Jodidos, 'Miliki', un poco jodidos, por @acaleroj

Sentados en el sofá con los pies colgando. Un bocadillo entre las manos. Un zumo o un vaso de leche para tragar bien. Era importante no guardar ninguna miga en la boca. Con la risa nos podíamos atragantar. Las sumas y las restas, el pinta y colorea o los ejercicios de ortografía nos esperaban después. “Sí, mamá, luego hacemos lo que nos han mandado del cole”, decíamos. Primero nos teníamos que reír y coger fuerzas para hacer los deberes. Estábamos sentados delante de la televisión. Era el aparato en el que parecían vivir dentro decenas de personajes. Daba la sensación a veces que si rompías la pantalla podías sacarlos. Nuestra mirada estaba atenta. Estábamos viendo un circo con los payasos buenos. Los “payasos de la tele” se metían en nuestras casas. Éramos niños y la dulzura de todos ellos nos entusiasmaba. Y ahí estaba él preguntándonos cómo estábamos. Y todos desde casa contestábamos junto al público que estábamos bien. Él era Emilio Aragón, “MILIKI”

“Miliki” ha muerto hoy a los 83 años. Y nuestras infancias se revuelven ahora por dentro. Nos viene a la cabeza la imagen de la merienda y de la amplia sonrisa. La sonrisa infantil, la sonrisa sincera del niño inocente. Alguien cercano se ha marchado. Es un ser querido y admirado por varias generaciones. Era un payaso de los auténticos y siempre decía que “su política era la risa”. Hoy en la televisión y en la política hay otro tipo de “payasos”. Hoy quizás responderíamos al “¿Cómo están ustedes?” de forma distinta. Los adultos le diríamos a “Miliki” que andamos jodidos, algo jodidos. Y podríamos comentarle que andamos metidos en otro circo. Vaya circo. El circo que él conocía hoy porque supongo que estaba al tanto de este mundo. Seguro que a pesar de todo no le faltaba la sonrisa. Si fuéramos niños seguiríamos respondiéndole que estamos bien. Él, ya adulto, se dedicó durante años a hacer reír a los niños. Y él ya tendría sus problemas, y él ya conocería la realidad pero era su profesión: hacer reír. Y hacer reír a un niño. Una gran profesión. Un maravilloso oficio. Adiós, payaso. Mal futuro tenemos si se marchan los payasos de la nariz roja y se quedan los otros; los otros “payasos”, ésos que hoy, aunque sea por un día, no son los protagonistas. El protagonista hoy eres tú, “Miliki”.

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