La ONU advierte sobre los asesinatos con drones, por @CarlosPenedoC

Los nuevos sistemas de armas pueden decidir a quién matar sin la intervención de la voluntad humana. Estos son los nuevos robots mortíferos que prepara la industria

Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.

"Después de la pólvora y las armas nucleares, el desarrollo de sistemas de armamentos robóticos constituye una tercera y peligrosa revolución en el campo militar", sentencia un informe del relator de la ONU sobre las ejecuciones extrajudiciales y arbitrarias. En el documento presentado en Ginebra ante el Consejo de Derechos Humanos el pasado 30 de mayo, su autor, el experto sudafricano en derechos humanos Christof Heyns, pide una moratoria en el uso de esos artefactos.
La evolución natural del progreso tecnológico en los sistemas de armas y de los actuales aviones no tripulados es el desarrollo de robots letales, armas autónomas que una vez activadas tomarán sus propias decisiones sobre la selección de los objetivos y la vida o la muerte de personas.
Lejos de la ciencia ficción, se trata de un asunto en estudio tanto por Naciones Unidas como por la Unión Europea, ONG internacionales como Human Rights Watch y que analiza también el mismo Ministerio de Defensa de EE.UU.
El texto sostiene que, de incorporarse los robots letales autónomos a los arsenales de los Estados, se añadiría una nueva dimensión a la realidad que ya se vive con los drones, que matan por control remoto.
El experto recomienda a la propia ONU que convoque a los Estados a establecer una moratoria sobre las pruebas, producción y ensamblaje de esos artefactos, hasta que se pueda establecer la factibilidad de su uso en el futuro en consonancia con los cánones del derecho internacional humanitario.
Asimismo, invita a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos a convocar un panel de expertos en ética, filosofía, robótica, temas militares, al igual que a diplomáticos y especialistas en el manejo de conflictos para que evalúen los aspectos legales, éticos y políticos sobre el uso de esos robots.
El informe menciona sistemas robóticos ya existentes hoy con diversos grados de autonomía y poder real:

  • El sistema Phalanx de los Estados Unidos para cruceros de la clase Aegis, que detecta, rastrea y responde automáticamente a los ataques desde el aire, por ejemplo los realizados con misiles antibuque y aeronaves.
  • El sistema de defensa contra ataques con cohetes, artillería y morteros (C-RAM) de los Estados Unidos, que permite interceptar automáticamente cohetes y proyectiles de artillería y de mortero.
  • El Harpy, de Israel, que es un sistema de armas autónomo, del tipo "dispara y desentiéndete", diseñado para detectar, interceptar y destruir transmisores de radar.
  • El Taranis, un prototipo de avión de combate no tripulado con motor de reacción, del Reino Unido, que permite buscar, identificar y localizar en forma autónoma a enemigos.
  • El Northrop Grumman X-47B, que es un prototipo de avión de caza no tripulado, fabricado por encargo de la Marina de los Estados Unidos, con capacidad para despegar y aterrizar en portaaviones y navegar de forma autónoma.
  • Los robots de vigilancia y seguridad Samsung Techwin, desplegados en la zona desmilitarizada entre la República Popular Democrática de Corea y la República de Corea, que permiten detectar objetivos mediante sensores de rayos infrarrojos. Aunque actualmente son manejados por personas, tienen un modo automático.
"Al igual que los vehículos aéreos de combate no tripulados y los asesinatos selectivos, los robots autónomos letales ofrecen motivos de preocupación con respecto a la protección de la vida en el marco del derecho internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario", avisa el informe de Naciones Unidas. Su autor se muestra partidario en este caso de "regular la tecnología a medida que se desarrolle".
Uno de los grandes peligros a los que apunta el informe de Naciones Unidas es que la utilización de estos sistemas autónomos, sin coste de vidas humanas propias, con una distancia física y psicológica respecto del empleo de la fuerza, pueda incrementar el número de conflictos armados, que dejarían de ser el último recurso en una disputa. "La mayor capacidad de los vehículos autónomos abre las posibilidades de que las naciones libren actos de guerra sin la restricción de la respuesta de sus pueblos a las pérdidas de vidas humanas", señala.
El relator de la ONU advierte además de que la tecnología de estos sistemas autónomos "comportan un vacío potencial de responsabilidad", la responsabilidad legal e incluso la penal se diluye y "puede recaer en los programadores informáticos, los fabricantes o vendedores de equipos, los jefes militares, los subordinados que despliegan esos sistemas y los dirigentes políticos".
"La guerra sin reflexión es una matanza mecánica", concluye Christof Heyns.
El relator especial de Naciones Unidas ha anunciado un nuevo informe que presentará este mismo año ante la Asamblea General sobre vehículos aéreos de combate no tripulados.

Análisis

La automatización de la guerra

Los nuevos sistemas de armas amenazan con pulverizar la frágil estructura del derecho internacional humanitario construido trabajosamente a lo largo de los últimos 150 años.
Las nuevas tecnologías traspasan el Estado nación y sus fronteras con aparente inmunidad: aviones no tripulados –drones de vigilancia y ataque constantemente volando en Líbano, seguramente en Siria, con certeza en Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia); la ciberdefensa, los sistemas autónomos sobre los que alerta Naciones Unidas como futuro al alcance de la mano..., ninguno de ellos se para ante límites administrativos.
La velocidad de los desarrollos tecnológicos ha hecho muy real la evolución en apenas una década de pequeños aparatos voladores de vigilancia sin piloto a auténticos aviones de ataque cargados con misiles. Como prueba para descreídos, el ministro de Defensa francés acaba de anunciar que su país pretende sustituir los cazas convencionales por drones no tripulados en el horizonte de 2030.
Uno de los efectos no menores de la actual tecnificación de los conflictos armados y de los sistemas de armas se ha venido en llamar "conciencia anestesiada", cierto sentimiento de impunidad fruto de la distancia emocional creciente entre los combatientes y sus víctimas, un proceso que parte ya de la segunda guerra mundial, se intensifica en Vietnam y llega hasta la ilusión tecnológica de las armas inteligentes en la primera guerra del Golfo y las operaciones con drones de la actualidad, ataques que han provocado más de 4.700 víctimas mortales en Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia desde 2001. Las decisiones se pueden tomar en Nevada u otras bases en Níger o Arabia Saudí; las víctimas, a miles o cientos de kilómetros, por ejemplo en el sur de Yemen, siete el 1 de junio.
Los sistemas automatizados van cobrando un protagonismo inusitado en los conflictos armados y también en las guerras financieras. La mitad de las operaciones en los mercados internacionales de valores -60% en la bolsa de Nueva York- responden a órdenes automatizadas, sensibles incluso a bulos por Internet no confirmados.
A pesar de los acontecimientos disruptivos de los que hoy se habla, las revoluciones suelen ser evoluciones, lo que nos debe permitir controlar el proceso, que es la recomendación de la ONU.
La gran ventaja de plantearse un escenario futuro es visualizar las implicaciones de los antecedentes en este momento. Gran parte de los peligros potenciales de los sistemas autónomos de armas ya se detectan con los drones. De la actuación hoy con ellos dependerá lo que hagamos en el futuro sobre sistemas más avanzados.
La pregunta surge al ver el final de la película "El planeta de los simios", en un contexto claro de guerra fría y destrucción nuclear mutua: qué podemos hacer hoy para evitar ese futuro.
En la guerra y en la economía, los ceros y los unos están tapando a las personas a las que dicen servir y a las víctimas. Y se difumina también la responsabilidad del que toma las decisiones.

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