La demagogia como escapatoria, por @German_Temprano

Como el intelecto de uno llega donde llega me tengo por persona de pocas, aunque trato de que sean firmes, conclusiones. Una de ellas, cimentada en la experiencia de tertulias televisivas o radiofónicas y en el ruido de las redes sociales, es que de no existir la coletilla ‘eso es demagogia’ gentes hay que se verían impedidas de argumentar nada. No es que tenga ese latiguillo por razón de peso cuando sólo se trata de una vía de escapatoria, pero me llama la atención la profusión del recurso.

No debe ser a ello ajeno el poderoso influjo del plusmarquista universal de tertulias ‘indoor’, Francisco Marhuenda, que suele echar mano de ella cuando le acorralan los hechos. Tozudos aconteceres que le resbalan por el terno con la misma facilidad que loa al presidente, pase lo que pase, para bochorno ajeno y hasta, en ocasiones, me consta que de afines al propio PP. Viene el caso este apunte por determinados comentarios, que se agradecen incluso desde la divergencia, sobre un tuit de un servidor en el que decía que los mismos que ponen cuchillas en las vallas para que no salten los negros emitirán sentidos pésames del gran Nelson Mandela.

Y digo más, ahora que ando sobrado de caracteres, digo que los mismos son los que llamarían a todos los fotógrafos y televisiones para pasar a la posteridad sonrientes junto a él mientras, solapado entre los BOEs de turno y con la mayor nocturnidad y alevosía posible, dictan decretos para quitarles los derechos sanitarios a uno de esos negros subsaharianos por los que Mandela se dejó la tercera parte de su vida en repugnantes cárceles. Y ahora también digo que la inmigración es un fenómeno de una complejidad tremenda, de dificilísima resolución, delicado hasta donde se quiera, pero, con todo y con eso, no debe ser obstáculo para denunciar las hipocresías y las salvajadas. Y poner cuchillas en una valla para que, gente que prefiere morir a llevar la vida que lleva, se desgarren la carne y el alma lo es.

Y justificar esta atrocidad en que otros países lo hacen es de un raquitismo político y de una cobardía imperdonable ¿Por qué no triplicar el salario mínimo para ponernos a la altura de otros países? Si hasta jóvenes promesas del partido del Gobierno han defendido que se electrifique la valla, por muchas disculpas que hayan venido luego, ¿por qué no decir que es eficaz y asumir el desgaste o, por el contrario, recoger los réditos? Si de lo que se trata es de defender fronteras ¿por qué no hacerlo a cañonazos una vez demostrado con creces sus óptimos resultados para estos menesteres? Igual si todos nos quitamos el antifaz sabríamos de verdad y mucho antes quién es el hipócrita y quién el demagogo.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*