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La mentira es el 'pecado', por Javier Astasio

 
Qué más tiene que pasar. para que Cristina Cifuentes, cada vez menos nocente, menos presunta. se dé cuenta de que la mentira es el pecado. La mentira, adornada por su desmedida soberbia y el absoluto desprecio por los demás que muestra en cada una de sus cada vez más escasas apariciones públicas.
Cada vez está más claro que la presidenta de la Comunidad de Madrid está abocada a un final, si no trágico, porque es evidente que, para alguien como ella, perder el poder y el prestigio sería toda una tragedia, sí, desde luego, deshonroso. Dónde iría, tras su dimisión o su derrota en la cada vez más cercana moción de censura esta señora que lleva cuatro semanas escondida o mintiendo "por tierra mar y aire, de día y de noche, en la calle o en sede parlamentaria", dónde acabaría esta mujer que, en apenas un mes, ha pasado de ser la presidenta "guay" del nuevo PP a convertirse en una apestada con la que sólo unos pocos, los más fieles, los que tienen su destino unido al suyo, los que andan en cosas parecidas a su máster, los que la temen o la necesitan, continúan arropando.
Dudo que su destino, como soñaba sea en una universidad. Están curadas de espanto y no creo que quieran entre sus muros a un personaje tan tóxico como ella, capaz de hundir en un mes el prestigio de una de las pocas instituciones que los conservaban en España. Dudo que alguna empresa, aunque "cosas veredes, amigo Sancho", quiera en su consejo de administración a un personaje tan poco de fiar como ella. En cuanto a su partido, probablemente esté dando la cara por ella porque no le queda otro remedio, porque tiene muy claro que, cuando entre en su despacho un inquilino de otro color político, los armarios, los cajones y las alfombras van a ser puestos del revés, para sacar a la luz los fantasmas y secretos de casi tres décadas de gobierno ininterrumpido, más sabiendo que sus antecesores han sido nada menos que Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre o Ignacio González.
De ahí que ella se resista y su partido la sostengan, por ejemplo, como lo hace Paloma Adrados, presidenta de la Asamblea de Madrid, que, en el más puro estilo Forcadell o Torrent, sigue sin fijar fecha para debatir la moción de censura planteada por los socialistas con el apoyo de Podemos y parece, aunque, de momento, sólo lo parece, de Ciudadanos. Después, salvo que, si finalmente hay moción y sus promotores la pierden, difícilmente volverá a ser la candidata de un partido, el PP de Madrid, seriamente tocado y dividido por éste y otros asuntos parecidos.
Los que la defienden son cada vez menos. La prensa más fin, junto a los medios públicos bajo control del PP, prefieren pasar de puntillas sobre el máster y sus consecuencias. Su amiga María Dolores de Cospedal, poseedora de un máster igual o parecido al suyo, se ha convertido en su más ardiente y quién sabe si única defensora. En cuanto al aguerrido portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, si lo hace, parece que lo hace más por obligación del cargo que por convencimiento. Tanto es así, que ayer mismo tras esparcir basura, su propia basura, sobre Ciudadanos y el PSOE, de Cristina Cifuentes se limitó a decir en defensa de Cifuentes que su máster "se lo dieron y lo pagó", todo un acto fallido por el que en cierto modo admitía el regalo y negaba el esfuerzo de la huidiza presidenta.
La renuncia de Cifuentes "a su máster", un gesto inútil previo a ser despojado de él, fue algo parecido a lo de Hernando, porque, pretendiendo ponerse a salvo de toda culpa, admitiendo haber gozado de  todas las ventajas que ya se han evidenciado, "condiciones preferenciales" acaba de decir Hernando en la SER, no hizo otra cos que admitir que desde el día que se supo de la modificación de sus notas, desde que, esa misma noche, exhibió el acta falsificada que le fabricaron como coartada, no ha hecho otra cosa que mentir y aunque, a quien, por la facilidad con que miente, le cueste creerlo, la mentira, señores, es el pecado y, dependiendo de dónde y cómo se mienta, también es el delito.