LA VIEJA IZQUIERDA, por Javier Astasio



"Ni pidas a quien pidió, reza un viejo aserto, ni sirvas a quien sirvió". Un aserto que traduce en dos frases lo que suele ocurrirle a quien muda "para bien", o sea hacía arriba, de condición. Y lo que suele ocurrirle, por desgracia, es que olvida, cuando no desprecia, lo que fue.
Algo tan lamentable, porque dice poco de la condición humana, es lo que le ha ocurrido al secretario de Organización del PSOE, el riojano César Luena, quien a sus treinta y seis años, o sea, nacido cinco años después de la muerte del dictador, en plena efervescencia democrática, se permite hacer chanza, si no despreciar, aquella izquierda que, durante los cuarenta años del franquismo mantuvo vivas en este país la llama de la resistencia a la dictadura y la esperanza de que este país volviese a ser lo que nunca debió dejar de ser. Un desprecio que no es nuevo en su partido porque, no hay que olvidarlo, ya en plena transición, cuando aún se encarcelaba a comunistas por el hecho de serlo, al entonces secretario general de su partido, Felipe González, no le hizo gracia que Adolfo Suárez legalizase el Partido Comunista, a las puertas de las primeras elecciones democráticas.
Seguro que nadie le ha contado al "aguerrido" César Luena, el secretario de organización incapaz de organizar su partido, que ese partido llegó al gobierno de los ayuntamientos de la mano del Partido Comunista de España, ese sobre el que hoy ironiza y previene a quienes le quieren escuchar. Claro que tuvo que, si llegó a enterarse, tuvo que ser de oídas, porque Luena parece de esos que creen que la tierra echó a andar cuando él llego al mundo y se parará cuando se vaya.
Esa vieja izquierda que hoy desprecia quien es mano derecha de Pedro Sánchez, es la que, a través de la lucha, durante mucho tiempo clandestina, de los sindicatos, especialmente Comisiones Obreras, y de las asociaciones de vecinos puso las bases de la estructura que mantuvo la esperanza de que, algún día, este país dejase de estar gobernado por la derecha. Por eso, César Luena, ahora que el PSOE está más cerca que nunca de la derecha, vieja o nueva, y a los hechos me remito, se permite ironizar sobre la probable alianza de la izquierda a la izquierda del PSOE, aunque bastaría decir "la izquierda", y, si lo hace, es porque puede superarles, porque, juntos, Podemos y sus mareas, Izquierda Unida y su UP y cuantas fuerzas quieran sumarse a esa coalición, pueden superar las barreras de la tan perversa Ley D'Hont, haciéndose con los "restos" que, en las pequeñas circunscripciones, han otorgado siempre los escaños a los dos grandes partidos.
Luena, que ha unido su destino a Pedro Sánchez, quizá porque ni uno ni otro tenían donde elegir, sabe que, si la temida coalición cuaja y obtiene más escaños de los que Podemos e IU-UP obtuvieron por separado, su destino y quizá ´también el de su partido estaría escrito y no para su bien. Luena sabe de sobra que, pase lo que pase, su partido, tocado por su excesiva cercanía a Ciudadanos y su sectarismo frente a Podemos, tiene las horas contadas, al menos con su actual estructura. Y sabe, o debiera saber, que esa "gran coalición" que alientan alguno de sus barones y el "parque jurásico" que dormita en sus despachos, los de sus fundaciones y algún que otro consejo de administración, sería el final para un partido que fue parte de la vieja izquierda y que lleva tiempo renegando del sudor, del olor a lejía y a cocina y de los monos grasientos o sucios de cemento, porque, desde hace ya demasiado tempo, en vez de pisar el suelo, lo que pisan es una mullida moqueta.
A César Luena no le gusta, porque le da miedo, "la vieja izquierda". A mí sí me gusta la izquierda y creo que este país se merece ser gobernado por la izquierda. Y, puesto que él y su partido, el de las primeras reformas laborales, el de las corrupciones propias o las consentidas, el que, desde el sillón de gobernador del Banco de España consintió el saqueo de las cajas y las preferentes, reniegan de ella, bienvenida sea la vieja izquierda.

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