La vida, hasta los 30, es contracturada, por Josune Murgoitio (@josmurgui)

“Cada edad tiene sus cosas bonitas y feas, pero la que más se disfruta es de los 30 a los 40″, me comentaba una persona de mi entorno, respondiéndome a dos características que yo percibo entre los 20 y 30: probar aquí y allá, tomar decisiones. Hasta los 30, la vida es sencillamente complicada, refiriéndome al estilo de vida en Occidente y centrándome en las características de Euskadi y España (ya se sabe que los malos tiempos empiezan a instaurarse en las mentes). Más allá de Occidente, la vida es sin duda mucho más complicada, aunque disfrutan también de cosas muy bonitas.

Aquí, Euskadi o España, ambos a la vez, no lo sé muy bien, la vida hasta los 30 se tambalea en una sucesión de pruebas constantes: ¿qué me gusta hacer? He acabado la carrera ¿a qué me quiero dedicar? ¿cómo me gano la vida? La crisis todo lo devora, aunque a veces también resulta una buena excusa para no mover el culo. ¿Cómo me independizo? ¿Viviré toda la vida con mis padres? ¡No por Dios! Quiero ser persona, independiente me refiero, autónoma, pero no me da. Y una prueba aquí y allá, con sus gustos y pasiones, dejando un poco de lado las cuestiones del dinero o el sueldo decente, y empieza también: ¿dónde quiero vivir? ¿con quién voy a vivir?… ¿deseo vivir o me quedaré el resto de mis días con mis padres? Qué situación tan horrrorosa.

Independizarse tiene cosas buenas y malas

El sol reluce en un atardecer que se apaga. / Kadiköy, Istanbul. J.M

La victoria y la pérdida de salir de casa

 

La escasa paciencia que los jóvenes tenemos para aguantar los sermones de los que nos trajeron al mundo. “Dejadnos volar”, pienso yo. “Tomemos la decisión de hacerlo también”, me replico. Ser independiente y salir de la casa de los padres suena triunfador, si antes se hacía lo que se quería, de ahí en adelante aún más: no dar explicaciones, no escuchar sermones, ¡Tengo 28 años, por favor!. Al mismo tiempo cierto vértigo, miedo, reparo, verte ante la situación: eres responsable de tu propia vida (yo a veces miro en mi entorno y a mí misma, siento ser tan brusca, pero me (o nos) veo como niñas super mimadas), tienes que hacer frente a gastos, quieres continuar viviendo bien (tal vez debas bajar el ritmo de zuritos, cañas y algo de viajes) y eres responsable de tu carga emocional, sales del nido, es bonito pero pierdes seguridad y protección, independientemente de que te apoyen o no.

Una de las conclusiones a las que he llegado, tras estar en Turquía, que es un país donde se aprende muchísimo sobre la vida, es que ésta consiste en tomar decisiones. He necesitado muchísimo tiempo para darme cuenta que vivir de la escritura es muy complicado, que yo no vivo de la escritura, y que no querer vivir al límite me aleja irremediablemente del tipo de periodismo que pensaba me gustaba. Lo cual me ha conducido a ampliar el campo de opciones para ganarme la vida y salir de una vez del nido, que ya es hora, si la prioridad consiste en querer compartir vida tranquila y viajar en vacaciones largas (me encantaría un mes y medio al año y creo que lo conseguiré). Qué gustazo me da escribir esto ¡! Creo que es en esta edad cuando una comienza a caminar en el sendero que le gustaría, las puertas se abren y se cierran, la realidad se impone, lo que no quiere decir que mengüen las ganas de seguir luchando por el propio proyecto personal y profesional.

Independizarse, irse de casa, ver cómo hacer

Irse de casa, pensar cómo hacerlo, tener hijos… cosas de las que se hablan/ Kadiköy. Istanbul. J.M

También me he dado cuenta de que últimamente hablo muchísimo con la gente sobre matrimonios y niños. En cuestión de dos años todo el mundo se casa y tiene hijos. ¿Se activa determinado chip, quizá empujado por presión social, o se trata de algo instintivo? No tengo ni idea la verdad.

Me imagino que en cada etapa se dan determinadas prioridades y circunstancias generales. Si hasta los 20 la vida consistía en pasarlo bien y estudiar para ir a la universidad o formación profesional o lo que fuera. De los 20 a los 25 suponía un movimiento extremo de un lado para otro: “no me quiero establecer en ningún sitio porque soy ciudadana del mundo y quiero pasar mi vida viajando”. Lo cierto es que tres años después, cuando las maletas empiezan a romperse de tanto moverlas y una siente lo que es la lumbargia de posturas inadecuadas en vuelos baratos, las ganas de asentarse afloran.

Pero si algo me ha quedado claro, no sé si a consecuencia de mi último viaje a Turquía o simplemente fase de vida, o edad hasta los 30, ¡que ya nos queda poco pero estamos en la flor de la vida! son dos conclusiones en las que ando pensando:

- Tú eres responsable de tu vida. Nadie debería decidir por ti. Hay que desvincularse muchísimo de la opinón ajena y, aunque sea difícil, no hacer caso.
- Nadie va a mover el culo por ti. Nadie te va a buscar un trabajo, ni va a llevar a cabo tu proyecto personal o profesional. Si tienes apoyo puedes sentir que la vida te sonríe.

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