Intocable, por Noelia Jiménez (@njimenez79)

"La silla de ruedas se lleva en el culo, no en la cabeza". Me lo dijo hace un par de años Antxon Arza y hoy me lo ha confirmado Intocable, una joyita del cine francés que, lejos del estereotipo intelectualoide que se achaca a este binomio, se revela como una historia profundamente humana, conmovedora e inspiradora a partes iguales.

Intocable rezuma ganas de vivir. Pasión por exprimir cada minuto. Orgullo de uno mismo. Capacidad de superación. Amistad y nobleza. Aceptación, que no resignación.

La cinta de Eric Toledano y Olivier Nakache combina varios ingredientes que sueltos no dejan de ser tópicos pero mezclados, y quizá agitados, se convierten en un removedor de corazones (y quizá de alguna que otra conciencia): el tetraplégico que no soporta ser objeto de lástima, el negro delincuente salido de los suburbios, la familia desestructurada, el dinero que no puede comprar la felicidad, el amor platónico, el amor adolescente, el respeto por el otro, la integración, la cultura compartida, el currículo perfecto que no implica capacitación humana, el conformismo, la amistad entre (des)iguales, el negro y pobre, en fin, que inyecta ganas de vivir al blanco y rico.

Intocable nace de un libro que, a su vez, surge de la historia real de Philippe Pozzo di Borgo, que plasmó su relación de diez años con Abdel Sellou en Le second souffle (Ed. Bayard). El libro supera ya los doscientos mil ejemplares vendidos. La película es la segunda más vista en Francia en los últimos sesenta años, con más de veinte millones de entradas despachadas, a las que hay que sumar otros seis millones de espectadores en Alemania.

¿Moralina? No. Simplemente la vida. Y la confianza en el hombre. Porque a veces somos algo más que lobos.

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