Iturgaiz se equivoca torpemente, por Javier Astasio

 
 

Entiendo que verse en el punto de mira de ETA o cualquier otra organización terrorista genere mecanismos de defensa en quien padece ese castigo. Otra cosa es que la tortura cotidiana, ese vivir encarcelado en su casa, su barrio o su tierra llegue a nublar el entendimiento de quien sin duda ha sido una víctima. Personajes como Carlos Iturgaiz, hasta hace poco presidente del PP vasco, no acaban de entender que, cuando se dejan llevar por las consecuencias de lo padecido y acaban viendo enemigos en todas partes, están haciendo a quienes se han pasado la vida amenazándoles el mejor de los regaos, porque, cuando el miedo se transforma en odio y el adversario en enemigo, acaban siendo coartada de sus verdugos.

Iturgaiz, no hay que olvidarlo, se ha criado políticamente a los pechos de Jaime Mayor Oreja y, cómo él, padece esa alteración de la realidad que le ha llevado, por ejemplo, a negar cualquier legitimidad a los gobiernos de izquierda en América Latina, incluso a aquellos que habían conseguido el poder en las urnas, en las ocasiones en que había ejercido como observador en procesos electorales en aquel continente. Demasiado a menudo, su "talibanismo", muy parejo al de su mentor, se había vuelto incómodo para u PP que quería crecer, fundamentalmente en el País Vasco y, quizá por ello, cuando el PP quiso lavarse la cara y dar una imagen más centrista se le incluyó en las listas del Parlamento Europeo, quizá como a un retiro dorado en el que su intrépida lengua dejase de ser un peligro. Pero ya se sabe que, "aunque al mona se vista de seda, mona se queda" y estaba claro que, antes o después, Iturgaiz estaba condenado a levantar otra escandalera con sus palabras.

Lo hizo ayer al contestar de manera torpe y desproporcionada a la concesión del premio Ciudadano Europeo 2013, otorgado a la Plataforma Antidesahucio, con la que ya había tenido un desagradable enfrentamiento en el mismo Parlamento Europeo, rayano en el ridículo por parte del eurodipurado,  Ada Colau, compareció ante la comisión de peticiones de la cámara para explicar la posición del movimiento ante los desahucios.

No es de extrañar, pues, el cabreo de Iturgaiz al comprobar que aquella mujer y aquel movimiento a los que intento de descalificar zafiamente, comparándolos con terroristas, se alzase con unanimidad con el galardón. Y no es de extrañar que, en lugar de asimilar en silencio y con elegancia el resultado de una votación, haya preferido hacer el ridículo pronunciando ante Radio Nacional la estúpida frase de que "Hoy es Ada Colau y mañana Arnaldo Otegi", sin darse cuenta de que en la comparación quien sale ganando es Otegi que, a partir de ahora, puede comenzar a ser visto como un demócrata caído en desgracia.

Hacen mal quienes cultivan el victimismo como medio de descalificación de sus adversarios, porque pretender que, sólo por haber sufrido el acoso de ETA y sus alrededores, se les tenga que dar la razón es absurdo y deberían saber que el uso y abuso que han hecho de ese victimismo ha podido darles ventaja política en otros tiempos, que ya no son éstos, ya no va a ser el mismo, porque son miles los ciudadanos que de una manera directa o indirecta están sufriendo las consecuencias de lo que Colau y la PAH combaten.

Hacen mal e Iturgaiz se equivoca al colocarse torpemente frente a la organización quienes ha sido capaz de conseguir en un tiempo record un millón y medio de firmas respaldando la iniciativa legislativa que luego su partido, el PP, ha acabado despreciando. Se equivoca torpemente, porque ni de lejos se acerca a ese respaldo el que torticeramente promovió Esperanza Aguirre contra e IVA y que ya se sabe en qué ha quedado. Se equivoca el muy torpe.
 
 

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