Informar deleitando, por Gabriel Merino

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Enchufas las noticias de la tele, sintonizas las de la radio, lees una portada de periódico: además de decir “dijistes” y “vinistes”, y “a nivel de”, y “a bote pronto” te hablan mucho del calamar gigante, de que en invierno hace mucho frio, del chaqué de lunares –como aquel “chaqué de lino” de Nacho Cano- de Leo Messi o de que Beyoncé y su marido le han regalado a su hija –que tiene un nombre de estos modernos como Apple Sugar Blue Brooklyn- una guardería propia valorada en un millón de euros. Y seguimos tragando información.

Hoy, en el telediario de la mañana, he visto que hablaban de “la editorial” de un periódico. Esas patas de banco y patadas al vocabulario me siguen doliendo, como esos tonillos -hace unos días se quejaba de ello en una columna mi amiga Elvira: yo lo detesto- de los que yo llamo de “masticadoras –hay más chicas que chicos que lo hacen- de noticias”: ¿hablarán con ese estúpido tono de montaña rusa, con entonación y cadencias imposibles, así en casa o en el mercado o en las reuniones de amigos, como si se sonrieran mientras se están deglutiendo un polvorón con la boca abierta...?

Pero lo más jodido, con todo, no son las formas, sino los contenidos. Ilustrar el premio Nadal con una foto de Rafa Nadal. Viva el documentalismo. Siempre fui también de la opinión cuando daba noticias de que no merecía la pena abrir informativos con la subida del IPC porque a la gente el IPC se la pela, como ahora la prima de riesgo, dado que la gente no tiene ni puta idea de lo que es ni para qué sirve. Más o menos lo que me pasa a mí de siempre con los fuera de juego, por más que me lo expliquen. A la gente le preocupa que le suban el precio de la gasolina o del bonobús o de mandar un esemeese, pero eso del IPC, la subasta de deuda soberana y las subprimes como que nasti.

Al principio yo creía que a la gente le importaba básicamente la información simple sobre las cosas que le afectan, y que reaccionaba en consonancia con ello, pero me he dado cuenta de que no. Es mucho más interesante el calamar gigante que saber que los bancos te seguirán cobrando la hipoteca incluso después de haberte quitado el piso por no poderlo pagar. Es más importante la ternilla nasal de Belén Esteban que si un político que roba reconoce que ha robado para evitar la cárcel y se queda tan pancho. Tiene más trascendencia la foto de la reina Sofia yendo a ver “Sonrisas y Lágrimas” con los nietos que si Capio hace negocio comprando lo que nosotros ya hemos pagado para cobrarnos por usarlo. Hay perogrullos que si te los cuentan en una reunión de amigos o en el bar, te cabrean, pero que si te los dan en un informativo, te los tragas como si fuera la palabra de dios, contra la que no se puede levantar la voz so pena de ser convertido en estatua de sal. Así, el presidente del gobierno dice que miente porque no tiene otro remedio que gobernar por delegación remota y la gente no monta guillotinas en la calle. El presidente de una caja de ahorros que desvió, perdió o robó 37.000 millones de euros –hagan cuentas, a ver cuántos carros de la compra se pueden comprar con eso- no sólo designa a su sucesor sino que es premiado con un cargo en una empresa privatizada. Como los ex presidentes del gobierno que se sientan en consejos de administración -y cobran, evidentemente- de empresas de suministros a las que favorecieron cuando tenían mano para hacerlo. Como se aceptan aeropuertos sin aviones, teles públicas en que se quedan los nombrados a dedo y se echa a los que ganaron la oposición, ministras de empleo que nunca trabajaron y que solucionan el paro rezando, jefes de los empresarios que se precian de evadir cojonudamente lo robado en las empresas que hicieron quebrar, jefes del estado que cazan y piden perdón -¡oh, qué momentazo histórico!- para seguir cazando mientras dicen que la justicia es igual para todos menos para sus yernos. Y así, sin vaselina, nos lo cuentan en los telediarios.

Y lo aceptamos. Y nos lo tragamos. Como si fuera otro capítulo de “Modern Family”, de “Big Bang Theory” o de “How I met your mother” pero de verdad, de aqui, y con muchísima menos gracia.

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