Juana, por Alberto Calero (@acaleroj)

Más de dos décadas viendo a su hijo dormido. Lo ha cuidado, lo ha limpiado y le ha dado de comer. Quizás pensaba que algún día despertaría. Igual soñaba con ver los ojos abiertos de aquel joven que con 20 años se durmió. Quizás quería volver a hablar con aquel chico que era estudiante de Derecho. Seguro que ha pensado durante estas dos décadas que su hijo podría haber sido un buen jurista. Juana, la madre de Antonio Meño, habrá pensado y habrá soñado sin límites. Junto a su marido ha luchado como sólo lucha una madre. Su hijo se quedó en coma tras pasar por un quirófano. Salió del hospital dormido y dormido ha estado junto a sus padres durante más de veinte años. Y ahora el joven que ha cumplido años sin enterarse se ha marchado. Su madre ya no lo ve en casa. Ya no está. Ella le miraba todos los días a los ojos aunque estuvieran cerrados. Ella ha vivido por y para su hijo.

Es una madre. Han pasado unos días desde que perdió a su hijo. Da igual el tiempo que pase porque no podrá olvidar. En su mirada se ve el dolor. Ha seguido adelante e intentará ahora convivir con el sufrimiento. Él era un chico joven con toda la vida por delante. Una posible negligencia médica decidió separar a madre e hijo. Ella sigue con él. Seguro que tendrá en casa alguna fotografía de aquel estudiante. Mantendrá sus recuerdos. Le seguirá mirando. No olvidará. Es una madre. Los hijos somos una parte del cuerpo de las madres. Hemos salido literalmente de sus cuerpos. La vida nunca debería separarnos. Esa ruptura es antinatural. Una madre parece marcharse y ausentarse si su hijo se va. Y vivirá siempre con la ausencia. Enhorabuena, Juana. Enhorabuena por ser tan grande en este mundo de gente tan pequeña.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*