Las estructuras de Gallardón y las mujeres, por Javier Astasio

La derecha - y no digamos la iglesia, a la que tan bien leva con ella y viceversa- nunca ha entendido que los derechos, conquistadosalgunos tras décadas de lucha, están ahí para ejercerlos… o no, porque optares, precisamente, el primero de los derechos.
Como os digo, la derecha no lo entiende. Si por ella fuese,careceríamos hoy del derecho al voto, las mujeres seguirían aún con la pataquebrada y en casa, pariendo niños a los que limpiarles el culito, limpiando ycocinando y, si queda tiempo, en misa o rezando el rosario. Por eso resulta másque curioso que el no hace tanto “progresista” alcalde de Madrid y hoy ministrode Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, haga bandera de la defensa del derecho delas mujer a ser madre –uno de sus derechos fundamentales, dijo- sobre el que seejercería, en su opinión, una “violencia estructural” que la llevaría aabortar.
Curioso ¿verdad? Pues me temo que este hacer bandera de unade las consignas de lo más ultramontano del movimiento Pro Vida no va a ser laúnica sorpresa del ministro, a veces pavisoso, a veces demasiado “alegre” yliberal, que, ahora que ya pisa Moncloa, está dispuesto a vestirse de lo quehaga falta –o a quitarse el disfraz que le ha llevado hasta ahí- con tal depostularse como delfín para el PP.
No conozco el entorno familiar del ministro, pero me temoque su esposa, hija del que fuera ministro responsable del partido único deldictador, no sufrió ha tenido oportunidad de sufrir esa violencia estructuralde la que habla. Además, estoy seguro de que apenas se ha parado a pensar enesas limpiadoras que “hacen” su despacho actual y los pasados ganando lo justopara sacar adelante a los hijos que tienen y para las que un nuevo embarazo,con un hombre al que probablemente ya no quieren y en un momento en que noquieren, supondría una verdadera tragedia.
La derecha que todos nos imaginamos no es capaz de imaginarestos dramas que se vienen repitiendo desde tiempos inmemoriales y que las másde las veces acaban en la interrupción de esos embarazos no siempre, y muchomás antes, en condiciones de higiene y seguridad suficientes.
El ministro y con él la derecha a la que representa quierenconvertirse en paladines de la mujer. Sin embargo, en cuanto se salen de lafrase grandilocuente y abstracta, se les ve el plumero. Así, el diputadoSantiago Cervera, que parece haberse convertido en el escudero del ministro, haintentado por dos veces en las últimas horas justificar a “su señor” y lo hahecho insistiendo en que la decisión de llevar a cabo un embarazo es cosa dedos, planteando que una mujer no debería interrumpirlo sin el consentimientodel “embarazador”.
Es otra vez la visión que tiene la derecha nacional católicade la mujer, propia,  como altar de lareproducción y fábrica de hijos. Ellos tienen claro que la maternidad, lo dijoayer el ministro, tienen como valor fundamental su derecho a la maternidad. Noparece importarles tanto el derecho a que la mujer decida y decida librementesobre su vida y sobre su cuerpo.
Haría muy bien Gallardón en mantener cerrada su boquita yaliviarnos de su tan nasal y desagradable voz y, si en realidad le preocupa elderecho de las mujereas a ser madres, debería probar a proponer  un verdadero sistema de protección a lamujer, similar al que existe en algunos países del norte de Europa, y alejadode esas monjas secuestradoras de niños llegados en mal momento o de mecanismosde redistribución de los recién nacidos entre familias bien vistas por elsistema.
Desde luego, el ministro que tanto se fija en las mujeres,al menos en algunas, no podía haber escogido mejor día para hacer un sieteen  su ya ajado disfraz de progresista.
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