La realidad y Rajoy, por Javier Astasio

 
 
Escucho en un resumen de prensa radiofónico que Rajoy culpa del incumplimiento del programa con que llegó a la Moncloa en la realidad. Pues, la verdad, llevar toda la razón al quejarse, porque, acostumbrado como estaba a moldear la voluntad de los electores a base de exageraciones, mentiras y falsas promesas, debe resultarle muy duro comprobar que la realidad, eso que reemplaza a los espejismos y las falsas ilusiones se haya manifestado por fin ante los ciudadanos, por más que sus ministros y "sus" periódicos se hayan empeñado y se empeñen en negarla.
Hablando de periódicos, confieso que me he indignado cuando, al acudir a la edición digital de ABC para comprobar que, efectivamente, lo que creía haber escuchado era cierto, he leído el titular del periódico conservador, un titular que no es otro que éste "La primera entrevista en prensa de Mariano Rajoy, en ABC". Menudo autobombo, he pensado. Pero, de inmediato, he caído en la cuenta de que es tan cierto como reseñable: el presidente del gobierno de un país que tiene casi cincuenta millones de habitantes de los que casi la décima parte está en paro, el presidente de un país acosado por las deudas y que desde hace meses tiene su economía paralizada, el presidente de un país cuya banca está en absoluto entredicho, el presiente de un país en el que la sanidad y la educación se están desmantelado a marchas forzadas, el presidente de un país en el que los funcionarios, quienes mueven la máquina del Estado, han visto disminuir su poder adquisitivo en un 36%, Mariano Rajoy Brey, ha tardado más de seis meses en conceder su primera entrevista a un medio impreso. Desde luego, ABC hace bien en apuntarse el mérito de haber roto tan clamoroso silencio y destacar eso que es quizá lo único reseñable de tan larga conversación.
Pero, volviendo a la tozuda realidad, lo que Rajoy parece ignorar es que esa realidad que tuerce sus sus planes y que yo, como él mismo, no puedo creer que le fuese desconocida, lleva meses, si no años fastidiando la vida de millones de españoles a los que no sólo les impide cumplir un programa, sino que les está impidiendo vivir como quieren y merecen.
No hace tanto que España era un país alegre y confiado, con su puntito de mala leche, bendita mala leche que ayuda a vivir, pero alegre y confiado. Hoy, el nuestro es un país triste, amargado y, sobre todo, desconfiado, muy desconfiado, porque le han mentido tanto que, como el gato escaldado, ya no puede creer ni a quien le dice la verdad.
Es una lástima que las cosas sean así, pero lo son. Nos mienten a cada minuto, retuercen la realidad que no les gusta, propagan rumores en los que Andalucía aparece como una comunidad en bancarrota y, luego, es Valencia, la estrella de la gestión aznarista del Estado, la que más podrida está por dentro, tanto que necesita 4.500 millones de euros para no declararse en bancarrota. Nos engañan con los datos y nos engañan con los plazos. La mayor parte de su tiempo la emplean en buscar palabras que escondan esa realidad que ahora les impide cumplir su programa, ese programa de duros a peseta y nubes de colores con que engatusaron a tantos españoles que hoy se cortarían la mano antes que volver a votarles.
Dice Rajoy que la realidad le ha impedido cumplir su programa. Pues que sepa que él y los suyos me están impidiendo, nos están impidiendo, ser felices.
 
 
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