La 'andorrana' Sánchez Vicario

Arancha Sánchez Recuerdo como si fuera hoy su final ante Steffi Graff en Roland Garros. Lo más que nos habíamos acercado a esas lides los españolitos en democracia era una semifinal de Pepe Higueras en París que no sé porque razón a mí me pilló en Toledo viéndola a través de un escaparate (como se veían antes muchas cosas en la televisión), pero la final de Arancha (¿se escribe así?) no me pilló despistado. Todo lo contrario, creía en su capacidad de sacrificio y en la lógica del deporte en las finales. Al 50%. Debía ser el único porque recuerdo al comentarista celebrar cada punto como si fuera el último. Por aquel entonces no estábamos tan acostumbrados a victorias y supongo que la retransmisión iba de una índole “no pasa nada aunque pierda es española y está en la final”. Pues no perdió. Ganó. Remontó un 5-2 (memoria habemus) para hacerse con el partido y entrar en el corazón de todos los españoles.

Pues bien esa Arancha Sánchez Vicario fue un referente durante muchos años e incluso se la perdonó que fuera la deportista (supongo que por consejos paternos) que descubriera las ventajas de la fiscalidad andorrana. Poco importaba. A muchos, entre los que me incluyo, nos daba igual mientras en la pista abriera camino para que el tenis en España fuera algo más que ese furtivo Higueras en Toledo. Y vamos que lo ha sido. Este pequeño país es la mejor potencia tenística del mundo. Y en el tenis femenino hasta tuvimos otra campeona, completamente antagónica como Conchita Martínez, a la que no se le perdonaba las cosas que sí se le hicieron a Arancha. De la de Monzón se cuestionó hasta su orientación sexual mientras que a Arancha la veíamos crecer en brazos de su madre y protegida por sus hermanos, sin que nadie se atreviera a decir ni mu. Incluso hasta se le arregló un matrimonio con el periodista Johan Vehils, que si lo hubiera pillado en su momento Sálvame no os quiero ni contar lo que habría dado de sí.

Pero el tiempo ha cambiado el cuento. Arancha Sánchez Vicario ya no gana partidos. Ya no viaja por el mundo en primera clase. Ya no es noticia, si no fuera porque ha contado unas miserias de las que te descalifican ‘per secula seculorum’. Sale con unas memorias explosivas en el que pone a los píes de los caballos a sus padres. Tenga o no razón es un acto tan vil como cobarde e innecesario. Me da igual que tenga o no razón la andorrana. Me da igual lo que le hayan podido hacer o dejar de hacer sus padres, sus hermanos o uno de los perritos (Roland se llamó el primero) que le ladraban sus gracias. Arancha eso no se hace. Y no porque no lo puedas hacer (cada uno es libre de opinar lo que más le convenga) sino porque actos como este te definen y los que un día te admiramos, ahora nos dejas a los pies de los caballos preguntándonos por qué y cómo es posible caer tan bajo desde tan alto.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*