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La maldición de Hill House: una mezcla perfecta de terror y drama, por @MartaLobera

 

Bueno señores, como se nota que estamos en la temporada fuerte de series, que no paran de surgir estrenos maravillosos. Si la semana pasada os hablaba de lo maravillosa y mamarracha que es Élite, hoy vengo con otra nueva serie de Netflix, que no tiene nada que ver pero que es hasta más adictiva: La maldición de Hill House.

Qué maravilla, amigas, esta serie me ha dado la vida estos días y no solo porque sea entretenida, sino porque es realmente buena. Es una delicia ver una serie de terror de verdad (American Horror Story hace tiempo que se olvidó de eso, aunque conserve esa atmósfera inquietante) y que, además de darnos unos cuantos (bastantes) sustos, haya sabido contarnos una historia bien construida, con personajes que van más allá de los estereotipos.

Pongámonos en situación, La Maldición de Hill House es una nueva adaptación de un libro escrito por Shirley Jackson. El título quizás os suene porque en 1999 ya hubo una película basada en esta novela, The Haunting (La guarida) protagonizada por Catherine Z Jones y Liam Neeson. Sin embargo, la serie, creada por Mike Flanagan, es una adaptación bastante libre de la historia, con un argumento que se aleja bastante de la original, aunque manteniendo su atmósfera aterradora.

familia crain the haunting of hill house
© Imagen: Netflix

En la serie conocemos a los Crain, una familia formada por un matrimonio y sus 5 hijos que llegan a Hill House con la intención de reformarla para luego venderla y marcharse de allí. Durante su estancia en esa siniestra mansión viven una serie de acontecimientos que destrozan sus vidas para siempre y eso es lo que vamos viendo poco a poco en cada uno de los 10 capítulos de la temporada.

La historia está planteada en dos líneas temporales principales: el verano que los Crain pasaron en Hill House. Y el presente, en el que los protagonistas, ya adultos, se ven todavía atados a esa casa. En ocasiones estas dos líneas se entremezclan tanto que hay que estar muy atento para unir las piezas del puzzle, entender quien es quien en cada época y ordenar todo en nuestra cabeza para establecer la cronología de los hechos. Pero a diferencia de algunas otras críticas que he leído no creo que esto sea un punto negativo o que resulte confusa, ya que según  avanzan los episodios la historia se va conectando perfectamente y todo tiene un sentido.

Drama familiar envuelto en terror

La clave del éxito de la serie seguramente sea esta: que los momentos de terror no pesan más que la historia de los Crain. No se trata de una sucesión de sustos sin más para hacer gritar al espectador. Lo más importante es el drama familiar, sus consecuencias, la complicada relación que hay entre ellos, los secretos, sus miserias, sus fantasmas internos y como todo el origen de esas desgracias está en lo que experimentaron en esa terrible casa.

Por tanto, no estamos ante otra típica ficción sobre casas encantadas, porque, aunque reúne elementos clásicos y tópicos  que ya todos conocemos en este tipo de historias, el punto de vista desde el que se narra La Maldición de Hill House es distinto. Es el relato de una familia destrozada, que después de pasar años intentando dejar atrás una tragedia, se ve obligada a enfrentarse a ella de nuevo. De esta forma la serie navega entre el drama familiar, el suspense y los momentos de absoluto terror con fluidez y sin resultar nada forzado.

Carla Gugino Hill House
© Imagen: Netflix

Personajes atractivos y bien construidos

El otro pilar indiscutible son los personajes, ya que están muy bien escritos y dan profundidad a la historia. La serie se toma su tiempo en presentarnos a cada uno de los miembros de la familia Crain, nos permite conocerlos, entender lo que sufrieron y el rastro que todo eso ha dejado en su vida años después. Nos ayuda a empatizar con ellos.

A eso le sumamos un gran trabajo por parte de los actores, encabezados por Henry Thomas (nuestro Elliot en E.T) y Carla Gugino, tanto en su versión del pasado, como en su versión actual y tenemos los ingredientes perfectos para que la historia consiga engancharnos más allá de descubrir el misterio que rodea a la familia.

Una atmósfera bien conseguida

Otra de las claves del género de terror suele ser conseguir envolver la historia en una atmósfera adecuada y en este caso Mike Flanagan ha acertado también de lleno. Desde los oscuros y tenebrosos pasillos y rincones de Hill House, hasta la sensación de desasosiego y tristeza que rodea a los protagonistas, aunque estén a kilómetros de la casa maldita.

La serie combina muy bien los momentos más emotivos y desgarradores (los Crain han sufrido mucho, todo hay que decirlo) con esa tensión, esas situaciones escalofriantes, de auténtico terror. Y sí, también hay unos cuantos sustos de esos de pegar un grito o saltar de la silla, pero lo más aterrador es la historia en sí y las sensaciones que consiguen provocar tanto con la ambientación, como con la dirección o la fotografía.

Cabe destacar el maravilloso capítulo 6, rodado en largos planos secuencia y que transcurre casi en su totalidad en un espacio concreto, todo un despliegue artístico que además llega en un punto en que la historia ya nos tiene completamente atrapados.

Familia Crain Haunting of Hill House
© Imagen: Netflix

El nivel de tensión es tal que nunca sabes cuando puede aparecer un fantasma en alguno de los planos y es que la serie juega mucho con ese detalle y a lo largo de la temporada hay muchas escenas donde hay que fijarse mucho o estar muy atento para encontrar figuras fantasmales algo más camufladas.

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En definitiva, no exagero si digo que La maldición de Hill House entra de lleno en mi top de mejores estrenos del año. Para los amantes del terror resultará una delicia y para los que simplemente quieran una historia que enganche, que emociones y que de vez en cuando nos pegue un subidón de adrenalina, esta es la serie indicada. A los que ya la habéis visto ¿os ha gustado tanto como a mí?

 

 

 

 

 
 
 

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