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LA HORA DE LA VERDAD, por Javier Astasio

 
Si el diario LA VANGUARDIA quisiese repetir la foto de los candidatos a las elecciones catalanas de 2012, aquellas que calificó como "las más importantes de la Historia de Cataluña", no podría hacerlo. Y no podría, en primer lugar, porque el  precioso velero que aparecía en el dique seco, con todos los candidatos, los de entonces, sentados en su borda, mirando cada uno hacia su propio horizonte, sobre un dique seco, ya no flota, ni podrá hacerlo, destrozado como está contra las rocas de la realidad, mientras la falsa tripulación de la foto anda desperdigada junto a los restos del naufragio aquí y allá, tras los muros de una prisión, en un aeropuerto, camino de Bruselas, desorientados y con el agua al cuello en medio del oleaje de su propia ambigüedad o cargados con el pesado salvavidas de la Constitución, que lo mismo sirve para flotar que para mantenerse a flote. Aunque, ahora que lo pienso, si la foto no es posible s porque hoy, después de todo lo que ha pasado, no está el horno para bollos.
La manifestación del sábado en Barcelona, con todo su despliegue tecnológico, con la cobertura nacional hecha por la Sexta, con sus vídeos de aquí y de allá, parecía casi una visita papal cubierta por el Telemadrid o el Canal Nou de los peores tiempos. La manifestación, hiperbólica, con todas sus exageraciones, con esas canciones escritas en otros tiempos y por otros motivos ¿qué hubiese dicho Elisa Serna de haber vivido para escuchar su "Esta gente que querrá”, su homenaje a Enrique Ruano, asesinado en pleno franquismo, ¿travestida en reivindicación para la libertad de “los jordis” y los miembros del Govern encarcelados?  ofendía a quienes tenemos memoria de la verdadera represión. La manifestación que, con toda esa parafernalia de móviles encendidos como linternas, que mi amigo Bernardo, que ha cubierto con sus cámaras y más de un golpe centenares de ellas, ve más como un desfile que como verdadera manifestación parece haber sido, al menos de momento, el punto y aparte que dará paso a la carrera egoísta y enloquecida hacia las urnas.
Así, los comunes de Ada Colau no han tardado ni veinticuatro horas en hacer saltar por los aires el pacto que les ha permitido gobernar el ayuntamiento de Barcelona, acusando al PSC de haberse ido a la derecha, apoyando "el 155", como si el PDeCat de Puigdemont o Esquerra fuesen partidos de la izquierda. Aunque no puedo dejar de sospechar que, si lo hacen después de haber echado unos rapapolvos a los independentistas, como esos padres que, para "compensar" el excesivo castigo infligido a uno de sus hijos, regañan, eso sí, con la boca pequeña, al otro, es porque, a sabiendas de que, si quieren crecer, no va a ser por el lado socialdemócrata y opuesto a la DUI, tratan de reubicarse y aparecer "apetecibles" para los huérfanos del sueño soberanista.
En el otro lado, lo que hasta ayer era solidaridad y unidad de acción se ha transformado, en gran parte por culpa del veleidoso Puigdemont, en estampida y "si te he visto no me acuerdo", con un PDeCat en ruinas, dinamitado por los personalismos, si no egoísmo, de sus líderes que ven las elecciones, más como la túnica mágica que les haga invisibles a la justicia, que como la oportunidad de servir a ese pueblo que dicen representar. También es egoísmo lo de Esquerra, que, viéndose premiados con la imagen de verdaderos pilotos del procés quieren, a toda costa, soltar el lastre que le supone haber sido los socios del partido de esa burguesía catalana, amante del poder cueste lo que cueste. En cuanto a la CUP, verdadero lubricante de la maquinaria del procés, viagra de esta erección imposible, se ve que está aprendiendo y se presenta a unas elecciones que ha descalificado hasta la saciedad y lo hace en solitario, quizá porque "a la fuerza ahorcan".
De Ciudadanos y el PP, queda poco por decir, salvo que los de Rivera han mostrado, a propósito de Cataluña, su verdadero rostro, adelantando al PP por la derecha, por inverosímil que parezca. tanto que, en ocasiones, Xavier García Albiol, que saltara a la fama como alcalde xenófobo de Badalona, llega a parecer moderado.
En fin, aprovechemos, especialmente los catalanes, estos días previos a la campaña, para rumiar y digerir todo lo que ha pasado estos días, todos los sobresaltos, las volteretas y los "alehops" que los actores de esta tragedia "asainetada" han desplegado ante nosotros. Llega ahora la hora de la verdad o, quién sabe, la de la mentira más maquillada, ese momento en el que los partidos hacen lo único que verdaderamente saben hacer: ganar o perder elecciones. Lo otro, lo de gobernar, es una manera de pasar el rato, matar el tiempo hasta las próximas.