La aparente sonrisa de O Palhaço (el Payaso), por Juan Carlos González (@juancarlosgp_)


¿Es la sonrisa algo innato en la personalidad de un payaso de circo? ¿Quién puede comprender que Benjamín no disfrute de una vida haciendo reír a la gente día a día? Santo Jesús de Rio Rojo, una pequeña localidad que nos transporta a la región brasileña de Minas Gerais, es nuestro punto de partida: un pueblo revolucionado ante la llegada del afamado Circo Esperanza con un elenco inigualable.

En el escenario, desde sensuales señoritas a escuálidos malabaristas pasando por músicos pícaros y de poco fiar y señoritas voluminosas en busca de sujetadores perdidos, en definitiva un cuadro de circo.
No es sin embargo el elenco de payasos el que atrae a pequeños y mayores, la pareja formada por el experimentado Waldemar y un joven Benjamín en la actuación de Selton Mello que, por si fuera poco, es además el director de un proyecto que le trae a España por primera vez como realizador. 
Su objetivo: “mostrar una visión distinta de su Brasil natal y reflejar, de una manera lírica y cargada de esperanza un dilema universal: la búsqueda de identidad”.
Benjamín deja de pensar en su día a día de alegría y comedia. El inquieto pero pacifico saltimbanqui es consciente de que, al mirarse en el espejo sin su nariz colorada y el maquillaje multicolor, no ve esa sonrisa, esa carcajada que no le abandona en mitad del escenario. 
Es por eso que da rienda suelta a su imaginación y a los recuerdos que le trasladan sorprendentemente a nuevos objetivos: un sujetador  XXL e insistentes ventiladores. Surrealista ¿no? Esos dos elementos esconden la necesidad de reencontrarse con uno mismo, de buscar nuevas motivaciones. 

 La atmosfera circense nos hace pensar que los personajes son ajenos al enorme éxito que está teniendo su historia: 12  galardones del Cinema Brazil Grand Prize 2012 -los "Goya" brasileños- y el privilegio de haber sido elegida como la representante de su país a los Premios Oscar. Sin embargo, la otra cara del payaso Selton Mello  si reconoce que “fue una experiencia muy bonita presentar la película en los Estados Unidos tras recibir ese honor”. 

Frescura y reflexión son la mezcla perfecta de este viaje rural por la vida personal y profesional de un payaso de circo. No podemos olvidarnos tampoco de la ternura, que junto a los demás elementos reflejados con una sencillez impresionante, hacen el deleite de quien se acerca a presenciar estos 88 minutos de largometraje.
Tras un final que puede parecer rápido y de fácil solución, todos los espectadores que disfrutamos de la cinta en su preestreno en la Facultad de Ciencias de la Información tenemos más claro que nunca la idea de que la vida no es solo llorar o reír, sino que es una mezcla de ambas. 
Una percepción que nos permite descifrar esa duda que nos precedía a muchos tras ver el cartel promocional de la cinta por nuestra Facultad: ¿Por qué un payaso con una sonrisa entrecortada y un rostro inexpresivo? En Benjamín nos reflejamos todos y ese es uno de los logros de El Payaso.

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