Las dos caras de Change.org, por @LorenaCan0

Millones de ciudadanos han conseguido en los últimos años recabar decenas de miles de firmas a través de la plataforma Change.org para acabar con innumerables injusticias. Cien millones de usuarios en 196 países hacen uso de esta herramienta a diario.

Una web que les permite hacer llegar sus peticiones al mundo entero, en la mayoría de los casos con el objetivo de hacer de este planeta un lugar mejor. Sin embargo, nadie se ha parado a pensar en que esta plataforma al servicio de los ciudadanos acoge todo tipo de peticiones, unas buenas y otras no tanto. Y a los hechos nos remitimos.

Por ejemplo, la plataforma Stop Estafadores, asociación de afectados por prácticas fraudulentas de prestamistas de capital privado, a través de Change.org pide ayuda para Monchi, una mujer que dice haber sido estafa por un prestamista. La presión y la falta de ayuda hizo que su marido se quitara la vida, y ahora ella pide desesperada 150.000 firmas que apoyen su causa, para hacerlas llegar al Gobierno español y que “legisle para impedir la usura y que miles de familias sean estafadas cada año”. Sin duda una petición a todas luces necesaria.

Pero la cosa cambia cuando nos topamos con el titular “No a la petición que incita al odio y a la discriminación de los musulmanes”. Es una solicitud hecha por Musulmanes contra la islamofobia. Seguimos leyendo, y no damos crédito. Este grupo pide a Change.org, y a su responsable en España Francisco Polo, que eliminen una petición de Change.org contra la apertura de mezquitas en España. Una solicitud que incita al racismo y a la islamofobia, y que sigue abierta a recoger firmas. ¿En serio? De las 5.000 firmas que pide una tal Ana Sánchez, a estas horas ha recabado 3.711. Frases como “no queremos vivir en un país islamizado” o “no queremos ni más mezquitas ni más refugiados o emigrantes con raíces musulmanas”, justifican la petición que solicita, además, la deportación de los inmigrantes de España.

Una plataforma que se presenta como un lugar al que acudir para, a través de la recogida de firmas, “pasar a la acción” y “adoptar decisiones para lograr soluciones”, no puede acoger solicitudes que inciten al odio y al racismo. Porque su función social pasa a ser un papel vergonzoso, injusto y hasta anticonstitucional. En la vida no todo vale, aunque está claro que de esta manera Change.org hace honor a su eslogan que asegura que “cualquier persona puede iniciar una petición”.

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