LA HORA DE PATXI, por Javier Astasio


Escucho a Patxi López, por el que, lo confieso, siento una especial simpatía, y me reconcilio con la idea de que alguien pueda dedicar su vida entera a la política. Consuela escuchar su voz en eso tono tan peculiar y tranquilo de asuntos que preocupan o deberían preocupar a todos. Consuela escuchar su mensaje tan distinto, tan alejado de la teatralidad de Susana Díaz o de su amigo Pedro Sánchez. Tanto me consuela, que puedo llegar a creer, si no su mensaje, si a su persona.
No sé en qué acabará el paso dado por Patxi López. No sé qué decisión tomará Pedro Sánchez, ahora que tendría que enfrentarse con quien fue uno de sus colaboradores más cercanos mientras ocupó la secretaría general socialista, lo que sé es que las fuerzas, no sé si resistentes o rebeldes, que Sánchez agrupó en torno a sí, tras su desgraciada y torpe defenestración, estaba perdiendo fuerza como la pierde una gaseosa que una vez abierta tarda demasiado en consumirse y que el paso dado ayer por López puede resucitar simpatías hacia las siglas socialistas que llevaban meses dormidas.
De la conversación con Pepa Buena a la que alud, me quedo con un gesto imperceptible por el oído, pero oportunamente señalado por la periodista, un gesto con el que López al ser preguntado por las dificultades para que sea aceptada su pretensión de ir a unas primarias sin descafeinar, con opciones distintas para que sean los militantes quienes decidan su secretario general, señalaba hacia arriba, no sé si al dios al que invocaba Benegas para referirse a González o a esa siniestra superestructura que quita y pone secretarios generales y promueve o rechaza alianzas al gusto de los poderosos, dios o superestructura que, a mi modo de ver, son lo mismo y tratarán desde ya de agostar cualquier brote de verdadera democracia dentro del partido.
A su favor, Patxi tiene la experiencia y la calma que parece que a Pedro Sánchez le faltaron en más de una ocasión, pero, en su contra, cuanta con la feroz oposición que podría venirle del "sur", porque, de llegar a buen puerto sus planes, los de Susana Díaz se verían seriamente perjudicados, al no poder contar con la totalidad del aparato de siempre y, eso parece al menos, la unanimidad de las baronías.
La presidenta andaluza debe, por ello, estar arrepintiéndose ahora de haber estado jugando a dos barajas tanto tiempo y, sobre todo, de haber mantenido ocultas sus cartas, tanto, que la jugada de López, anticipándose a sus planes ha debido dejarla cariacontecida.
No cabe duda de que el movimiento de López ha sido oportuno en tiempo y en forma, puesto que le benefician, no sólo el aparente desconcierto de la presidenta andaluza, sino el "descoloque" de Podemos, inmerso en una crisis de táctica y estrategia, en la que Pablo Iglesias sigue ensimismado y dispuesto a movilizar a sus bases en la calle, dejando en segundo plano la batalla aún pendiente en el parlamento, algo que al menos yo no acabo de entender. Dos propuestas y dos líderes enfrentadas y dudo ahora que compatibles que, de no confluir, despejarán el terreno a un todavía hipotético PSOE liderado por López.
Mientras tanto, el PP se sienta de nuevo en el banquillo con sus particulares fantasmas, el del YAK 42 y el de la Gürtel fuera del armario, evidenciando que al complicado encaje de bolillos con que Rajoy teje su versión del pasado se le están saltando algunos nudos y que, con un número cada vez más grande de resentidos y un Aznar eternamente cabreado, pero ahora desde fuera, la fiebre de la temida división interna puede alcanzar la frente del PP.
En fin, un buen momento que puede, por qué no, convertirse en la hora de Patxi.

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