La crisis propicia malestar social por las ayudas a los extranjeros, por @josmurgui

Un hombre se acerca para compartir el Whatsapp que ha recibido. “¿Tú te crees que esto es posible?”. En la pantalla aparece la foto de un supuesto recibo bancario, como beneficiaria una mujer inmigrante, así se deducía del nombre de la misma, cuya renta supuestamente recibida por el Gobierno Vasco ascendía a más de 2.000 euros mensuales. La Renta de Garantía de Ingresos. “Me parece bien que se ayude, pero esto es una pasada, así yo también me voy a vivir a otro país”, se escandaliza y a su alrededor asienten con la cabeza. Se trata de un escenario bastante corriente: un garaje de coches, a él acude para recoger el propio, muestra al jefe del garaje aquella foto que circuló masivamente por Whatsapp para “denunciar” el supuesto abuso por parte de la ciudadanía extranjera en su acceso a las ayudas sociales que el Gobierno Vasco concede. El Gobierno Vasco desmintió la veracidad de dicho bulo, Lanbide aseguró que se trataba de cuantías que se ingresaron por retraso en su tramitación.

En este asunto queda también en entredicho la protección de los datos personales de la supuesta beneficiaria.

recibo falso sobre RGI

Supuesto recibo de la RGI que circuló de forma masiva por las redes sociales, vulnerando en cualquier caso los datos personales de la beneficiaria.

Una mujer (mayor) medio grita en un estanco. Está enfadada, se le percibe algo desequilibrada, el Gobierno ayuda a los inmigrantes, continúa medio gritando, según ella no recibe ayuda para pagarse el oxígeno. “Mi familia tiene que ayudarme”, afirma muy cabreada. “Digo yo que habrá que repartirlo todo entre todos”, dice. Los demás callan. Nadie se atreve a decir nada, la sensibilidad del tema se sabe, se corre el riesgo de recibir el calificativo de racista, xenófobo. Ella más se enfada, a medida que no logra respuesta. A uno que hace cola, le pregunta directamente: “¿y tú qué piensas?”. A lo que el hombre contesta: “yo no digo nada, si digo soy racista, si no digo, soy tonto”. Se trata de un escenario corriente, un día entre semana, una mañana de esas acostumbradas en Euskadi, medio grises, ciudadanos normales comprando tabaco.

“En Vitoria todo Dios cobra la RGI”, dijo otra ciudadana, joven. “Ellos cobran la RGI y nosotros estamos jodidos”, esta vez fue una ciudadana más joven aún, que no encuentra trabajo de lo suyo.

Papeles encotnrados en el suelo

Papeles encontrados en la calle: “Moros, fuera de aquí”, lo encontré en un parking de Bilbao, repleto de papeles como éste. “Chica pobre” lo encontré en el metro de Madrid y habla por sí solo. /Bilbao-Madrid.J.M

Situaciones de esta índole se repiten con frecuencia en los últimos tiempos, en especial, se perciben desde que la preocupación por el trabajo, la estabilidad y la utilidad de los recursos públicos forma parte de la vida cotidiana. Llama la atención, en Euskadi, donde siempre ha dominado un sistema social diferente al de España, la solidaridad con los extranjeros (dejamos de un lado los españoles en un contexto de terrorismo) ha sido proporcionalmente más elevada, solo hace falta ver la tarjeta de sanidad que se ha empezado a expedir a los inmigrantes en situación de irregularidad para que accedan a Sanidad Pública.

Racismo sumergido

Esconden, todas estas situaciones presentadas, una sensación cada vez más notable: el creciente resentimiento de que las ayudas sociales se destinen a los inmigrantes, mientras que parte de la población vasca tiene dificultades para llegar a fin de mes y la pobreza empieza a hacerse presente, en un lugar que había disfrutado de comocidad laboral y había alcanzado un nivel de vida bastante aceptable. Ya ni el nacionalismo ocupa un lugar muy destacado en la vida cotidiana, al menos es una impresión personal, aunque siga arraigado, si no la preocupación por el trabajo, la incertidumbre y la necesidad de prescindir de muchas cosas, en comparación con años anteriores donde los sueldos eran altos y la ciudadanía se sentía muy cómoda, a excepción de la cuestión del terrorismo.

La crisis económica equivale a un desequilibrio entre una oferta laboral más restringida y una demanda ampliada. Los recursos sociales se reducen, se presentan más escasos, aumenta la incapacidad de llegar a fin de mes y en muchas ocasiones, es necesario acceder al conjunto de servicios y prestaciones sociales. La población autóctona ve en el inmigrante un competidor, alguien que hace peligrar la preferencia en el acceso a los recursos, se convierte así en un rival. Se percibe la inmigración como un fenómeno masivo, descontrolado e irregular, acaparador de los servicios públicos antes dirigidos a la población española.

Ness es abogada y periodista. Tiene un trato estrecho con los asuntos de inmigración. En su opinión, “existen muchas diferencias en cuanto a la concepción de la persona migrante cuando el Estado está en periodo de bonanza o sequia“. Añade además que cuando “España vivía un apogeo económico, los extranjeros éramos muy necesarios para cubrir puestos de trabajo que los nacionales rechazaban (construcción, servicios, ganadería, agricultura, etc). Sin embargo, ahora y en los últimos años, se nos mira como impostores, intrusos que sólo vienen a quitar el trabajo, abusar de la sanidad pública y las ayudas sociales“.

Raúl Piñuela, profesor de psicología social de la Universidad Complutense de Madrid,  afirma que “una crisis económica provoca miedo, inseguridad y una sensación de amenaza en la sociedad. Los prejuicios y los estereotipos surgen de situaciones de competencia por la escasez de recursos sociales. La llegada de inmigrantes a un país de acogida provoca fobias según el estatus del ciudadano, si no compite, no tendrá una percepción de inseguridad. El miedo provoca el rechazo al inmigrante. El prejuicio legitima la discriminación”.

En contra de esa creencia cada vez más extendida de que muchos inmigrantes llegan para beneficiarse de la Renta de Garantía de Ingresos, la última estadística de movimientos migratorios de la Comunidad Autónoma del País Vasco, correspondiente al año 2013 pero hecha público el pasado 13 de noviembre de 2014, muestra que “las migraciones en Euskadi obtienen un saldo negativo de casi 2.000 personas”, y se trata más bien de saldo positivo respecto de ciudadanos de otras comunidades autónomas, y negativos en términos de ciudadanía extranjera. “Las emigraciones de personas de nacionalidad extranjera ascienden a 19.356. Prácticamente, una de cada dos personas que abandona nuestra Comunidad es de nacionalidad extranjera, concretamente el 54% de los emigrantes, siendo el extranjero el destino para el 77% de ellos”, informa la estadística. Impactan los datos de este Informe con la perpeción de que Euskadi se llena de extranjeros.

La esfera política enciende el debate

vestimenta mujer

Aunque no se trate de un burka la vestimenta que lleva esta chica, puede hacerse una idea de la “impresión” que causa verlas vestidas de esta manera. Lo que me imagino les ocurrirá lo mismo con nosotras. /Estambul. J.M

El alcalde de Vitoria, Javier Maroto (PP), considera que la normativa de transporte público debe ser modificada para que las mujeres que lleven velo integral, es decir, burka, muestren su rostro para que se reconozca su identidad. De esta manera, defiende la actuación de un conductor de autobús que se negó a que una mujer con burka subiera al autobús, por motivos de seguridad, alegaba. En realidad la polémica, planteada en parte por el alcalde de Badalona Xabier García Albiol (PP), acusado de racista que solicitó al Presidente del Gobierno Mariano Rajoy que modificara la Ley para regular el uso del burka en el espacio público, coindice más bien en la esfera del orden público, pero las declaraciones suelen magnificarse mucho más: la incomodidad social que estas prendas plantean, los derechos de la mujer. El reconocimiento de la identidad puede entenderse desde un punto de vista de salvaguardar la seguridad pública, pero restringir el uso del burka en la calle, tal y como solicitaba el alcalde de Badalona, equivaldría a restringir el espacio de la mujer a su propio hogar. Con lo cual, se cumpliría la línea acostumbrada de que la mujer siempre sale mal parada.

Ocurrió un hecho parecido el pasado septiembre, cuando una mujer se bañó con ropa en las piscinas municipales y el alcalde de Vitoria realizó determinadas declaraciones públicas, dando una notoriedad excesiva y magnificando el debate a lo que se trataba únicamente de un conjunto de normas de cómo bañarse en una piscina pública.

Revisar los requisitos de acceso a la RGI

La Fiscalía ha llamado a declarar a Javier Maroto, alcalde de Vitoria, por supuesta incitación al odio en una denuncia que SOS Racismo ha interpuesto contra él. Lo que se sustenta en sus continuas declaraciones sobre el fraude en el que se incurre a la hora de acceder a la RGI o las pocas ganas que muchos inmigrantes tienen de trabajar, cuestionando la precaria situación de muchas personas para cubrir sus necesidades básicas. Para ello, ha puesto en marcha la campaña “Ayudas sí, abusos no” que consiste en la “recogida de firmas” para trasladar al Parlamento Vasco la “voz de la calle”, es decir, restringir las condiciones para acceder a la RGI, entre ellas: los perceptos hayan tenido que cobrar, por lo tanto cotizar, lo que licenciados en desempleo o empleadas del hogar se quedarían fuera, alargar el padrón de tres a diez años (al estilo de Francia), los inmigrantes en situación irregular no podrían tener acceso y las personas con antecedentes penales tampoco.

Respecto de las personas en situación irregular, Maroto afirmó que “una persona que accede a la RGI tiene derecho de por vida a un sueldo vitalicio, porque no hay un proceso de inserción para personas en situación irregular y nunca pueden firmar un contrato de trabajo al encontrarse en situación irregular”.

Conclusión

La inmigración es inevitable, sobre todo, en tiempos de globalización, y en algunos casos acarrea problemas por diferencias culturales y la necesidad que se ve de la integración sea únicamente unilateral. Más allá de esos problemas, que habría que solucionar a través de planes de integración y ese concepto de ciudadano único acuñado por el Gobierno Vasco, no hay que olvidar que muchos españoles emigran precisamente para buscar una vida digna que el Estado español es incapaz de asegurar a día de hoy.

En este contexto de crisis, donde el control sobre posibles abusos y corrupción debe ser igual de férreo que en tiempos que no lo son, hay que tener cuidado con fijar la vista en el más débil, que suele ser la persona extranjera. La falta de recursos no viene del más débil, sino de la persona que en una posición superior a la ciudadanía no ha sabido gestionar adecuadamente las arcas públicas. Deberíamos mirar más hacía las personas que conforman todo ese entramado corrupto de marca España y exigirles responsabilidades,  pensar con la cabeza fría por qué esos extranjeros vienen a España, y si nosotros, en nuestra condición de personas, no haríamos lo mismo si hubiesemos tenido la (no) suerte de haber nacido donde han nacido.

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