La cazada del Rey, decadencia de España, por @raquel_519

El 22 de noviembre de 1975, tras la muerte de Francisco Franco, el rey de España era coronado para convertirse en el representante de nuestro país y ejercer su función dentro de la tradición borbónica española.

Desde este momento, con sus más y sus menos, el rey Don Juan Carlos I ha ejercido su limitado papel con el apoyo de unos y el rechazo de otros. Más allá de la idea de necesidad de una monarquía en nuestro país, dónde hay todo tipo de opiniones, entro a valorar la situación actual de nuestro monarca y su familia.

España atraviesa una situación verdaderamente difícil, dónde el trabajo se ha convertido en un producto de lujo que sólo algunos pueden alcanzar. Un país mermado por una mala gestión que, durante años, ha perjudicado nuestra imagen hasta llegar a convertirnos en un país que pierde poder por minutos.

Como el padre al que su hijo ha visto haciendo algo que no debía, España ha dejado escapar el respeto que, en algún momento de nuestra historia, nos situaba como un lugar próspero y atractivo para la inversión extranjera.

Últimamente la Casa Real y sus errores están contribuyendo en gran medida a este deterioro progresivo. La corrupción dentro de esta familia, que lejos queda ya de ser Real, sumado a sus meteduras de pata relacionadas con la caza, convierten a la monarquía en un sistema en decadencia que teme por su futuro por no saber llevar a cabo su presente.

La sensación de “haberles pillado” es lo peor de todo, y la mala gestión de su comunicación remata unas acciones más que criticables. La caza de elefantes es brutal, que un niño de 13 años se meta un tiro en el pie es más que un accidente y que un miembro de esta familia se vea inmerso en un caso como el de Urdangarín es penoso.

Por lo tanto, la crisis va más allá de la economía. Cada día nos despertamos y ponemos la radio para escuchar que todo va mal o fatal,  las soluciones no llegan y el montón de problemas aumenta en proporción al miedo de los españoles.

Y así seguimos, orgullosos de nuestra tortilla, que por lo visto es de las pocas cosas que nos quedan.

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