Kinestesia y Autismo, una nueva visión del trastorno, por @MilagroMendoza

En la reunión anual de la Sociedad de Neurociencia, llevada a cabo los días 9 al 13 de noviembre del 2013 en la ciudad de San Diego (EE.UU.), se presentaron dos estudios (Que aun no han sido publicados) donde se expusieron los resultados del trabajo de Elizabeth Torres, profesora asistente de psicología en la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, y Jorge V. José, de la Universidad de Indiana.

Según los investigadores que expusieron sus trabajos, determinados tipos de movimientos en las extremidades, ya sean de tipo “nervioso” o incontrolados o incluso asociados a determinadas estereotipias, pueden ser un predictor de un Trastorno del Espectro del Autismo y ser usados para predecir la severidad del trastorno. Los individuos con autismo a menudo tienen problemas de movimientos motóricos, que van desde la torpeza y una mala calidad de la escritura y caligrafía, del tipo temblorosa. Sin embargo, estos síntomas han sido históricamente descuidados en la investigación científica.
Según Elizabeth Torres “En el autismo, el movimiento no se ha puesto en primer plano, porque las personas con este trastorno se mueven: pueden señalar, pueden alcanzar, pueden comprender”. Sin embargo, haciendo un zoom sobre los pequeños cambios en los movimientos nos revelan patrones distintivos, “En realidad es una señal muy clara que podemos utilizar para diagnosticar y tratar”. Durante los últimos años, Elizabeth Torres y sus colegas han estado estudiando los patrones de movimiento del cuerpo de las personas con una amplia gama de condiciones neurológicas, como la enfermedad de Parkinson, derrame cerebral y el autismo. Torres está colaborando con el físico Jorge V. José para refinar estos análisis. En la citada reunión, los investigadores describieron un experimento en el ponen a los individuos con autismo sensores de movimiento en las manos y los brazos jugando a un juego en el que tienen que tocar varias veces un círculo en la pantalla del ordenador.
En los experimentos previos llevados a cabo relacionados con el análisis del movimiento, estudiaron miles de movimientos diferentes en decenas de personas (adultos y niños) con y sin autismo (siempre en un ambiente de laboratorio) con el propósito de encontrar los patrones comunes. Para ello usaron guantes con sensores de movimiento, de forma que captasen tanto los movimientos intencionados como los involuntarios. Los investigadores analizaron los diversos aspectos de estos movimientos involuntarios, tales como su velocidad general y la rotación de las articulaciones involucradas, para crear una imagen distintiva del movimiento y la conciencia corporal – también llamado propiocepción – en cada individuo. “Esto es como una huella dactilar de la propiocepción”, afirmó Elizabeth Torres.
En general, las personas con autismo tienen más movimientos involuntarios que las personas sin este trastorno. Esto sugiere que muchas personas con autismo tienen una conciencia corporal anormal. Ellos no pueden sentir que su cuerpo está en el espacio, así que no pueden controlarlo de la forma esperada. A su vez, se encontraron diferentes patrones de movimiento en niños (no verbales) de 4 a 8 años de edad, en niños y adolescentes de 8 a 16 y en adultos con Autismo de Alto Funcionamiento. Pero a su vez, otro de los aspectos más relevantes fue el hecho de que los patrones de movimiento eran diferentes entre las niñas y los niños con autismo, hecho que nos puede llevar a pensar en un origen distinto o en una forma diferente de impacto del autismo entre varones y féminas. También se observó que en el grupo de niños más pequeños, los patrones de movimiento estaban más cerca de niños sin autismo, pero a medida que crecen, estos patrones van variando progresivamente.
Basado en datos de 20 individuos con autismo y 20 en el grupo de control, los investigadores encontraron que las personas con autismo tienden a tener mas variables al apuntar en una escala de tiempo de milisegundo a milisegundo. Y a mayor severidad, mayor variación de los patrones frente a los grupos de control (Es decir, el grupo de personas sin ningún trastorno).
Los estudios de imágenes cerebrales han demostrado que las personas con autismo tienen más señales variables en regiones que procesan la información visual y auditiva. Esto reafirma más el Trastorno del Procesamiento Sensorial.
Movimientos repetitivos y conducta
El tema de los movimientos repetitivos aparecen como uno de los ítems del autismo, aunque no siempre se ha profundizado en este tipo de movimientos o estereotipias, sencillamente se entendía que era uno de los signos del autismo. Se solía decir que servían para controlar la ansiedad, pero en realidad no hay datos que evidencien este aspecto de forma sólida.
En el año 2010 Susan Bookheimer, en un estudio sobre recompensa social, nos descubría que los niños con autismo muestran una actividad cerebral más baja en el estriado ventral mientras participan en actividades que ofrecen recompensas sociales de aprendizaje. Esto se asociaba por tanto a que el desequilibrio cognitivo del niño con autismo podía estar ligado a estos intereses restringidos y repetitivos, y a su vez conectado con los movimientos repetitivos. Y nuevamente, las investigaciones están haciendo replantearnos muchos de los conocimientos que se tenían al respecto. Se empiezan a diferenciar aspectos relacionados con el movimiento de aspectos puramente asociados a conducta.
La escritura
escritura autismoY nuevamente retrocediendo hasta el 2010, Stewart Mostofsky, del Kennedy Krieger Institute de Baltimore, también llevó a cabo un estudio sobre los problemas de escritura de las personas con un Trastorno del Espectro del Autismo. Utilizaron una tableta digital y un bolígrafo para registrar las métricas de escritura precisos de 12 niños con autismo, 8 con déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y 12 niños en el grupo de control. Se midió la presión del lápiz, golpes, velocidad y formación de las letras precisas mientras que los niños copiaban una frase de ocho palabras que utiliza cada letra del alfabeto. Se diseñaron tres pruebas distintas para poder ver las diferencias del trazo en cada una de las pruebas y poder ver las diferencias entre los niños:
  1. En el primer experimento, los participantes vieron las palabras en una línea y se les instruyó para copiar su forma exacta y el espaciamiento en una línea separada a continuación. Esta es la forma de escritura que se enseña normalmente en las escuelas. Debido a que los niños deben tener un panorama de las letras en sus mentes mientras copian requieren de una buena memoria de trabajo, así como habilidades de motricidad fina.
  2. En el segundo experimento los niños tenían los trazos del texto marcados y debían seguir estos trazos con el mayor cuidado posible para evaluar su caligrafía. Esta tarea no requería de memoria de trabajo.
  3. En el tercer experimento debían trazar las letras a la mayor velocidad posible.
En los tres experimentos, los investigadores encontraron diferencias en la cinemática de escritura a mano – la velocidad, la aceleración y la suavidad de los movimientos – entre los tres grupos. Los niños con autismo y con TDAH eran más rápidos que niños del grupo de control en cada tarea. Pero esa velocidad se produjo a expensas de la precisión. Al analizar la cantidad de niños que se desviaron de la plantilla, los investigadores encontraron que los niños con autismo o TDAH no tuvieron buenos resultados en la tarea de copia. El grupo de autismo también tuvo problemas con el tercer experimento, mientras que el grupo con TDAH trazó igual que el grupo de control. Es más, en los tres experimentos, los niños con autismo reprodujeron peor las letras tuvieron también una puntuación más baja en la memoria de trabajo. Los otros dos grupos no mostraron esta asociación.
La calidad motriz y la memoria de trabajo jugaron en contra de los niños con TEA frente a los demás, aunque se vio como también los niños con TDAH también presentaron problemas similares. Nuevamente vemos como un acto como el de la escritura también nos muestra este déficit de precisión motriz, en este caso de motricidad fina. La evidencia actual implica deficiencias en el control de la motricidad fina y la integración oculo-manual, que probablemente contribuyen a las dificultades de escritura en los niños con TEA, aunque el papel de este último no se entiende bien. Por otra parte, la disminución de la legibilidad general y formación de las letras comprometidas son puntos de convergencia emergiendo entre los estudios existentes de calidad de la escritura en los niños con TEA. La escritura funcional implica interacciones complejas entre los sistemas físicos, cognitivos y sensoriales, y cuando existen déficits o alteraciones la afectación es no solo visible, sino que además puede ser considerado como un síntoma de que algo no está aun correctamente regulado.
Esta nueva línea de investigación y estudio sugiere que incluir los aspectos relacionados con el movimiento podría proporcionar una caracterización objetivo de comportamiento para ayudar a revelar las interacciones entre el los sistemas nerviosos central y periférico (CNSs). Los déficits madurativos de los aspectos propioceptivos en el autismo están cada día más claros y las evidencias empiezan a ser lo suficientemente significativas como para tenerlas en cuenta.

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