JUSTICIA Y DEMOCRACIA, por Javier Astasio


Parecería el nombre de un partido político. Incluso no descarto -creo recordar que, en algún lugar, en algún tiempo, lo hizo- que diese nombre a algún partido político. Sin embargo, no se trata más que de un debate, bastante artificial, por cierto, abierto en determinados medios, tratando de responsabilizar a los jueces del deterioro de los viejos partidos políticos, auto inmolados en la pira de su corrupción.
El debate, surgido aquí y allá, en la Francia de Fillon, en la España del PP y en los Estados Unidos de Trump, pretende poner en duda que uno de los pilares del Estado de Derecho, la vieja separación de poderes de Montesquieu, gracias a la que un juez, los jueces, pueden corregir o poner en la senda de la corrección, los excesos del primer poder.
Recuerdo que la primera vez que oí hablar de este debate entre democracia y justicia fue a propósito de aquella ofensiva entablada por jueces y fiscales italianos contra la corrupción extendida en el país entre partidos políticos, casi todos, y numerosas empresas, en un escenario muy parecido al español de hoy en día. Recuerdo que se tildó al fiscal Di Prieto, cabeza de esa investigación, poco menos que de fascista. Recuerdo también que el Partidos Socialista y su líder Bettino Craxi fueron los objetivos s principales, hasta el punto de que Craxi huyó a Túnez, donde acabó muriendo en el exilio y recuerdo que aquel fue también el principio del fin de la Democracia Cristiana y su líder, el incombustible y parece que mafioso Giulio Andreotti. Pero también recuerdo que el oportunista Silvio Berlusconi hizo su jugada maestra, parasitando el vacío dejado por uno y otro partido en el desolado panorama político italiano.
Sin embargo, haríamos muy mal en quedarnos sólo con esta última consecuencia, porque pasado el tiempo y superado el sarampión populista del empresario demagogo, los italianos han sabido dotarse de otros partidos, unos mejores, otros peores con que llenar el vacío dejado por el hundimiento de un sistema nacido en los meses posteriores a la liberación, tras la ocupación alemana, con el único fin de atar de pies y manos a los comunistas del PCI, surgidos de la guerra como la verdadera y casi única oposición al fascismo de Mussolini.
Pero, volviendo a España, no puede dejar de calificar como injusta y malintencionada la cruzada de conocidas voces y firmas que tratan de salvar la cara de los amos de su voz, pintando un panorama apocalíptico, como si los jueces estuviesen tratando de acabar con la democracia, cuando lo que, en realidad, están haciendo es librarnos, no de los partidos corruptos, sino de quienes los convierten en corruptos. No, no debemos dejarnos enredar en esa tela de araña tendida desde el poder corrupto, más si somos conscientes de que los jueces no hacen sino aplicar las mismas leyes que, a veces como una burla, aprobaron esos mismos partidos, sin intención alguna de cumplirlas, leyes que han burlado con herramientas más propias de la mafia que de partidos responsables y preocupados por el bienestar de aquellos de quienes reciben el gobierno.
No. No hay disyuntiva alguna. L Justicia no se cargará a la Democracias. Serán, en todo caso, todos esos partidos corruptos los que acaben con eso que hipócritamente llaman ellos democracia, cuando lo que en realidad quieren decir es nuestra democracia, nuestros privilegios, nuestra corrupción y nuestras trampas.
No, no hay democracia sin justicia ni justicia sin democracia, van, han de ir inexorablemente unidas, pero, eso sí, siempre bajo la atenta vigilancia de los ciudadanos y de unos medios de comunicación libres de toso compromiso con el poder, más si es corrupto.

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