La última bala, por Javier Astasio

 
 
 
Nos han vendido una idea romántica del guerrero en la que éste, cuando se veía perdido, guarda su última bala para quitarse la vida y alcanzar la gloria. Sin embargo hace tiempo que eso dejó de ser así. En la guerra del Vietnam, por ejemplo, más de una patrulla volvías sin el oficial al mando que, curiosamente, en aquella jungla sin salida y sin testigos era de los primeros, si no el primero, en caer. Y es que en aquella guerra tan sucia, todas lo son, pero aquella lo fue más, lo importante era poner el culo a salvo y la única forma de hacerlo era dejando a su jefe en el caminos.
Los que "hacíamos" tribunales allá a finales de los ochenta también sabemos de eso, porque fuimos testigos de cómo Amedo y Domínguez, al verse perdidos por su zafiedad, después de aquella vida regalada y miserable a un tiempo, en la que fueron dejando la huella de su visa por los hoteles donde "contrataban" los atentados, guardaban su última bala, hecha de papeles y memoria, para sus jefes, Vera y Barrionuevo incluidos, que acabaron dando con sus huesos en prisión.
Los contables, que demasiadas veces acaban lavando la ropa interior y las sábanas de sus jefes, no se caracterizan por su grandeza, Fue un contable despechado el que acabó destapando las entrañas del caso FILESA y suelen ser las contables, acostumbrados a anotarlo todo en sus asientos de cuentas, los que procuran siempre guardar pólvora de aquí y de allá para cargar esa última bala con la que chantajear s sus clientes y, si es necesario, arrastrarlos con ellos al hoyo.
Bárcenas es de esos y la letra afilada que hoy, por fin, podemos ver en las páginas de EL PAÍS, va a abrir demasiadas heridas en el Partido Popular, heridas que, cuanto más tarde se limpien, más pronto derivarán en gangrena mortal. Pero, por lo poco que se ha dicho en el Gobierno y el partido que lo sustenta, no están por la cirugía y, como acabo de comentarle a una amiga, esto no ha hecho más que comenzar.
Ya sabréis que soy, para algunas cosas y algunas personas, muy desconfiado y recuerdo que, en aquel "Tengo una pregunta para usted" en que un Rajoy todavía en la oposición no fue capaz de responder a un ciudadano que le hizo la pregunta más simple que cabe imaginar, que casi siempre resulta la más dura: "Cuánto gana usted, señor Rajoy". Rajoy, como digo, no fue capaz de responder y tuvo que ser su partido el que días después aclarase el dato. Os aseguro que me mosqueé y que ya entonces tuve la sospecha de que los ingresos del hoy presidente eran mucho más complicados que los que figuran en una nómina a fin de mes. Estaba cantado y sólo era cuestión de tiempo que saliese a la luz.
Pero no cantemos victoria, estos de la calle Génova son de sostenella y no enmendalla. Pasan con un cinismo escalofriante del no me costa, al que me enseñen los papeles y, de ahí, al todo es legal y está declarado a Hacienda. Ya os he dicho que soy un malpensado y creo que la polémica amnistía fiscal no estaba prevista para Bárcenas, al menos no sólo para Bárcenas. Sospecho, tengo derecho a hacerlo, que esa amnistía está también prevista para que quienes recibían los sobres puedan regularizar sus negros sobresueldos ¿Y qué quiero decir con esto? Simplemente, que, con esta y otras argucias, que sin duda las habrá, arreglarán su situación legal. La otra, la ética, la moral... la estética, se encargarán de arreglarla los otros escribientes a sueldo -según los papeles publicados hoy Federico Jiménez Losantos recibió para su negocio 36.000 euros tan negros como su pensamiento- que desde las ondas, las tertulias televisivas y las primeras de sus tebeos darán una mano de pintura "de color de rosa" a tanta mierda como está aflorando. Eso, por no hablar de los empresarios, entre ellos el señor Roig, patrón de Mercadona, que ya sabemos por qué tanto suspira por la corrupta China.
Bárcenas ha disparado su última bala, Y no la ha dirigido a su cabeza. Ha ido dirigida a su vecino de despacho, hoy en La Moncloa. Habrá que ver como Rajoy capea el temporal, ahora que, agotado el "tocomocho" de la burbuja inmobiliaria, cientos de miles de ciudadanos, algunos, votantes del PP, han caído por debajo del umbral de la pobreza, mientras quienes deciden su miseria cobraban lo que a ellos se les niega "en negro".
A ver qué dicen tantos meapilas -estoy pensando en Mayor Oreja- y predicadores de la honradez y la limpieza -qué dira hoy Montoro- de toda esta basura que tenía el PP en sus cloacas.
 
 
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