Las matemáticas de la bruja Avería, por Gabriel Merino

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Viva el mal.

Viva el capital.

Viva el gobierno liberal. Y, naturalmente, el neoliberal.

Cada vez es más sencillo entender la aritmética de la bruja Avería. Lo mío es mío, pero lo tuyo –en cuanto se tercie lo mínimo, e incluso si no- también. Aparte de ser las matemáticas de la bruja Avería y de los liberales y una actualización de la doctrina Monroe, es –de siempre- la forma de pensar de los bebés: “Dame”.”Más” Egoismo puro y duro: las cosas están puestas  ahí para que yo las use.

El egoísta, además, ha conseguido dar la vuelta dialéctica a la tortilla y asegura que el lema “Si me falta algo, que lo pongan los demás” es –echándole la culpa a “los otros” o a la sociedad- el lema de lo público. Y nada más lejos: no es por ponerme marxista a hablar de plusvalías pero las cosas son –deben ser, por lógica natural- de quien las trabaja, quien las fabrica o quien las cultiva, no del duque o de la condesa por más fundaciones y desgravaciones que tengan, ni del prestamista, el usurero o la agencia de calificación,  y ni siquiera del gobierno que ostenta la mayoría absoluta que no tiene sino un poder delegado.

Pero es que hemos creado un sistema en el que el dinero se multiplica sólo, sin trabajo, innovación ni esfuerzo, a base de consumo primero y de ponerlo a rentar en un juego de azar después. Y si no lo hace exponencialmente, el sistema peta. Ese dinero ficticio o de mentira se alimenta de bosques, de capa de ozono, de países y negritos de África, de focas, de la Amazonia, pero ahora ya también lo hace  de curritos, de viejos, de niños, de personas que ya no producen y se jubilaron, de enfermos o de educadores y sanadores públicos que aprobaron su plaza por oposición. Casi todo le vale de combustible.

Siempre que hay una crisis –prácticamente desde el tiempo de los faraones- los de siempre –la iglesia, bancos, reyes y políticos de turno- se blindan y echan la culpa de todo a los débiles, a las minorías, a los emigrantes, a los diferentes, a los disidentes, a los aplastados, a los pobres convirtiéndoles en anatema: lo malo es que la mayoria de los gobernados por esa casta acusadora van y se lo creen, no sé si por miedo, por ignorancia o por comodidad.  Tiene que producirse una matemática tan clara  -una conjunción de astros tan exacta- como los 10.000 millones de euros que un día se restan por un lado a la sanidad y educación pública para dárselo al siguiente al banco usurero, pelotacero y de activos malos para que la gente se de cuenta o reaccione mínimamente. Aunque estas situaciones siempre son caldo de cultivo para totalitaristas, lepenes o esos neonazis que hacen recibir al lider en pie a la rueda de prensa, porque su discurso contra los débiles cala: se quejan, por ejemplo, de esos mismos inmigrantes a los que quienes montaron la burbuja inmobiliaria llamaron a la puerta de sus paises para que vinieran a poner ladrillos por cuatro duros y que se forraran esos que ahora piden rescates. Entonces, haciendo pisos de mierda –para el que ponía ladrillo- humo –para el comprador imposible- y oro –para ellos- eramos la novena economía productiva del mundo y nuestro sistema bancario el más saneado del universo.

Pues hoy, aquellos ladrillos se llaman “activos malos” y después de que forraron el riñón a alguien los tenemos que pagar los de siempre. La matemática de la bruja Avería. Viva el mal. Viva el capital.

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