La industria de defensa busca su sitio, por @CarlosPenedoC

  • La Fundación Alternativas apuesta por centrar los esfuerzos en unas pocas capacidades nacionales y en la integración europea.
  • Constantino Méndez: "El modelo actual de gestión de la defensa ha quedado obsoleto"

Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
El nuevo escenario estratégico y las restricciones presupuestarias han evidenciado que el modelo actual de gestión de la defensa, y del sector industrial y tecnológico ligado a ella, no responde a las necesidades. El futuro es Europa, pero mientras los países renuncian a algo de su soberanía será necesario mantener capacidades propias.
La industria de defensa española debe identificar y apostar por unas capacidades de carácter estratégico, centrar sus esfuerzos en ellas. La Fundación Alternativas acaba de presentar un informe que analiza el sector industrial español de tecnologías de la defensa y recomienda la apuesta por una defensa europea, manteniendo algunas capacidades estratégicas nacionales, aún pendientes de concretar por parte del Gobierno.
“La autonomía estratégica europea sólo puede mantenerse con una autonomía industrial”, en palabras del coordinador del estudio, Constantino Méndez, ex secretario de Estado de Defensa y también de Administraciones Públicas en diferentes gobiernos. En el informe se señala que no es posible crear la Europa de la seguridad y la defensa sin crear la industria europea de la seguridad y la defensa. A favor juegan la reducción drástica de la demanda por parte de cada uno de los socios de la UE y una fuerte competencia internacional. Sin embargo, y aunque se compartan premisas, la reestructuración de su base industrial y la creación y consolidación de un complejo militar-industrial puramente europeo “parece por el momento muy lejano a la realidad”. Cada país protege sus empresas y sigue tratando de evitar la competencia que promueve Bruselas con la excusa de la seguridad nacional, y se busca en agresivos intentos de exportación la salvación particular.
Presentación del documento, con Constantino Méndez (derecha),
coordinador del informe; Nicolás Sartorius (centro),
vicepresidente de la Fundación Alternativas; y Miguel
Ángel Ballesteros, director del IEEE.
Aunque parece claro que cada país miembro no puede financiar y desarrollar todas las capacidades y que el futuro es mancomunar esfuerzos, cada Estado continúa la inercia de proteger sus intereses nacionales. “Ningún socio es capaz de mantener todo el catálogo de capacidades”, resume Méndez, para quien la industria europea vive una crisis profunda, fruto –entre otras causas- de la drástica reducción de los presupuestos públicos, que debe llevar a una convergencia de enfoques y estrategias que “la retórica de la soberanía nacional” hace aún muy complicado, una convergencia de intereses que en cualquier caso el coordinador del estudio considera inexorable.
Para los autores del informe se están produciendo varios procesos que es necesario tener en cuenta: uno de ellos es la progresiva inclusión de la defensa en el contexto más amplio de la seguridad, es decir, que “las políticas de defensa se orientan en Europa hacia una mayor convergencia con las políticas de seguridad”. Además es importante que todos los países europeos están inmersos en un proceso que ya se viene denominando de europeización de la política de defensa, siguen caminos convergentes a ritmos y con intensidades diferentes pero bajo orientaciones similares. Asimismo se trata de impulsar una mejor articulación de la industria comunitaria de defensa sobre principios de cooperación, complementariedad y competencia. En el apartado tecnológico, ni la tecnología ni la industria ni la I+D pueden ser hoy exclusivamente militares, sino que tienen un carácter dual.
El planteamiento que ofrece la Fundación es que el sistema industrial y tecnológico de la defensa es heredero de un contexto y unas amenazas que en gran parte ya no existen o se han transformado con tanta intensidad que exigen la adaptación urgente a la nueva realidad.
 “El modelo actual de gestión de la defensa ha quedado obsoleto”, sentencia Méndez. En su opinión, referido principalmente a la I+D+i de defensa, somos herederos de un modelo cerrado de grandes organismos que en ocasiones han excedido las necesidades de los ejércitos e incluso los límites tecnológicos, a costes desmesurados. El presente y el futuro pasan por una integración de tecnologías militares y civiles –menos costosas y más versátiles- y por la gestión del conocimiento, campos donde la Unión Europea está precisamente impulsando mecanismos de apoyo. Añade la necesidad de “abandonar el modelo cerrado de innovación militar, propiciar la colaboración internacional e incorporar rápidamente la investigación a los desarrollos”.
Vista aérea de las instalaciones del INTA, principal organismo
de investigación militar español, en Torrejón (Madrid).
El objetivo declarado de la Fundación Alternativas ha sido hacer un diagnóstico de partida sobre la situación de la base industrial y tecnológica de España y definir el escenario futuro más probable.
El informe dibuja un panorama internacional con dos amplios círculos: uno el de los países que desarrollan y difunden sistemas y tecnologías críticas, y otro círculo con los países que los compran. “España ha permanecido demasiado tiempo en el segundo círculo –dice Alternativas-, pero su esfuerzo en el nuevo contexto europeo debe ir dirigido a proyectarse con sus activos y capacidades en tecnologías claves y en investigación en el primero de ellos”.
La salida no es clara ni unívoca, no hay un único camino a seguir. El informe recomienda tanto continuar con el esfuerzo exportador (la demanda nacional no es suficiente), como participar en proyectos cooperativos europeos y también mantener la fortaleza de ciertos nichos tecnológicos.
En el informe de la Fundación Alternativas se destacan determinados ámbitos donde la industria española brilla a nivel internacional y sería necesario proteger, también las carencias tecnológicas a nivel UE que reciben una atención preferente y hacia las que se orientan los mecanismos de financiación comunitarios.
Entre los elementos de fortaleza y la apuesta que debieran compartir tanto el sector público como el privado, que la industria nacional ha logrado alcanzar trabajosamente a los largo de las dos últimas décadas,  Méndez señala áreas de excelencia en temas como los materiales avanzados, estructuras aéreas, simuladores, microelectrónica, sistemas de guerra electrónica o identificación amigo/enemigo. Más allá de los activos tecnológicos de los que dispone la base industrial de la defensa, se señalan también en el sector civil nacional áreas de excelencia aplicables también a misiones de defensa y seguridad, como la gestión del tráfico aéreo y sistemas de ayudas a la navegación, telemedicina, logística, software de alto nivel, laboratorios para ensayos y certificaciones o biotecnología.
Se sugiere prestar también la máxima atención a las capacidades que la propia Unión Europea ha identificado y sobre las que va disponiendo de mecanismos de financiación preferente para suplir sus carencias, como sistemas aéreos de control a distancia (RPAS, versión avanzada de UAV y drones), ciberseguridad o espacio; junto con otras capacidades como seguridad marítima y vigilancia o reabastecimiento en vuelo.
Que existan áreas prioritarias quiere decir también que no toda industria y no todo conocimiento militar es crítico o estratégico.
Aunque la Fundación Alternativas no lo explicita, un nuevo enfoque industrial y tecnológico de la defensa tendría unas consecuencias directas sobre el panorama empresarial. Sí hace un recorrido el informe sobre los movimientos registrados en los principales países productores de la UE, además de España, como Francia, Reino Unido, Italia, Alemania y Suecia, y en EE.UU.
Con el fin de la guerra fría y la desaparición de la URSS se produjo un cambio en las amenazas, en los requerimientos operativos y en los objetivos que se tradujo en la segunda mitad de los 90 en un profundo movimiento de reestructuración del sector industrial de la defensa, que empezó en Estados Unidos. De ahí nacieron grandes corporaciones industriales norteamericanas, todas concentrando empresas, como Lockheed Martin, Northrop Grumman, Raytheon y Boeing.
El proceso abordado por EE.UU. tuvo su réplica posterior en Europa, con la consolidación y fusión de empresas en grandes grupos como el británico BAE Systems, el francés Thales o el italiano Finmeccanica. España acabaría participando modestamente con la incorporación de CASA al grupo EADS, hoy Airbus. De este proceso surgirían también otras empresas nacionales como Indra, Amper o la propia Navantia integrando astilleros civiles y militares.
Lo anterior se produjo por lógicas nacionales, no se gestionó en clave europea. La transformación que hoy requiere la industria europea de defensa está por ver qué consecuencias empresariales traerá, aunque el nuevo mapa debería responder a una lógica más integral, evitando capacidades industriales redundantes y siguiendo principios de complementariedad y cooperación.
En los últimos años, “España ha desarrollado suficiente capacidad industrial y tecnológica como para considerarse un actor medio que dispone de activos relevantes que han de ser tomados en consideración en el diseño e implementación de una estrategia europea que tenga por objeto la racionalización de este sector”, dice Alternativas.
La estrategia tecnológica, continúa el informe, y sus desarrollos industriales, no sustituye a la planificación militar sino que es una consecuencia de los requisitos operativos, que se entienden también derivados de un análisis de riesgos y amenazas a los que hacer frente. Lo que parece evidente es que, en cualquier caso, en los ámbitos de investigación, tecnológico e industrial, la dicotomía civil-militar está en proceso de desaparición y en camino de aprovechar sinergias conjuntas con tecnologías duales y centros mixtos.
Experimento del Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria argentino.
 “Siendo positivo y poco discutible el objetivo de concordar una política de capacidades europeas”, concluye el estudio de Alternativas, “es imprescindible lograr que ese objetivo no arrase con los activos tecnológicos e industriales de los que disponen los socios individualmente”, sentencia con espíritu ecuánime.
El informe, bajo el título de La industria de defensa en España y sus capacidades tecnológicas, ha sido elaborado por la Fundación Alternativas en el marco de un acuerdo de colaboración con el Ministerio de Defensa, a la que financia diversos trabajos de investigación y análisis.

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