvar, si no su prosperidad, sí su dignidad como país.
Por más que, tras el referéndum y como algunos dicen, Grecia vaya a perder, quien más pierde es el desequilibrante bipartidismo europeo, acostumbrado a trapichear con los cambios y a mangonear en las decisiones importantes. Un bipartidismo, éste de conservadores y tibios socialdemócratas, que ha combatido de manera vergonzante al rebelde Tsipras, para aplastar en él cualquier asomo de cambio en los PIGS que ponga en peligro su hegemonía de medio siglo. Finalmente, Grecia se ha puesto en pie y, pase ya lo que pase, ha señalado el camino para los demás.
Grecia ha dicho a sus socios en Europa y al mundo que la dignidad de un pueblo está por encima de los intereses propios y ajenos, por encima de las presiones externas e internas, por encima incluso del dolor. La dignidad es lo único que queda cuando todo lo demás se ha perdido, la dignidad es la que lleva a los hombres a decidir su destino, dejar claro que su hambre y sus penurias son suyas. Los griegos dieron ayer, levantándose en votos, sin un sólo gesto de violencia, toda una lección de dignidad y democracia que a los europeos les va a costar olvidar. Lástima que, para la nueva etapa que comienza el coraje de Varoufakis haya desaparecido, aunque sólo sea de la primera línea, con su dimisión. Le vamos a echar de menos, vamos a echar de menos a ese valiente que plantó cara en solitario a tanto burócrata desalmado, hasra sacarlos de sus casillas. 


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