Las revoluciones no son legales, por Gabriel Merino

http://amimeobligaron.blogspot.es/img/claveles.jpg

Tal y como está la cosa, se impone un cambio. Lo ve el 99%. Al final, es una de las ventajas de la globalización que impuso con calzador aquel otro 1%.

 

Los políticos de poltrona se levantan esta mañana hablando de que tirar de la palanca de alarma del metro es -¡ni más ni menos que!- un sabotaje, mientras ellos se plantean dejar unos días sin efecto el acuerdo de Schengen para que no se pueda circular libremente por la UE sólo porque ellos se reúnen a contar sus dineros. Acampar en la plaza va a ser delito pero inmatricular bienes ajenos es merecedor de que se exima al mayor terrateniente de este país de pagar IBI como cualquier otro paganini. Convocarse por Internet parece ser casi ya tan constitutivo de otro delito como, por otra parte, les parece normal –política de Gran Hermano, ustedes que son tan  de libertades individuales y liberales- grabar preventivamente videos para detener a quienes se manifiestan.

 

Ayer fue 25 de abril. Y escuchando la letra de aquel Grandola Vila Morena de la incruenta revolución de los claveles de Portugal leo un verso que no ha perdido –o no debería perder, si somos de verdad demócratas-un ápice de vigencia y significado: O povo é quem mais ordena”. Sí, ministra “revolucionaria”: por más que usted diga que la soberanía popular reside en el parlamento, incluso por más que tengan -¡recuerde que circunstancialmente y por delegación de los soberanos!- merced al señor D´Hondt la mayoría absoluta de escaños, el poder no es suyo sino que reside en la gente, en el pueblo. No se me pierda.

 

Se impone un cambio, repito. Y lo saben. Ni ustedes ni quienes les imponen sus órdenes –esos que sí que no son soberanos- tienen la potestad de ser  tan profundamente injustos, por más que tengan agarrada  la sartén por el mango. Hoy no hablo de violentas tomas de la Bastilla o del Palacio de Invierno, pero saben que el mundo se plantea una revolución global ante la arbitrariedad de esa injusticia oligárquica que, encima, tiene la profunda  y amarga paradoja de que quiere sistematizarse alegando que lo hacen representándonos, con nuestros votos. Aunque saben, de hecho, que gobiernan contra nosotros y a favor de alguien que no somos nosotros.

 

Evidentemente los cambios -ya no sólo los radicales- no se hacen en redes sociales ni por ordenador, sino en la calle, como aquella de los claveles.  Pero por poéticas o incruentas que sean, las revoluciones nunca han sido legales. Ustedes sigan mirándose el ombligo y demonicen a la gente que pasa por la calle. Mientras tratan de acallar la indignación, me da que aunque la palabra suene fuerte, si al final ustedes carecen de la razón y la fuerza para darle la vuelta a este  injusto reloj de arena, pues… al final, intuyo que habrá quien lo vuelque. Y sólo hablo hoy de este primer mundo:  pero hagan oídos sordos y sigan siendo tan cicateros. Aguarden y verán.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*