La economía del bien común (o del sentido común), por @ITortajada

Ante el desmoronamiento, además de la inevitable deseperación, la lógica indignación, el individualismo (cuando no la desvergüenza de algunos y las proclamas naïf de otros por suerte hay quien busca soluciones, quizá mejorables, pero posibles. Una de estas personas es Christian Felber, profesor de la Universidad Económica de Viena, que el lunes día 4 estuvo en Barcelona presentando su libro La economía del bien común publicado por Deusto.

Descubrí a Christian Felber a través del programa Singulars que dirige Jaume Barberà. Precisamente este gran periodista fue el encargado de presentar la conferencia de Felber. Barberà aseguró que en tiempos de emergencia no hay lugar para la neutralidad. Por eso, él mismo ha tomado partido para “denunciar a los que han roto nuestros sueños” y procura hacer su trabajo de la mejor manera posible, tal como recomienda que hagamos todos, sea cual sea nuestro oficio.

Una solución para España

Antes de hablar del sistema económico alternativo de la economía del bien común, Felber quiso hacer un breve apunte sobre como salvar el euro. Para él, las medidas que se están tomando no sirven. Sólo hay una posible salida pero es un tabú. Consiste en que el Banco Central Europeo garantice la deuda pública de la zona euro. A cambio, los países endeudados, como, por ejemplo España, se comprometen a repagar la deuda aplicando un impuesto sobre la propiedad privada. La propiedad privada en España es de 4 billones, cinco veces mayor que la deuda pública. Más de dos tercios de esta propiedad privada está en manos de un 10% de la población. Si durante cinco años, este 10% de la población pagara un 1% de impuestos sobre sus propiedades, en cinco años la deuda pública se reduciría al 45%.

Esta solución no se la ha sacado el austriaco de la manga, sino que es la misma propuesta que hizo hace un par de meses el Boston Consulting Group en su informe Back to Mesopotamia. Aun así, Felber no habló de la deuda privada de las grandes empresas españolas que, con Florentino Pérez a la cabeza, según The New York Times, es el gran problema económico de España. Así lo afirman economistas como Santiago Niño Becerra o Jonathan Tepper, también en Singulars.

En cuanto a la economía del bien común, Felber explicó las bases de su teoría. El sistema capitalista actual se basa en el afán de lucro y en la competencia, dos valores que sacan lo peor del ser humano. Pero estos principios no son leyes naturales sino que se pueden cambiar y se deben cambiar por otros dos valores: el bien común y la cooperación que son los que nos permiten crecer como personas. El problema de nuestro sistema es que hemos convertido el medio (el crecimiento económico) en el fin, cuando el objetivo de toda actividad económica debería ser el bien común. Este concepto ya aparece en la Política de Aristóteles y en la mayoría de constituciones europeas de forma ímplícita (recuerdo que el artículo 33.2 de la Constitución Española proclama la función social de la propiedad privada).

Más allá de la RSC

En la economía del bien común, una empresa cuanto mejor trate al medio ambiente, a los empleados, a los proveedores, etc., más éxito económico tendrá. Para que esta utopía se convierta en realidad, Felber ha ideado un instrumento:el balance del bien común. En el sistema capitalista actual tenemos dos herramientas para medir el éxito económico: el P.I.B, a nivel macro, y el balance, a nivel micro. Ambas miden el crecimiento económico pero no informan de aspectos fundamentales como, por ejemplo, si la empresa vende armas o alimentos ecológicos, si contamina o no, si trata igual a hombres y mujeres, si produce en la China con obreros trabajando en condiciones penosas o si satisface necesidades reales de las personas. Con el balance del bien común se analizan entre 15 y 20 factores que dan respuesta a estas preguntas.

De entrada, el resultado de este balance podría ser un certificado que, junto al código de barras, dé una información fundamental para la decisión de compra. El objetivo final es que el balance sea de obligado cumplimiento y que vaya acompañado de unas políticas de incentivo (tasas reducidas sobre plusvalías, tasas de aduanas reducidas, créditos con intereses reducidos, prioridad en compras públicas…). El balance del bien común supondría la superación de los actuales instrumentos de RSE que, en la mayoría de los casos, no son más que un lavado de cara para las empresas pues son voluntarios, elaborados por los propios interesados y sin consecuencias legales.

Por otra parte, la economía del bien común también implica reducir la brecha salarial estableciendo un salario máximo. En la conferencia hicimos un experimento: votamos cuál debería ser este salario máximo en relación al mínimo. La votación la ganó el factor 6, es decir, que si el mínimo son 1000 mensuales el máximo debería ser 6.000 euros al mes. Felber explicó que en todas sus charlas hace este experimento y en el 90% de los casos gana el factor 10. Una propuesta bastante razonable que está a años luz de la abusiva realidad. En Austria los sueldos más altos son 800 veces el salario mínimo, en Alemania 5000 veces, en USA 65.000 si nos centramos los sueldos de la industria y si nos fijamos en los de la industria financiera, llegan a ser 360.000 veces el salario mínimo.

Pasando a la acción

La economía del bien común no es sólo una teoría sino una ONG creada el 2010 en Austria por Felber y 15 empresarios pioneros para difundir y llevar a la práctica su modelo económico. Actualmente cuenta con cerca de 700 empresas que hacen o quieren hacer el balance del bien común y casi 2000 particulares que la apoyan. Economía del bien común ha empezado a trabajar en España desde hace seis meses, tal como explicó su representante, Ana Moreno.

La particularidad de la propuesta de la economía del bien común es que busca una alternativa económica y social dentro del marco legal exitente. Sencillamente tenemos que poner en práctica aquellos valores que adornan nuestras leyes. Pero ¿cómo podemos llevarlo a cabo con la clase política que tenemos? (esta pregunta la formuló, más o menos, la invitada especial del conferenciante, una niña de 10 años). Según Felber, es obvio que los políticos no nos harán caso porque la gran mayoría se dedican a favorecer los intereses de sus amigos. Entonces, hay que empezar a organizar y ensayar nuevos procesos democráticos, nuevas formas de participación. “Al fin y al cabo llevamos muy pocos años de democracia en la historia de la humanidad. El modelo democrático es válido pero tenemos que pasar a la democracia 2.0” Me quedo con la idea de que cualquier cambio económico necesita de un cambio político.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*